jueves, 20 de febrero de 2014

Obediencia Sorda. 6 - Objetivos a largo plazo (parte a)


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Con el tiempo, lo de conversar con Irina en la cena se hizo un hábito, aunque no uno de todos los días porque nuestros horarios no daban mucho espacio. Tampoco veía a Shai o a mi vecino tanto como hubiera querido. Por eso valoraba esos momentos.

¿Y el resto del día? Aprovechaba lo que hubiera: una conversación casual con un desconocido, tiempo para estudiar, una llamada a casa... y el desafío de llegar a tiempo a clases, llegar con vida a la hora de comer y llegar al fin de semana. Ahora era una diversión evitar los conflictos con algunos individuos complejos como Shadwell, aunque todavía me daba escalofríos la forma en que me miraba de reojo. A los que seguía odiando era a Hammer y Azul. El profesor de criminología por lo menos podía alegar a su favor que estaba más loco que un sombrerero, pero la que impartía Espacio subyacente sólo era una persona desagradable.

Por eso estudiaba por mi cuenta esas asignaturas, y eso bastaba para no tener que preocuparme de Azul. En cuanto a Hammer... bueno, mejor no pensar en ello.

Eran pequeños problemas que no importaban demasiado mientras pudiera acceder a la inconmensurable base de datos que llamaban biblioteca en el ISC, y visitar de vez en cuando sus laboratorios. Casi no tenía tiempo para eso, pero no me molestaban mis ocupaciones. Excepto porque tenía moretones en todas partes por culpa de mi torpeza en defensa personal. Llevar vestido ese día había sido una decisión bastante difícil. Aunque se suponía que me importaba un comino si alguien se burlaba de mi apariencia, seguía sonrojándome cada vez que alguien me miraba fijo o me preguntaban que me había pasado.
Irina no me había preguntado. No dijo ni pio, y si se quedó mirando fue antes de sentarse frente a mí para cenar.

Ese lunes conversamos sobre su propósito de ser espía. Me divertí mucho insistiendo en usar justo esa palabra: “espía”, sin importar cuantas veces ella dijera que la investigación de organizaciones ilícitas, no se trataba de espionaje. Le pedí que me detallara la diferencia entre infiltrarse en una organización para operar en su contra y ser una espía, y me reí con gusto mientras ella se enredaba con sus propias palabras.

Faltando varios minutos para las ocho, llegó Shai.

―¡Felicidades Rose! ―dijo mientras nos saludaba con la mano― ¿Cuándo te ascendieron?

Por un instante me sentí confundida, pero luego recordé las marcas que me había dejado el primer instrumento de combate que me permitían manejar en DP.

―¡Te burlas porque ando toda morada! ―fingí indignación, pero en el fondo me sentía humillada.

―Claro que no. ¿Por que me burlaría?

―¿En serio? ¿No te estás burlando?

―En serio, no me estoy burlando.

―¿Cómo se va a burlar? ―intervino Irina―Te ascendieron más rápido que a él, a pesar de que eres un poco mayor para empezar a estudiar DP ―tras estudiar mi expresión de sorpresa, agregó:―. Ahora es una especie de estudiante perfecto, domina cada disciplina que puedas mencionar, pero al principio era como todos los demás.

―¿Cuándo fue eso? ―aproveché para averiguar algo más de la vida de Shai.

―Estaba chico ―dijo él.

―Tendría unos nueve años ―contestó ella, habiendo reflexionado un poco más―. Comenzamos juntos...

―Fue una buena época.

―Así que ustedes han compartido toda su educación, ¿no?

―No del todo ―comentó Shai―. Ella es mayor, para empezar. Pero lo más importante es que la aceptaron como designada un año antes que a mí; nunca volvimos a tomar juntos nada más. Incluso le cambiaron el enfoque a DP para ella, así que ahí nos separamos.

―Fue hace un par de periodos nada más ―intervino la conservadora―. Luego lo nombraron designado y cuando hicieron el cambio en DP, quedó en un grupo más adelantado que el mío ―hubo un segundo en que ambos se vieron con pesar, y ella se quedó en silencio como si hubiera tocado un tema inapropiado y no supiera como salir del terreno minado, pero por fin, habló como quien quiere zanjar el tema―. Ahora estamos en mundos diferentes porque él busca otra especialidad.

―Ya veo ―comenté, desde el comienzo preparando la broma: ―, a Shai no le va eso del espionaje.

Funcionó como distracción. Ella volvió a quejarse sobre el término, y su ex-novio fue buen chico y se puso de mi parte. No volvimos a hablar de separaciones ni cosa similar, pero sí que insistí en saber que especialidad buscaba Shai.

Al principio él dio una respuesta seca:

―Estoy preparándome para hacer trabajo de campo.

―¿Pero que cosa en particular? El espionaje también es trabajo de campo.

En ese momento tuve que dejar mis preguntas para después, porque llegó mi vecino, exigiendo que estudiáramos. No lo dijo explícitamente, pero bastaba su presencia y el hecho de que no se nos uniera en la mesa; al contrario, enfiló hacia la biblioteca sin esperarnos. Así era él, no podía permitirse un segundo de descanso, y por comentarios suyos me parecía que no era por amor al trabajo sino por temor al ocio.

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