lunes, 20 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (parte a)


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Salí de clases a las seis de la tarde, y al volver a la cafetería de mi edificio descubrí que los gemelos cenaban a la misma hora que yo. Uno de ellos estaba en la mesa más distante a las ocupadas mientras el otro ordenaba para ambos.
―¿Shai? ―saludé al de la fila, mientras elegía mi propia cena.
―Hola, Rose.
―Así que... sí hablas con alguien... eres Shai. Y si está sentado sólo en un rincón, es...
―Shadwell.
―Por lo demás, cuesta distinguirlos...
―Por eso saludo primero casi siempre. En realidad no es necesario, después de un tiempo la gente parece distinguirnos más fácil ―me pareció que al decir eso se sentía incómodo, así que no dije nada y puse atención a su pregunta―. ¿Cómo va la primera semana?
―Pues... estoy agotada, sigo teniendo miedo de hacer alguna tontería... como saludar a Shadwell o tomar notas mientras Parra da el discurso...
Mientras comentaba las partes frustrantes abandonamos la barra y no me fijé que caminábamos hacia su mesa.
―... Thomas me ha salvado la vida hasta ahora...
Me quedé callada cuando llegamos a la mesa y me di cuenta de la mirada de rabia que Shadwell le echaba a su hermano.

―Lo siento ―se excusó Shai―. Estábamos entretenidos y...
Al parecer la excusa le importaba poco al gemelo silencioso. Prácticamente le arrancó la bandeja de las manos al otro y tras poner –casi tirar– en la mesa la parte de Shai, se fue sin hacer ningún caso a la expresión de culpa de su hermano.
Abrí la boca para decir algo, pero no se me ocurría como animar a un desconocido en circunstancias tan raras. Por fortuna, él se fijó en mi arranque y decidió hablar:
―Así es él. No es tu culpa. En todo caso es mía... Pero, tampoco, porque el problema es que mi hermano esté así. No hay culpables para eso por aquí cerca.
Ocupó el asiento frente a su comida y me di cuenta de que me había quedado paralizada con la bandeja en brazos. Así que me ubiqué también mientras le preguntaba a que se refería con esa frase de que su hermano estaba “así”.
―No puedo saber como sería él si hubiera crecido en el mismo entorno que yo. Pero así no sería. Por favor, sólo deja el tema. Es... incómodo.
―Lo siento. Odio inquietar a la gente con mis superpreguntas, pero parece que no sé detenerme.
―Super preguntas... ―repitió, pensativo―. No creo que...
―Es una broma de mis compañeros del colegio... de mi otro colegio... Es que... ―me di un segundo para superar el arranqué de nostalgia y luego fui más clara:― Solían decir que no podían evitar contestarme. Mi hermana incluso encontró un artículo sobre una habilidad para eso, pero era una que ni los charlatanes respaldaban.
―Tal vez sea cierto. Nunca digo nada sobre la conducta de mi hermano.
―Gracias por la advertencia. No más preguntas sobre eso. Lo prometo ―pero, tras un breve silencio, agregué:―. O se me olvida, quien sabe.
Se rió con gusto.
En cosa de minutos el mal rato había pasado. Shai era una de las dos personas más agradables de todo ese colegio. Y era menos extravagante que Thomas, a decir verdad. No me importaba que su hermano se llevara el máximo galardón de lo raro porque yo sabía algo de familiares extraños: toda una vida de ser la niña normal en la familia de entrometidos mentales me había preparado para evitar los prejuicios por parentesco.
De pronto una propuesta muy inusual se coló en la conversación: con naturalidad, como si se tratase de otro grupo de estudios, Shai me invitó a una cita y yo acepté.
Al aceptarlo fue como entrar a una obra de teatro: sólo quería ver que tal estaba.
A medida se acercaba el día, en cambio, me fueron entrando nervios. Y dudas. ¿Qué sabía yo del tal Shai? Aparte de que era atractivo, una mezcla de tímido y demasiado sociable, determinado... Oh, sí, al parecer el muchacho si cumplía con ciertos requisitos. Aún así, ¿él había tenido tiempo de ver algo en mí, o no había pasado de la superficie?
Para el viernes a la hora del almuerzo, no podía dejar de hablar del asunto. La víctima de mi perorata era Thomas, pero en lugar de burlarse o irse a comer a otra mesa, resultó ser de gran ayuda.
―Así es Shai ―me explicó―. Le gusta mantener todo el control posible sobre la situación, así que eso de observarte de vez en cuando o esperar a ver qué surge, no le debe gustar nada. Digamos que prefiere preparar la situación y salir de dudas de una vez. Aprovecha y sal de dudas tú también.
Bello consejo. Además de tomarlo, decidí ser sincera en la dichosa cita.

1 comentario:

  1. Excelente, Shai. Ya era hora de un poco de miel, de emocion. Mastica con calma esa cita...

    Saludos,

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