lunes, 24 de febrero de 2014

Obediencia Sorda. 6 - Objetivos a largo plazo (parte b)


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Intenté retomar el tema que me interesaba mientras nos dirigíamos a la biblioteca, pero era muy poco tiempo y el tema ya no estaba en curso. Así que hice como que me resignaba y estudiamos sin detenernos hasta que apareció Elvis Mille en la página 192 del libro de “Héroes de nuestra era”. Para muchos de los hombres y mujeres que habían muerto en la restauración de regiones con niveles bajos de radioactividad, aparecer en ese libro era el único agradecimiento de nuestra sociedad. Pero Mille era un héroe mucho más nuevo. Como designado, había arriesgado su vida a menudo por el bien público, aunque sólo tenía un puesto en el libro por ser el último hombre que había enfrentado a Richard Teale, rescatando a dos de sus víctimas a costa de su propia vida.

―Richard Teale... A ese sí lo conozco ―comenté.

Todos me miraron de manera extraña.

―¿Qué? ―interrogué, a la defensiva.

―Es que no lo dirías así si de verdad lo conocieras ―explicó Irina.

―Sólo digo que leí sobre él. Hammer nunca termina de hablar sobre nada así que busqué algo en la biblioteca. ¿Es muy importante? Sé que es temible y que nadie ha podido...

―¡Es el demonio! ―dijo mi vecino, sin aspavientos pero con tal certeza que me provocó escalofríos.

Causa el terror a donde va ―agregó la conservadora―. Cuando llega a una ciudad, la gente se marcha. Antes intentaban arrestarlo. Pero luego entendieron que no es posible.

―Eso no lo entiendo. Sí, es un telépata y tiene la habilidad de persuadir, pero... ¿cómo es que no pueden mandarle cuarenta designados encima y...?

―¿Por qué estamos hablando de él? ―interrumpió Shai.

Sólo entonces me di cuenta de que estaba disgustado.

―Es cierto ―dijo Irina―. Héroes de nuestra era, eso estamos estudiando. Teale y su veneno siempre opacan al Viejo.

―¿A quién? ―dudé. ¿Hacía referencia a alguien cercano, o me lo había imaginado?

―Elvis ―respondió Irina, de inmediato.

―Pero... lo llamaste...

Mi vecino chasqueó los dedos al comprender a qué me refería. Entonces me aclaró todo:

―Segovia y Shai conocieron en persona a Mille. Él daba tutorías a los prospectos a designados. Sus alumnos le ponían todo tipo de sobrenombres irónicos, lo de “Viejo” es porque era el profesor más joven de por aquí. Como designado también era el más joven de su grupo. Supongo que desde el principio se esmeró mucho porque tenía un objetivo claro. Él iba tras ese loco, y no paró hasta que lo tuvo enfrente.

―Era el mejor ―agregó Irina―. Shai fue muy afortunado. A pesar de todo, lo fue.

―No lo digas como si yo me hubiera olvidado ―murmuró el aludido.

―¿Por qué? ―quise saber― ¿Qué te hacía afortunado?

―Era mi padre.

Intenté evitar la exclamación, pero a nadie le sorprendió que no lo consiguiera. ¡Shai era el hijo de un hombre que aparecía en un libro de historia! No sólo eso. Era un héroe, un maestro, y había enfrentado a un criminal a quien todos habían decidido dejar a sus anchas por que le tenían miedo.

―Rastrear y destruir ―anunció Shai, como si esperara que todos entendiéramos perfectamente de que rayos hablaba; por suerte lo aclaró casi de inmediato―. En eso voy a especializarme. Y terminaré lo que empezó mi padre.

No miento cuando digo que me entró frío. Quiero decir, ese miedo que congela: frío y parálisis. Aquello era un hecho y, por mas loable que sonara, yo sólo quería decirle a Shai que no hiciera semejante cosa.

Lo curioso es que cuando miré a Irina, me di cuenta de que ella pensaba exactamente lo mismo que yo.

―¿Me perdí de algo antes? ―interrogó Thomas, quien efectivamente se había perdido de la conversación antes de estudiar.

No parecía impresionado por la declaración tan peligrosa de nuestro compañero. Supongo que, al igual que Irina, él ya conocía aquellos planes. Pero, ¿en serio le daba lo mismo? Cierto que no eran grandes amigos, pero seguía siendo un tema de cuidado.

―Rose quería saber en que iba a especializarme ―respondió Shai, todavía con expresión seria y un poco triste.

―Ah. Por cierto, Rose, ¿Tú vas a meterte a científica, no? ¿Con amenazas vivas, o no vivas?

―Preferiría algo no amenazante, gracias. Y no he pensado que haré como designada.

―¿Y tú en que vas a especializarte? ―le preguntó Irina a mi vecino de dormitorio.

―Yo no tengo planes a largo plazo ―dijo, sin interés―. Antes, cuando había tantas expectativas sobre mí, lo tenía muy claro. Pero un día mi papá dijo: “Tú harás lo que quieras, y sólo lo que quieras”. Desde entonces, no sé que haré con mi vida ―y, luego de un breve silencio, confesó, quizá por primera vez:―. Supongo que no quiero nada.


Me dio un poco de lástima, pero creo que a él no le molestaba. Sólo se había dado cuenta de lo diferente que era.

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