sábado, 7 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 10 - La sangre nunca se quita (anexo)

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La sangre nunca se quita
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El suicidio era, según Geller, su única forma de escapar. Pero tampoco sabía como obtener eso. Su captor sabía lo que deseaba, y no se lo iba a permitir.A su lado estaba la chica, que se había estado arrancando el cabello y estaba llena de cortadas y moretes pero mantenía la frente en alto y no temblaba como él cuando el psicópata reía.

viernes, 6 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 10 - La sangre nunca se quita

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Sí, August, estoy bien (anexo)
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La sangre nunca se quita(anexo)



Para cuando llegó el último día de enero, ya contábamos con el clima cálido durante el día y la noche; se pondría peor en febrero, pero ya era suficiente para volver irritantes los entrenamientos de DP y no proporcionaba ningún tipo de beneficio. Al contrario, el paisaje era desalentador y mi único consuelo era que podía usar la ropa que me gustaba.

Al menos todavía tenía mi entusiasmo. Llevaba tan buen ritmo que fue una lástima saltarme dos clases para ir al torneo de adivinación en la ciudad.

domingo, 1 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 9 - Sí, August, estoy bien (anexo)

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Sí, August, estoy bien
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La sangre nunca se quita




Tal vez era un enfermo mental, sin nada en donde los otros tenían el alma y completamente incapaz de asquearse ante el olor de la muerte, pero incluso él tenía sus propios gustos. Sólo que no le preocupaban las cuestiones que eran importantes según la sociedad. No, él era quisquilloso a la hora de elegir que miembro debía ser el primero en desprenderse, en donde debían estar las sillas que ocuparían sus víctimas... y claro, era muy selectivo con sus víctimas.
Un desafío, un deleite, y aún así, controlables.
No hacía más de un año, hubiera dicho sin duda que todos eran controlables, que lo importante era que no se desangraran muy pronto y que dieran pelea antes de comerse sus propios pulgares.
Luego, había tenido que considerar la posibilidad de que alguno venciera. Que lograra escapar mientras él cavaba una tumba. Aún así, no podía evitar la tentación de ir por él. No otro como él, porque eso no tenía importancia y porque aún no había conocido a otro capaz de rebelarse.
No, no. Él quería destruir al que lo había desafiado. Y sabía que lo tenía cerca.
Quizá era por eso que ninguna víctima parecía bastante buena, ni siquiera la conservadora que se había fracturado ambas muñecas para ya no seguir obedeciendo la orden de arrancarse el cabello.
Pero tampoco quería ir por él. No hasta que supiera que sería capaz de doblegarlo.
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Cuotas de Libertad

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