viernes, 31 de enero de 2014

Obediencia sorda. 5 - Todo en su sitio (parte a)


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febrero 7  





“Hola preciosa”, dijo mi comunicador.

Presioné el botón y le di los buenos días a August.

―¡Suenas despierta! ―celebró.

―Lo estoy, ando eligiendo mi atuendo.

No conversamos porque él debía volver a su meditación matutina y yo tenía que prepararme  para ir a clases. Ese día salí un poco diferente porque había tenido más tiempo para pensar en una combinación nueva de prendas. Uno o dos de mis compañeros se fijaron en el cambio. Y una de las chicas de hecho lo mencionó. Claro que Thomas lo pasó por alto, pero casi lloró de emoción al ver que yo había resuelto el ejercicio de ejemplo antes que él.

sábado, 25 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (anexo)


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  Viernes 31 de enero.




Lo que quiero que entiendas, es que ahora vives aquí. Eso es un concepto primitivo, y a muchos se les hace difícil de asimilar. No quiero que lo confundas con un hospedaje o con una casa de alquiler que dejarás atrás cuando algo salga mal. Aquí es en donde vives. Toda tu existencia es afectada por eso: cuantas horas dormirás, cuantas veces al mes puedes comer, qué vas a comer, qué vas a hacer todo el día... Todo eso cambia, porque ya no vives con tus padres envueltita en tu manto. ¿Lo comprendes?Pausa para observar a su nueva compañera de casa.
Me parece que todavía estás confundida. Pero no te sientas mal, no se debe a tu estupidez, no. Es porque no has visto nada. En cierto modo, has corrido con suerte. Cuando me mudo, estoy sin amigos que te muestren como funciona. Pero, ésta vez traje a Geller.
Le entregó una tijera a la mujer, y prosiguió su discurso:
Pero tampoco es para demorarnos de más.
No me gusta cambiar mi rutina, y necesito que sean dos. Siempre dos.

viernes, 24 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (parte c)






―No puedo creer que no me di cuenta ―reí, al escuchar quien era la ex-novia de Shai―. Es que ella te conoce bastante, pero no parece una ex.
―Oh, es porque no nos vemos de ese modo. ¿Ves que la gente a veces dice que van a quedar como amigos? Nosotros realmente lo hicimos. Hay confianza y todo, pero no vamos por ahí pensando en lo que fue o en lo que hubiera sido. Sólo....
Como no encontró palabras para terminar, lo hice por él:
―Se aceptan tal cual. Como quedaron. Eso es lindo. Pero si todo estaba tan bien, ¿qué pasó?
―No lo sé. En cierto modo, siempre estuvimos lejos.
―¿Eran tan poco románticos como esta cita?
―¡Oh, no! ¡Ya te diste cuenta!
―Esto es...
―Un fiasco ―negó con la cabeza, avergonzado.
―Acabaremos de amigos también.
―Una lástima, porque estás... ―intentó retractarse del término, pero ya era tarde― eres...
―Ajá. No me hagas arrepentirme de eso ―bromeé―, cállate ahora y quedamos en paz.
―Está bien.
Volvimos al instituto tan solteritos como nos fuimos; aunque Shai sí tenía un nuevo compromiso, porque lo invité al grupo de estudio de Historia. Él aceptó con gusto. Pese a las explicaciones, me resultaba raro que la presencia de Irina Segovia en el grupo no le molestara.
El que no reaccionó bien fue Thomas, cuando le conté que había invitado a Shai.
―¡QUÉ! ―gritó mi vecino, sorprendido y molesto― ¿Por qué lo invitaste?
Por un momento sólo pude quedarme mirándolo, en estado de shock.
―No creí que fuera un problema ―me excusé tan pronto como pude hablar―. Sonaba como si Shai te cayera bien y...
―El sí, pero puede traer a su hermano ―explicó.
―¿Shadwell es el problema? ―claro, entre gente con manías están los peores conflictos, ¿no?
―Sí. No es que... Bueno... Yo...
―Te cae mal pero no sabes ni decir por qué. Creí que no eras ese tipo de persona.
―Es que él es quien me ve como si quisiera que yo no existiera.
―Eso es él ―la antipatía de Shadwell no me parecía relevante: el ermitaño no le ponía expresión amable a nadie―, pero ¿tú que tienes en su contra?
―Su REM es aterradora, eso es... ―de pronto parecía sorprendido pero se obligó a terminar de hablar― todo.
―¿Pasa algo? Porque acabas de actuar como...
―No pensaba decirte sobre su REM ―pausa incómoda, luego una afirmación más―. Y no pensaba volver a mencionarlo.
Sonreí.
―Eso sí lo había oído antes ―confesé―. Hay un mito sobre una mutación hereditaria que te permite obtener respuesta a todo lo que preguntes. Mi hermana mayor siempre dice que yo la tengo.
Por supuesto, la “Indagación” había sido desestimada por todo tipo de científicos. Los aciertos eran simple coincidencia, y si yo recibía respuestas era por que resultaba confiable ante las personas, nada más. Thomas estuvo de acuerdo conmigo en eso; y luego lo convencí de no tener prejuicios sobre nuestro nuevo compañero de estudios.
En todo caso, yo no había invitado a Shadwell.
Tal como yo había previsto, él no apareció. Shai resultó ser toda una carga, eso sí. Nadie puede ser bueno en todo y él era una especie de superdotado en DP; aplicaba artes marciales de todas las culturas que habían sobrevivido a la tercera guerra, su disciplina y su esfuerzo eran el ejemplo favorito de todos los maestros... Al parecer estaba mucho más comprometido con sus estudios como designado que con los generales.
En todo caso, ese futuro agente de campo, mi vecino y mi muy amado August fueron los que hicieron posible que me quedara en el ISC. Las explicaciones de Shai me habían hecho ver todo desde otro punto de vista, y aunque aún sentía que me habían quitado mi meta, estaba lista para buscarme otra.

miércoles, 22 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (parte b)


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Por fin llegó el momento de la dichosa cita.
Fui directa y honesta todo el tiempo; nada de diplomacias. Y a la larga resultó bien. A él no le molestaba mi conducta, ni mis quejas sobre el colegio ni que le mencionara que su hermano era muy raro.
―Ya sé. Al principio eran malos con él ―dijo, sobre ese tema.
―¿Y como arreglaron eso?
―Pues para empezar él no reaccionaba, así que más que hacerles gracia acababa por asustarlos.
―¿Y para seguir?
―Amenacé a algunas personas... y le di una golpiza a otras dos.
―Ya veo ―dije, sorprendida.
―No lo digas como si fuera una maravilla. Por semanas fui el buscapleitos del colegio.
―Pero sí no te los buscaste tú ―comenté.
―Igual lo más difícil son las clases.
Lo entendí de inmediato, pues en Historia lo había visto responder cada vez que le preguntaban algo al gemelo sin voz. No me pareció una sorpresa cuando me contó que en el primer período entraba con él a clases que no entendía sólo para hacer de intermediario. Incluso se había metido en problemas con un maestro por eso. Tener aversión por las personas no era razón para ser privilegiado en el ISC.
―Después de todo, no soy la persona más inadaptada en el instituto, ¿eh? ―comenté.
―No lo eres. Ni siquiera después de nosotros. El asunto es que muchos tienen sus cosas raras; tu problema es que quieres convertirte en algo que encaje aquí. Pero no es como funciona esto. Y menos con nosotros.
―¿“Nosotros”?, ¿te refieres a los designados?
―Así es.
―Y... ¿cómo funciona? ¿Vamos por ahí dando tumbos como...?
―Eliges tu ruta, y utilizas lo que puedas del instituto para poder avanzar en ella. Como designados tenemos normas y responsabilidades diferentes a lo usual. Eso parece haberte dado la impresión de que debes seguir ordenes a ciegas, cambiar tus planes...
―¿Acaso no? ―me molestaba que lo dijera de aquel modo. Ya no era momento de venderle mentiras al prospecto, ya me tenían ahí.
―No. Al contrario, hay aún más presión para elegir por ti misma. Debes estar segura de elegir la rama que mejor te resulte. No sólo la disciplina en que vas a especializarte, si no el área en la que vas a trabajar. Porque tendrás que hacerlo bien.
―Vaya. Eso es tanta libertad que no sé que haré con ella ―no pude evitar el tono irónico.
Él no se lo tomó mal.
―Así que sí te han sacado de tu ruta, ¿verdad? ―adivinó― ¿Qué pensabas hacer?
―Ya no importa. Ahora que estaré en un laboratorio del cuerpo de designados, quizá me dedique a crear armas biológicas.
Que broma tan mala, me arrepentí de inmediato de haberlo dicho, pero a él no le pareció relevante, o al menos prefirió no señalarlo. En cambió dijo algo muy extraño:
―Mi hermano será tu jefe, entonces.
―¿Qué?
―Su plan es encabezar el área científica general. No es designado pero aún así tendría cierto grado de información sobre el área científica de los designados.
―¿No necesitaría hablar para eso?
―Sí. Pero no importa cuanto se lo diga, es más fuerte que él. Supongo que piensa que darle órdenes por correo a la gente no es el mismo tipo de comunicación que tanto intenta evitar...
―¿No pensará que seguirás siendo su intermediario?
―¡Espero que no! Mis planes son completamente distintos.
―¿Que serían...?
―Trabajo de campo, para comenzar.
―Ahí no me verás. Soy una roca para eso.
―¿Eso?
Para él debía tener un significado muy amplio, pero yo veía un solo asunto:
―Defensa personal.
―¡Ah, claro! Nunca habías hecho algo así antes, ¿verdad?
―Y así me hubiera gustado continuar.
Echó a reír, pero luego demostró simpatía. Me recordó que tendría que aprender algo de todos modos, pero que sólo se trataba de explotar mi potencial. En cierto modo, aquella “asignatura” era mejor que otras, porque se trataba de mí y no de un estándar fijado por alguien que ni siquiera se dedicaba al asunto.
¿De qué hablamos después?
¡Oh, sí! De su extra. Era una bastante inútil, si me lo preguntan a mí... o a él. La precognición sirve para sugestionar a la gente y venderles inventos, no para las tareas de un designado. No hablamos mucho de mi extra porque no había gran cosa que decir: todo el mundo sabe sobre el desplazamiento inmediato.
Luego hablamos de.... todo, menos el clima o nuestra relación. Pero sí nos preguntamos sobre relaciones antiguas. No es que tuviéramos demasiado que decir. Yo había dejado un ex-novio en mi colegio, y él había conocido a su primer amor en el ISC.

lunes, 20 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (parte a)


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Salí de clases a las seis de la tarde, y al volver a la cafetería de mi edificio descubrí que los gemelos cenaban a la misma hora que yo. Uno de ellos estaba en la mesa más distante a las ocupadas mientras el otro ordenaba para ambos.
―¿Shai? ―saludé al de la fila, mientras elegía mi propia cena.
―Hola, Rose.
―Así que... sí hablas con alguien... eres Shai. Y si está sentado sólo en un rincón, es...
―Shadwell.
―Por lo demás, cuesta distinguirlos...
―Por eso saludo primero casi siempre. En realidad no es necesario, después de un tiempo la gente parece distinguirnos más fácil ―me pareció que al decir eso se sentía incómodo, así que no dije nada y puse atención a su pregunta―. ¿Cómo va la primera semana?
―Pues... estoy agotada, sigo teniendo miedo de hacer alguna tontería... como saludar a Shadwell o tomar notas mientras Parra da el discurso...
Mientras comentaba las partes frustrantes abandonamos la barra y no me fijé que caminábamos hacia su mesa.
―... Thomas me ha salvado la vida hasta ahora...
Me quedé callada cuando llegamos a la mesa y me di cuenta de la mirada de rabia que Shadwell le echaba a su hermano.

martes, 14 de enero de 2014

Obediencia sorda. 3 - Agotamiento (Anexo)


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Agotamiento
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El muchacho seguía con la mirada a Richard Teale, mientras éste daba instrucciones y comentaba asuntos personales.

Cuando hubo quedado claro lo que se esperaba de él, el muchacho castaño comenzó a empacar. No era sencillo, hacer equipaje con una sola mano mientras propias costillas seguían atorándose en las cosas y estorbando en todo movimiento. pero eso no lo detuvo.

lunes, 13 de enero de 2014

Obediencia sorda. 3 - Agotamiento

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El martes me despertó la frase “Hola preciosa”. Eso nunca había pasado.

―August, ¿qué haces aquí...? ―murmuré, antes de que aquellas palabras se repitieran cerca de mi oído.

Entonces comprendí que era la llamada para despertarme, tal como él había prometido. Accioné el botón central del comunicador (sí, dormí con el audífono puesto; era necesario para recibir esa llamada) y saludé:

―Buen día, señor responsable.

―¿Estabas dormida todavía?

―¿Qué hora es?

―Cinco y veinte... Lo siento, me distraje y...

―No, no. Está bien. Todavía llego. Si empiezo a correr ahora. Te llamo en el almuerzo. Te quiero.

―Y yo a ti preciosa. Vuelvo a lo mío.

Mientras August volvía a sus asuntos, yo empezaba con los míos.

jueves, 9 de enero de 2014

Obediencia sorda. 2 - Personas extrañas (Anexo)

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Teale estaba tan acostumbrado a la muerte, que su olor no le molestaba en lo más mínimo. Si cubría de tierra los cuerpos, era sólo por hábito.

Ahora mismo era inútil perder el tiempo en eso, porque ya no había vecinos que descubrieran su presencia y escaparan de sus garras. Pero el hábito estaba muy arraigado, así que ahí estaba: trasladando el cadáver de Janeth López a la fosa donde ya había otros tantos.

La había dejado muy profunda, esperaba más víctimas en un sitio donde los chismes corrían lento.

“Y ahora, ¿a dónde iré?”, se preguntaba.

La respuesta estaba en su interior, luchando por salir a la luz. Pero en un interior oscuro y confuso como aquel, eso llevaría tiempo.

miércoles, 8 de enero de 2014

Obediencia Sorda 2 - Personas extrañas (parte b)

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Personas extrañas. Parte 1
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Personas extrañas (Anexo)  



Cuando me desperté, pensaba en mi hogar, pero pronto recordé que debía ir a buscar mi horario.
El listado de actividades incluía elegir clases, y la chica había dicho algo de una fila... Me sonaba extraño que fuera en el área de documentación. Yo pensaba que ahí sólo me entregarían el horario, que sería el final de un proceso.

Ya consultaría en recepción cuando llegara al edificio administrativo.

Cuando bajé a desayunar, volvía a sentirme bella: por fin me había arreglado, llevaba mi ropa favorita  y las botas que hacían juego. Llevaba suelto mi cabello pero me había acomodado el mechón rosa para que pareciera una diadema sobre el natural castaño. Sí, estaba fuera de moda; ya nadie usaba vestidos, ni el cabello largo. Pero me gustaba así.

Eran las ocho y minutos. Seguramente yo debía estar haciendo fila, pero no iba a saltarme el desayuno.
La cafetería era tipo buffet y aunque su uso debía ser registrado en el carnet, la encargada dijo que no se practicaba esa regla.

―Buenos días ―dijo alguien que se acercaba.

El dueño de aquella voz suave, casi tímida, era el muchacho que me había insultado con la mirada la noche anterior en los baños. Ahora se le veía más tranquilo y me miraba con curiosidad.

―Hola Shai ―la encargada respondió animosa¿Siempre dos?
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