sábado, 7 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 10 - La sangre nunca se quita (anexo)

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La sangre nunca se quita
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Profundidad


El suicidio era, según Geller, su única forma de escapar. Pero tampoco sabía como obtener eso. Su captor sabía lo que deseaba, y no se lo iba a permitir.A su lado estaba la chica, que se había estado arrancando el cabello y estaba llena de cortadas y moretes pero mantenía la frente en alto y no temblaba como él cuando el psicópata reía.

viernes, 6 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 10 - La sangre nunca se quita

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Sí, August, estoy bien (anexo)
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La sangre nunca se quita(anexo)



Para cuando llegó el último día de enero, ya contábamos con el clima cálido durante el día y la noche; se pondría peor en febrero, pero ya era suficiente para volver irritantes los entrenamientos de DP y no proporcionaba ningún tipo de beneficio. Al contrario, el paisaje era desalentador y mi único consuelo era que podía usar la ropa que me gustaba.

Al menos todavía tenía mi entusiasmo. Llevaba tan buen ritmo que fue una lástima saltarme dos clases para ir al torneo de adivinación en la ciudad.

domingo, 1 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 9 - Sí, August, estoy bien (anexo)

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Sí, August, estoy bien
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La sangre nunca se quita




Tal vez era un enfermo mental, sin nada en donde los otros tenían el alma y completamente incapaz de asquearse ante el olor de la muerte, pero incluso él tenía sus propios gustos. Sólo que no le preocupaban las cuestiones que eran importantes según la sociedad. No, él era quisquilloso a la hora de elegir que miembro debía ser el primero en desprenderse, en donde debían estar las sillas que ocuparían sus víctimas... y claro, era muy selectivo con sus víctimas.
Un desafío, un deleite, y aún así, controlables.
No hacía más de un año, hubiera dicho sin duda que todos eran controlables, que lo importante era que no se desangraran muy pronto y que dieran pelea antes de comerse sus propios pulgares.
Luego, había tenido que considerar la posibilidad de que alguno venciera. Que lograra escapar mientras él cavaba una tumba. Aún así, no podía evitar la tentación de ir por él. No otro como él, porque eso no tenía importancia y porque aún no había conocido a otro capaz de rebelarse.
No, no. Él quería destruir al que lo había desafiado. Y sabía que lo tenía cerca.
Quizá era por eso que ninguna víctima parecía bastante buena, ni siquiera la conservadora que se había fracturado ambas muñecas para ya no seguir obedeciendo la orden de arrancarse el cabello.
Pero tampoco quería ir por él. No hasta que supiera que sería capaz de doblegarlo.

viernes, 30 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 9 - Sí, August, estoy bien

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Medianoche (anexo)
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Sí, August, estoy bien (anexo)


Enero era mal mes para mí, por que venía con un montón de exámenes. Mi vecino telépata lo veía con otros ojos, desde luego. Corría de un lado a otro preparando la primera obra del año, y no pude evitar fijarme en el entusiasmo con el que lo hacía; no era cosa de mantenerse ocupado para evitar ser un radar humano de preocupaciones y pensamientos tristes. Como era más estudioso de la cuenta, no debe haber sido un problema el tener que hacer esos preparativos mientras los estudiantes promedio intentábamos memorizar discursos, resolver guías de práctica y entender esos temas que habíamos estado postergando.

Aunque estaba faltando a algunas de sus sesiones de estudio, el lunes llegó puntual en la biblioteca para repasar historia con nosotros.

―Hola Tom ―Irina fue quien lo vio primero―. Rose y yo creímos que íbamos a estar solitas.

Me di la vuelta para saludarlo con un gesto, y le hice espacio en mi lado de la mesa.

―¿Shai todavía no aparece? ―preguntó mi vecino mientras tomaba asiento.

sábado, 24 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 8 - Medianoche (Anexo)

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Medianoche (parte b)
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Sí, August, estoy bien

RT Hammer dormía profundamente por primera vez en un mes.Para ahuyentar a sus demonios, se había dejado envolver en los recuerdos más recientes con su hijo:....…―¿Estás... sintiéndote bien?No entiendo porque preguntas eso. Creía que habías venido hasta aquí porque ya sabías que me siento terrible. Aunque es cierto que no podrías saber eso, ¿cómo lo ibas a saber? Quizá es verdad que mi razonamiento está peor de lo que yo creía. No puede ser, no puede ser...No. Tienes razón: ya lo sabía. Sólo intentaba ser sutil.¿Y eso para qué?Por qué eso hace la gente. ¿Qué te pasó?Nada. Es algo que supe hace unos días. Intenté hablar con algunos compañeros, pero ellos no... Fui a la ciudad para advertirles pero no me creen. Es la desventaja principal de perder la cordura, que luego nadie te cree y si te descuidas te convences de que lo estás imaginando, y ojalá me lo esté imaginando, porque si es mentira no tengo que tener miedo...¿Qué cosa supiste?Teale lleva más de un mes soñando justo al otro lado de la calle.

Y así siguió, en un ciclo de sueños que le hacían sentir a salvo.

viernes, 23 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 8 - Medianoche (parte b)

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Medianoche (parte a)
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Medianoche (anexo)


Sólo saldría con Thomas y un par de sus compañeros de algún club. Irina estaba en la ciudad con su familia y Shai se había disculpado diciendo que él no era muy festivo; quizá era verdad, pero tal vez lo decía porque tenía que quedarse con su hermano asocial.

Los amigos de Thomas no pensaban ir a la ciudad con nosotros, porque eran de esa gente que necesita ir a dormir a medianoche y no querían faltar a clases al día siguiente.

Empezamos por la fiesta oficial, porque la otra todavía no empezaba. Nada fuera de lo común: puestos de ventas aquí y allá, algunas exhibiciones de los artes y deportes, una especie de altar de los conservadores que no podían ir a casa para el festejo, música y mucha gente. Yo andaba eufórica pese a que, no hacía media hora, había estado llorando de nostalgia.

Bailé y corrí y participé en los juegos que tenía el club de drama; Thomas los convenció de que me dejaran conservar el antifaz.

―Oye, vecino, ¿como es que no estás en esto de los juegos?

―Iba a vagar toda la noche contigo, así que no me apunté en nada. Pero sí ayudé en los preparativos que hacían dentro del horario.
Intenté sacarlo a bailar, pero no hubo forma. En cambió me acompañó uno de sus compañeros. Era buen chico pero estaba obsesionado con los juegos de luces que utilizaban para dar vida a aquella noche.

Pasadas las diez nos fuimos a la otra fiesta, donde las bebidas y el baile llamaban al caos que no se hubiera permitido en la Fiesta de medianoche oficial. Le faltaba organización pero no es necesario tal elemento para bailar como demente y beber como si no existieran las resacas. Como fuere, Thomas y sus amigos no estaban cómodos ahí, de modo que nos fuimos a recorrer el instituto para ser testigos de las pequeñas reuniones de amigos y poco a poco nuestro grupo se redujo cuando nos acercamos a los dormitorios y cada quien fue al suyo. Entre el último edificio de dormitorios y el que utilizábamos los designados para recibir clases, había una pequeña arboleda. Daba la impresión de que usaban arboledas para mantenerlo separado de las otras áreas del ISC, pero lo dudo porque para eso era tan sellado y a prueba de sonido.

―¿Quieres ver las luciérnagas radioactivas? ―propuso Thomas.

―¿Es que todavía quedan?

―Pocas, más que nada en las playas, pero hay un enjambre perdido por aquí...

Me dejé guiar por el bosque en absoluto silencio. No había nada de especial en aquellos insectos, más que su tamaño y su luz negra. Era posible que su evolución fuera causada por cualquier motivo, pero todos elegíamos creer que había sido por la radioctividad. Al menor ruido se volvían agresivos, pero en silencio era posible incluso sujetarlos.

No hubo caso, ya no estaban ahí. Pero encontramos, en cambio, a otra especie rara. Lo primero que oímos, fue las voces:

―Bien, trabajaré sólo con Irina en el proyecto de psicología, pero tienes que hacer mi reporte para Hammer.

―¿Ya pidió el reporte? ¿Le pasa algo malo?
En ese momento, mi vecino me hizo señas de que nos fuéramos, pero yo no hice caso porque estaba tratando de asegurarme de que había oído hablar a Shai.

―Tú averígualo, yo no leo la mente.

¡Sí! ¡Ese era él!

―Creo que es por el nuevo vecino.

Esa otra voz me sonaba de algún sitio...

―¿Sigues con eso? ―replicó Shai.

En ese momento en que consideré seguir las voces para saludar a Shai y salir de dudas sobre su acompañante, Thomas tiró de mi brazo en la dirección opuesta.

―Sigo... ―el desconocido se interrumpió, para luego preguntar:― ¿Oíste?

Probablemente había notado el ruido causado por mis pasos mientras Thomas me arrastraba lejos de ahí.

―No... ―fue lo último que alcancé a oír, y supuse que era la respuesta de Shai a la pregunta del otro.

Por supuesto que todo el camino estuve reclamando. ¿A qué venía tanta prisa por irnos?

―¿Qué no ves que es privado? ―intentó explicar mi compañero de celebración, mientras caminábamos por el pasillo frente al edificio de los designados para encaminarnos luego hacia el área donde festejaba la mayoría.

―Pues sí, pero fue coincidencia y oír su plática en secreto es peor que si hubiéramos ido a saludarlos...

―¿Estás loca? Es que no hubiéramos tenido que oír su plática tampoco, nos teníamos que ir cuando te dije.

―Quería ver quien era el otro... yo conozco esa voz.

―Te suena familiar porque se parece a la de Shai, no hay forma de que lo hayas oído decir pío.

―¡Espera! ¿Ese era el otro gemelo?

―Pues claro.

―¿Y cómo lo sabes?

―Por qué yo conozco la voz de Shadwell.

―¿Y no dicen que no habla con nadie? ―repliqué.

―Pues obviamente habla con Shai. Y a mí me habló una vez.

―¿En serio? ―me sorprendí―¿Qué te dijo?

―Literalmente dijo: “Alejate de mí. Si te sigues metiendo a mis sueños, te pesará.”

Una amenaza. Con razón ese tipo no le gustaba nada a mi vecino.

―¿Y le explicaste que no podías evitarlo? ¿Lo comprendió?

―Sí. Pero eso no evitó que me pesara.

―¿Qué te hizo? ―inquirí, preocupada.

―Nada. No es que hiciera algo... Sólo... Ya te lo dije: su REM es temible.

Entre palabra y palabra volvimos a la fiesta. No nos quedamos mucho más, porque yo quería ir a la ciudad.

Atravesamos el salón pequeño, donde un grupo de maestros compartía anécdotas y licor.

―¿Salen tan tarde? ―preguntó un individuo al que reconocí con el disgusto de siempre.

―Para ver la fiesta en Inocencia ―respondió mi compañero, con naturalidad―. Ya no hay tráfico y la ciudad seguirá despierta y saludable.

Hammer abandonó su grupo para acercarse a nosotros. Acercó su cara a la de Thomas y ordenó:

―Nada de esperar el día en ese lugar. ¿Está claro?

―Como los sueños de mi vecina ―respondió Thomas, sereno y señalándome―. Es más, estaremos de vuelta antes de las dos.

Conforme, el profesor se desentendió de nosotros.

La carretera estaba desierta y Villa Inocencia parecía callada en su mayoría. Las luces seguían encendidas en las casas, y sentí la tentación de caminar en la penumbra en lugar de seguir el sonido de la fiesta que venía de mi izquierda.

―Por aquí ―Thomas me guió por la orilla de la carretera hasta la que debía ser la calle principal, donde en lugar de una parranda lo que había eran varios grupos distintos, celebrando cada cual a su modo pero sin alejarse de sus vecinos que tenían otros gustos.

Unos bailaban, otros comían, otros contaban anécdotas del año que ya había terminado. Más adelante había un grupo que hacía promesas para el año siguiente y luego los que quemaban aquello que deseaban dejar atrás...

―¡Rose! ¡Thom!

Volteamos para descubrir a Irina, que dejaba el grupo de los que hacían promesas para venir a saludarnos.

Ese día, o más bien, esa noche, conocí en persona a su hermana, su pequeña sobrina y su padre. Este último nos preguntó si nuestras creencias nos permitían participar de las suyas y hacer una promesa.
Avergonzada, admití que no se me ocurría ninguna.

―¿Cómo funciona? ―preguntó mi vecino.

―Sólo lo dices, y somos tus testigos para recordártelo cuando sea necesario.

―Yo prometo, de nuevo, que prestaré atención respecto a mi papá; aunque no me guste lo que vea.

Era una promesa curiosa, para ser que venía de un telépata que intentaba no prestar atención a los pensamientos de los demás, ¿o no se refería a ese tipo de atención?

―Eres bueno―dijo la niña, con las palabras difíciles de comprender que suelen tener a su corta edad.

―Eso espero ―respondió Thomas.

Irina nos comentó que ya había hecho su promesa:  ser paciente. Confesó que era una promesa que rompía año con año, pero no se cansaría de hacerla porque esa paciencia la necesitaba para todo.
Ella y su hermana iban a visitar otros festejos, así que las esperamos y fuimos los cuatro. Pasamos un buen rato jugando con dardos y visitamos a un hombre, más o menos joven, que decía ver el futuro en los ojos de las personas.

Le garantizó a Irina que vería el mar; y a su hermana le dijo que vería a un muchacho de rodillas disculpándose por algo, al parecer también lo vería marcharse con el perdón pero sin recuperar lo que se había perdido.

―¿Y tú, muchacho?

―No creo en la adivinación de la mirada ―dijo Thomas―, pero por si acaso fuera cierto, prefiero no saber.

El hombre rió y le dijo que hacía bien en no creer. Y luego me invitó a mostrarle mi futuro.

Lo hice por diversión. Aunque siempre había creído en la adivinación, no me parecía lo bastante comprensible así que me daba igual lo que pudiera decir el hombre.

―Ves a un hombre en el pasillo, creo que te esperaba, porque te invita a pasar y tú lo sigues hasta la habitación 24...―se interrumpió, parecía nervioso, y después de un momento, me dijo con preocupación― No querrás oírlo, y yo no quiero ver más.

―¿Estás intentando asustarla, Maco? ―preguntó la hermana de Irina.

―No es eso... es que no es agradable. Es más, jovencita, yo te recomiendo que no vayas con él. No te lleva a un buen sitio.

―Intentaré recordarlo ―respondí, mientras me daba cuenta de que aquel arte era tan impreciso, que tenía más relación con mis sueños pasados que con un posible futuro.

Mientras tomábamos un café, le comenté a Thomas que esa advertencia del adivino me había recordado la que me diera él aquella noche después de meterse en mis sueños.

―Quién sabe, a lo mejor es la misma advertencia ―dijo él, divertido―. Es cosa de... ¡Ay no! Es tarde.

―¿Qué?

―Igualmente ya nos vamos.

―¿Qué? ―repetí, mientras me disponía a seguirlo.

Las conservadoras se despidieron, y yo dejé el puesto de café reclamándole a mi vecino por tan repentina partida.

―¡Ya son las dos! ―me dijo.

―¿Y eso qué...? ―por fin, lo recordé:― ¿Es en serio? ¿Lo decías en serio?

―Por supuesto.

A veces él me resultaba detestable.

Ya no había nada divertido en el instituto. Así que volvimos a Europa antes de las cuatro de la mañana. Tuve tiempo de dormir un rato y cuando abrí los ojos estaba en otra parte. Estaba tendida en un charco de sangre en una casa vacía. Había un par de sillas vacías frente a mí y sentado en el suelo, en una esquina estaba Shai.

―Estuve limpiando pero la sangre nunca se quita ―se disculpó.

Otra vez sonaba extraño, esa fue la pista que comprendí:

―¿Esto es un sueño? ―quise confirmar, mientras me incorporaba.

―Sí. No deberías venir, pero... mírate ahí: mirándome. Estás sentada en un charco de sangre en el lugar en donde cinco personas murieron y estás mirándome.

―Ya que lo mencionas... ¿por qué estamos en un lugar tan tétrico?

Me puse de pie y caminé hasta él.

―Prefiero no decírtelo.

―Está bien.

―No puedo creer que realmente pienses eso ―comentó, encantado.

―Soy partidaria de la privacidad, eso es todo.

―¿De que más eres partidaria, Rose?

Reflexioné antes de responder:

―De los finales felices, de la lealtad y del libre albedrío.

―Todavía me cuesta creer que todo eso existe.

―Tengo evidencia.

―No lo dudo ―dijo, y después de una pausa, preguntó:―. ¿Cómo es que siempre me ves a los ojos, Rose?

No entendí la pregunta. Estaba justo frente a mí, ¿por qué no lo haría?

―Nadie lo hace ―agregó, con una nota de tristeza en la voz―. Ni siquiera él.

De pronto entendí por qué sonaba raro y por qué había reconocido la voz del hermano que nunca decía nada. Con razón estaba parada en uno de los muchos charcos de sangre de una casa que se caía a pedazos: es que él tenía una REM temible.

―Eres Shadwell ―murmuré.

Por un segundo el pareció confundido. Luego, se enojó conmigo.

―Sólo crees que soy él ―me reclamó―. Vete.

―¿Qué...?

―¡Vete! ―me interrumpió con sus gritos― ¡Largo de aquí!

―Como quieras ―le grité también.

―Te dije que no la trajeras... ―no me había dado cuenta, pero Shai también estaba ahí.

―¡Tú cállate que nadie te ha preguntado! ―bramó el otro, causando que el gemelo sociable se encogiera.

No salí en defensa de mi amigo porque me desperté de repente, con el corazón a mil y segura de que había hecho algo terrible.

lunes, 19 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 8 - Medianoche (parte a)

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Rem (anexo)
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Medianoche (parte b)


La semana más fría terminó el martes. Había durado más de lo usual, pero eso era buena señal: la temperatura subiría de inmediato. A menudo la temperatura subía de golpe en enero, pero quizá este año tendríamos una subida gradual en la última semana de diciembre.
Tales eran mis inocentes esperanzas, en Micbie ocurrió así. Pero cuando la última semana de diciembre llegó, en el instituto y la ciudad que estaba al otro lado de la carretera, seguía haciendo frío y hasta había una corriente de aire ocasional.
Con pantalones gruesos y camisas de manga larga me sentía común y corriente. Por eso no me gustaba la estación fría, a pesar de que coleccionaba abrigos. La única ventaja era que no tenía que decidir si quería que todo mundo viera los moretones verdes que le debía a los entrenamientos de DP.
Fuera del clima y los moretones, la ultima semana de Diciembre iba de maravilla. Recibí varias invitaciones para la celebración de medianoche, y cada uno de esos caballeros intentó explicarme como recibían el nuevo año en el instituto. Excepto los dos que querían invitarme a la fiesta en Villa Inocencia, esos hablaban de una especie de baile en la calle principal.
Según había entendido, la fiesta del instituto también era en exteriores, en uno de los jardines. A veces, por cuestiones de gustos musicales, algunos estudiantes establecían un baile paralelo en otra parte.
Yo quería verlo todo.
Thomas dijo que en una noche completa, podíamos hacerlo. De todas formas, dormir no era su actividad favorita y las fiestas duraban hasta el amanecer siguiente.
Así que preparamos una ruta para recorrer las fiestas de medianoche y un plan para que el sueño no nos venciera. Quizá tuvieramos que saltarnos un par de clases al día siguiente, pero eso lo hacía todo el mundo, aun los que no amanecían festejando.
Mis hermanos tenían los planes de siempre, una cena en familia, fingir que iban a dormir, y salir a emborracharse en la fiesta de los Bravo. Mis padres tampoco cambiarían su rutina: cena en familia, fingir que iban a dormir, y rastrear las mentes de sus hijos para asegurarse de que no fueran a aparecer en las noticias al día siguiente.
Me parece que esa rutina era la versión telépata de las rutinas de todas las familias en el pueblo. Y el único que se iría a dormir a la hora de siempre sin hacer ningún cambio a su delicada rutina, era August. En ese sentido, había salido ganando con mi ausencia. Porque yo siempre lo hacía trasnochar.
Por lo visto, esta vez lo reemplazaría Thomas.
Pero, hasta el día de la fiesta, yo tenía mucho que hacer. Los deberes de las clases de ciencias los llevaba adelantados, e incluso ya habíamos hecho el informe de historia. Pero tenía investigaciones inmensas que cumplir para mis dos clases “favoritas”; la tarea para Azul la seguía postergando porque no me interesaba, pero la otra era una aberración, o mejor dicho, una ironía: Hammer quería un informe detallado y organizado de lo que habíamos estado aprendiendo en su clase. ¿Acaso nos había enseñado algo en forma organizada o detallada... o en cualquier forma?
―¿Qué necesitas, vecina?
―¡Ay mi...! ―solté un grito ahogado antes de procesar quién era el que me hablaba―Thomas, casi me matas de un susto.
Había llegado a la hora habitual para almorzar, pero demasiado callado y fuera de mi ángulo de visión.
―Perdón. Y, ¿qué necesitas?
―Un informe de lo que Hammer cree que nos ha estado diciendo.
―¿Tan pronto?
Mi cara de sorpresa siempre le brindaba información a Thomas, quien ahora supo que debía contarme un poco más sobre el lunático que debía instruirme sobre criminología:
―Una o dos veces por periodo, los estudiantes de criminología van por ahí desvelados, furiosos y confundidos, tratando de buscar en la red o copiar de otros compañeros, por qué no saben lo que Hammer espera de ellos cuando pide un informe organizado de lo que han aprendido con él.
―¿Y alguien lo ha conseguido?
―Todos y ninguno.
―No entiendo.
―Ese es el asunto: ninguno entiende lo que Hammer quiere; pero todos los que presentan algún informe reciben la calificación completa. Y algunos de ellos, obtienen su agradecimiento.
―¿Y eso a cuenta de qué?
―¿Qué fue exactamente lo que te pidió?
―Reporte detallado y organizado de lo que hemos aprendido ―repetí, aunque imaginaba que él lo sabía bien.
―Bien, eso es lo que quiere. A nadie se le ha ocurrido que eso quiera, pero los más holgazanes lo hacen porque es más rápido de escribir.
―Pero eso... él... Ni siquiera puedo recordar cuantas cosas ha dicho... es caótico y...
―¿Tampoco tú lo entiendes? ―me interrumpió el joven telépata, un poco disgustado―. ¿Ni siquiera porque ya te lo expliqué? No quiere que le presentes lo que ha dicho, vecina. Quiere leer lo que tú aprendiste.
―Casi nada.
―Eso es lo de menos. Has una lista de lo que si recuerdes y ponlo en orden. No es indispensable para ti, porque tendrás la nota de cualquier modo. Pero, si quieres ayudar al hombre, sólo intenta ordenar lo que recuerdes o usa tus apuntes más comprensibles.
―¿Dices que eso le ayuda...?
―Sabes que no puede mantener el orden de lo que está enseñando. ¿Crees que él no se da cuenta? Necesita que ustedes se lo recuerden. Para eso es la tarea. Por eso lo plantea como si ustedes le estuvieran haciendo un favor: porque así es.
Sentí una punzada de lástima cuando escuché todo eso. Todavía me parecía mala idea que lo dejaran enseñar, pero ya no veía tan justo mi desprecio hacia él.
―Vecina, no quiero dejarte comer sola, pero me parece que quizá haga falta en otro sitio. ¿Está bien si me retiro ahora...?
No le hice mucho caso pero atiné a captar el mensaje.
―Sí, claro ―respondí―. Pero come algo.
―Sí, sí. Almorzaré allá.
Ni vi que rumbo tomó.
Me puse a hacer el informe para Hammer. Descubrí que una vez que la ponía en orden, había mucha más información de la que yo hubiera esperado. Mis estudios extras me habían permitido saber de que hablaba casi todo el tiempo. Y en mis anotaciones casi sólo había referencias a los casos y comentarios sobre las cosas que él planteaba diferente. Así que el informe tomo ese rumbo.
Me desvelé bastante, y August tuvo la gentileza de sacrificar su delicada rutina para llamarme a ver como iba mi trabajo un par de veces.
―¿Y quién es el tirano?
―Hammer. Pierde el hilo de lo que enseña y nos pide un resumen.
―Pobre hombre.
Su tono me hizo sentir culpable de nuevo, pero al menos estaba haciendo un informe, ¿cierto?
Lo terminé el domingo, y la fecha de entrega era el martes, así que no tendría que pensar en ello durante la fiesta de medianoche.
Como estaba mal de fondos y de tiempo, no fui a la ciudad a comprarme un vestido, sino que volví a usar el vestido gris, mi favorito. De pronto recordé que ese mismo había sido mi atuendo al iniciar la estación fría, y mi vida en este lugar. Se sentía como cerrar un ciclo; todo era diferente desde el día en que era una designada nivel cero y no sabía si tenía que hacer fila.
En dos meses me había adaptado al edificio Europa, a los maestros y a mi primer arma (que era sencilla y servía sólo como apoyo para aprender movimientos básicos que necesitaría para aprender algo útil más adelante). Tanto así que el domingo no me había hecho daño con ella.
Pero, cuando vi mi reflejo en un espejo del cuarto de baño, se me quitaron las ganas de ir a las fiestas. No llevaba un vestido nuevo como todos los años, ni un peinado raro de los experimentos de mi mamá. En mi casa debían estar cenando. Juntos. Este no era mi hogar y Thomas no era August.
Estaba llorando cuando escuché su voz en mi oido. Supe de inmediato que sólo era el timbre de mi comunicador y no traté de calmarme antes de presionar el botón para aceptar la llamada.
―Déjame adivinar ―saludó August―. Estás melancólica y sientes culpa por haberte preparado para ir de fiesta.
―Siempre lo sabes todo ―admití, todavía triste.
―Espero que entiendas que me alegra ir a dormir temprano.
―Lo sé.
―Y que tienes una abuela que agradece no haber preparado pastel para ti. Te ama pero ya está cansada la viejita.
―Lo sé.
―Preciosa, sólo es otra fiesta. Seguro que puedes divertirte sin mí. Sólo me necesitas para las cosas serias y yo seré feliz cuando entiendas eso y dejes de pedirme que te acompañe a fiestas.
―Lo sé ―me reí sin dejar de llorar: sólo faltaba el arcoiris.
―Ahora lárgate o tus amigos van a enojarse de que los plantes.
―Está bien ―respondí, aunque era sólo un amigo.
Sólo saldría con Thomas y un par de sus compañeros de algún club.

jueves, 13 de marzo de 2014

Obediencia Sorda. 7 - Rem (anexo)

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Rem (parte b)
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Medianoche


El muchacho vagaba por su ciudad como todas las madrugadas. Saludaba a los amigos que dormían, curioseaba por los sueños privados de gente que ni conocía.
En este paseo se encontró con un foráneo. Nunca había visto a este individuo, pero sus sueños eran tan sangrientos que temió lo peor: aquel loco que había visitado la ciudad tenía razón en sus advertencias.
Intranquilo, recuperó la consciencia y se le olvidó lo que había descubierto. Aunque una parte seguía ahí, disfrazada como una vaga sensación de angustia.
Si hubiera tenido sólo un día más, hubiera alertado a sus vecinos. Pero no logró recordar hasta que él individuo lo abordó, y reconoció su psique laberíntica.
Teale se mostró muy decepcionado. Había encontrado una víctima perfecta, pero su presencia en el sueño lo había engañado; no tenía frente a él a un jovencito lleno de vida y espectativas, si no a un anciano que había disfrutado la vida durante ciento dos años y ahora se distraía en la escritura de novelas de aventuras basadas en su propia vida.

Ahora que el sádico suponía que éste era el único testigo de su presencia en la ciudad, una novela quedaría sin terminar.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Obediencia Sorda. 7 - REM (parte b)

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REM (parte a)
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REM (anexo)


Cuando por fin pude dar el día por terminado y me tendí en mi cama, me di cuenta de que mi audífono estaba en el escritorio y que yo no había tenido tiempo de llamar a August esa noche. No encontré ánimos para levantarme a buscar el comunicador, y de pronto estaba dormida.

Volví a tener un sueño extraño:

Avanzaba por un pasillo con mala pinta y me detenía frente a una puerta en particular, al lado de la cual estaba Thomas.

―No entres ahí ―me advertía mi vecino.

domingo, 9 de marzo de 2014

Obediencia Sorda. 7 - Rem (parte a)


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Objetivos a largo plazo
(anexo)
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REM (parte b)



August y yo teníamos un puñado de tradiciones, aunque nuestra relación se basaba más bien en las sorpresas y la improvisación. Al estar tan lejos me di cuenta de que ninguna de esas tradiciones me importaba mucho. Sin embargo, una vez que hube tomado el ritmo de mi nueva vida, decidí levantarme temprano los domingos para ejecutar la actividad más aburrida y relajante de las que llevaba a cabo sólo porque él lo hacía: meditar.

Nunca terminé de comprender como se suponía que funcionaba y, sin él, sólo podía quedarme en silencio pensando en lo que fuera. El domingo anterior había pasado media hora imaginándolo a él, sentado a la orilla del arroyo con expresión de tristeza, como cuando íbamos juntos y yo seguía mirándolo mientras el creía que yo tenía mis ojitos cerrados y que estaba concentradísima. Había sido la primera en la cafetería ese día.

Pero este domingo, a esa misma hora yo estaba profundamente dormida. ¡Me levanté a las ocho!
Tenía la boca seca y muchas ganas de llorar. Había tenido un sueño extraño. Estaba segura de que ésta no era la primera vez. Pero, ¿cuándo había pasado antes? ¿Había sido aquí, o cuando aún estaba en casa?

miércoles, 26 de febrero de 2014

Obediencia Sorda. 6 - Planes a largo plazo (anexo)


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Objetivos a largo plazo  (parte b)
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REM 




Iba a escapar.
No sabía cuando. No sabía como.
Pero iba a escapar.Ella tenía una vida. Amigos, planes... No iba a morir en manos de un psicópata. Ni siquiera de éste.No la detendrían las ataduras mal hechas.No la detendría ninguna puerta cerrada.No la detendrían sus heridas.El problema era que siempre estaba muy ocupada obedeciendo a Teale.

lunes, 24 de febrero de 2014

Obediencia Sorda. 6 - Objetivos a largo plazo (parte b)


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Objetivos a largo plazo
 (parte a)
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Próximo miércoles.  



Intenté retomar el tema que me interesaba mientras nos dirigíamos a la biblioteca, pero era muy poco tiempo y el tema ya no estaba en curso. Así que hice como que me resignaba y estudiamos sin detenernos hasta que apareció Elvis Mille en la página 192 del libro de “Héroes de nuestra era”. Para muchos de los hombres y mujeres que habían muerto en la restauración de regiones con niveles bajos de radioactividad, aparecer en ese libro era el único agradecimiento de nuestra sociedad. Pero Mille era un héroe mucho más nuevo. Como designado, había arriesgado su vida a menudo por el bien público, aunque sólo tenía un puesto en el libro por ser el último hombre que había enfrentado a Richard Teale, rescatando a dos de sus víctimas a costa de su propia vida.

―Richard Teale... A ese sí lo conozco ―comenté.

Todos me miraron de manera extraña.

―¿Qué? ―interrogué, a la defensiva.

―Es que no lo dirías así si de verdad lo conocieras ―explicó Irina.

―Sólo digo que leí sobre él. Hammer nunca termina de hablar sobre nada así que busqué algo en la biblioteca. ¿Es muy importante? Sé que es temible y que nadie ha podido...

―¡Es el demonio! ―dijo mi vecino, sin aspavientos pero con tal certeza que me provocó escalofríos.

Causa el terror a donde va ―agregó la conservadora―. Cuando llega a una ciudad, la gente se marcha. Antes intentaban arrestarlo. Pero luego entendieron que no es posible.

―Eso no lo entiendo. Sí, es un telépata y tiene la habilidad de persuadir, pero... ¿cómo es que no pueden mandarle cuarenta designados encima y...?

―¿Por qué estamos hablando de él? ―interrumpió Shai.

Sólo entonces me di cuenta de que estaba disgustado.

―Es cierto ―dijo Irina―. Héroes de nuestra era, eso estamos estudiando. Teale y su veneno siempre opacan al Viejo.

―¿A quién? ―dudé. ¿Hacía referencia a alguien cercano, o me lo había imaginado?

―Elvis ―respondió Irina, de inmediato.

―Pero... lo llamaste...

Mi vecino chasqueó los dedos al comprender a qué me refería. Entonces me aclaró todo:

―Segovia y Shai conocieron en persona a Mille. Él daba tutorías a los prospectos a designados. Sus alumnos le ponían todo tipo de sobrenombres irónicos, lo de “Viejo” es porque era el profesor más joven de por aquí. Como designado también era el más joven de su grupo. Supongo que desde el principio se esmeró mucho porque tenía un objetivo claro. Él iba tras ese loco, y no paró hasta que lo tuvo enfrente.

―Era el mejor ―agregó Irina―. Shai fue muy afortunado. A pesar de todo, lo fue.

―No lo digas como si yo me hubiera olvidado ―murmuró el aludido.

―¿Por qué? ―quise saber― ¿Qué te hacía afortunado?

―Era mi padre.

Intenté evitar la exclamación, pero a nadie le sorprendió que no lo consiguiera. ¡Shai era el hijo de un hombre que aparecía en un libro de historia! No sólo eso. Era un héroe, un maestro, y había enfrentado a un criminal a quien todos habían decidido dejar a sus anchas por que le tenían miedo.

―Rastrear y destruir ―anunció Shai, como si esperara que todos entendiéramos perfectamente de que rayos hablaba; por suerte lo aclaró casi de inmediato―. En eso voy a especializarme. Y terminaré lo que empezó mi padre.

No miento cuando digo que me entró frío. Quiero decir, ese miedo que congela: frío y parálisis. Aquello era un hecho y, por mas loable que sonara, yo sólo quería decirle a Shai que no hiciera semejante cosa.

Lo curioso es que cuando miré a Irina, me di cuenta de que ella pensaba exactamente lo mismo que yo.

―¿Me perdí de algo antes? ―interrogó Thomas, quien efectivamente se había perdido de la conversación antes de estudiar.

No parecía impresionado por la declaración tan peligrosa de nuestro compañero. Supongo que, al igual que Irina, él ya conocía aquellos planes. Pero, ¿en serio le daba lo mismo? Cierto que no eran grandes amigos, pero seguía siendo un tema de cuidado.

―Rose quería saber en que iba a especializarme ―respondió Shai, todavía con expresión seria y un poco triste.

―Ah. Por cierto, Rose, ¿Tú vas a meterte a científica, no? ¿Con amenazas vivas, o no vivas?

―Preferiría algo no amenazante, gracias. Y no he pensado que haré como designada.

―¿Y tú en que vas a especializarte? ―le preguntó Irina a mi vecino de dormitorio.

―Yo no tengo planes a largo plazo ―dijo, sin interés―. Antes, cuando había tantas expectativas sobre mí, lo tenía muy claro. Pero un día mi papá dijo: “Tú harás lo que quieras, y sólo lo que quieras”. Desde entonces, no sé que haré con mi vida ―y, luego de un breve silencio, confesó, quizá por primera vez:―. Supongo que no quiero nada.


Me dio un poco de lástima, pero creo que a él no le molestaba. Sólo se había dado cuenta de lo diferente que era.

jueves, 20 de febrero de 2014

Obediencia Sorda. 6 - Objetivos a largo plazo (parte a)


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Todo en su sitio
(anexo)
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Objetivos a largo plazo
(parte b)


Con el tiempo, lo de conversar con Irina en la cena se hizo un hábito, aunque no uno de todos los días porque nuestros horarios no daban mucho espacio. Tampoco veía a Shai o a mi vecino tanto como hubiera querido. Por eso valoraba esos momentos.

¿Y el resto del día? Aprovechaba lo que hubiera: una conversación casual con un desconocido, tiempo para estudiar, una llamada a casa... y el desafío de llegar a tiempo a clases, llegar con vida a la hora de comer y llegar al fin de semana. Ahora era una diversión evitar los conflictos con algunos individuos complejos como Shadwell, aunque todavía me daba escalofríos la forma en que me miraba de reojo. A los que seguía odiando era a Hammer y Azul. El profesor de criminología por lo menos podía alegar a su favor que estaba más loco que un sombrerero, pero la que impartía Espacio subyacente sólo era una persona desagradable.

Por eso estudiaba por mi cuenta esas asignaturas, y eso bastaba para no tener que preocuparme de Azul. En cuanto a Hammer... bueno, mejor no pensar en ello.

Eran pequeños problemas que no importaban demasiado mientras pudiera acceder a la inconmensurable base de datos que llamaban biblioteca en el ISC, y visitar de vez en cuando sus laboratorios. Casi no tenía tiempo para eso, pero no me molestaban mis ocupaciones. Excepto porque tenía moretones en todas partes por culpa de mi torpeza en defensa personal. Llevar vestido ese día había sido una decisión bastante difícil. Aunque se suponía que me importaba un comino si alguien se burlaba de mi apariencia, seguía sonrojándome cada vez que alguien me miraba fijo o me preguntaban que me había pasado.
Irina no me había preguntado. No dijo ni pio, y si se quedó mirando fue antes de sentarse frente a mí para cenar.

Ese lunes conversamos sobre su propósito de ser espía. Me divertí mucho insistiendo en usar justo esa palabra: “espía”, sin importar cuantas veces ella dijera que la investigación de organizaciones ilícitas, no se trataba de espionaje. Le pedí que me detallara la diferencia entre infiltrarse en una organización para operar en su contra y ser una espía, y me reí con gusto mientras ella se enredaba con sus propias palabras.

Faltando varios minutos para las ocho, llegó Shai.

―¡Felicidades Rose! ―dijo mientras nos saludaba con la mano― ¿Cuándo te ascendieron?

sábado, 8 de febrero de 2014

Obediencia sorda. 5 - Todo en su sitio (anexo)


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Próximo viernes.  



Una parte de él quería morir.
Ya mismo.Sólo para no darle el gusto de poner la fecha.Su captor parecía ocupado últimamente, quizá olvidaría alimentarlo, desinfectar una herida... algo.Hasta entonces, debía seguir esperando a que él hombre encontrara a la persona que buscaba.

viernes, 7 de febrero de 2014

Obediencia sorda. 5 - Todo en su sitio (parte b)


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  Mañana.






―Hace un momento me obviaste el apellido.


No supe que decir.

―No pongas esa cara, Rose. Es algo bueno entre los conservadores. Igual que para ti. Porque, de pronto me dejaste de tratar como a una desconocida conservadora.

Avergonzada, sonreí.

―No puedo evitar juzgarte equivocadamente. Sigues dando señales de que te gusta ser parte del grupo, pero yo sigo tratándote como “la conservadora”. No sé por qué hago eso... ―me disculpé.

―Es por el manto de soledad ―dijo ella, divertida―. Lo diseñaron para que las personas se conozcan por quienes son y no por como se ven, pero ahora son una señal de que nuestras costumbres son distintas. Sin embargo lo que me parece extraño es que tu seas de las prejuiciosas. “Distinto” no es “malo”; esperaba no tener que decírtelo.

Que vergüenza que tuviera razón.

viernes, 31 de enero de 2014

Obediencia sorda. 5 - Todo en su sitio (parte a)


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Viernes próximo:
febrero 7  





“Hola preciosa”, dijo mi comunicador.

Presioné el botón y le di los buenos días a August.

―¡Suenas despierta! ―celebró.

―Lo estoy, ando eligiendo mi atuendo.

No conversamos porque él debía volver a su meditación matutina y yo tenía que prepararme  para ir a clases. Ese día salí un poco diferente porque había tenido más tiempo para pensar en una combinación nueva de prendas. Uno o dos de mis compañeros se fijaron en el cambio. Y una de las chicas de hecho lo mencionó. Claro que Thomas lo pasó por alto, pero casi lloró de emoción al ver que yo había resuelto el ejercicio de ejemplo antes que él.

sábado, 25 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (anexo)


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  Viernes 31 de enero.




Lo que quiero que entiendas, es que ahora vives aquí. Eso es un concepto primitivo, y a muchos se les hace difícil de asimilar. No quiero que lo confundas con un hospedaje o con una casa de alquiler que dejarás atrás cuando algo salga mal. Aquí es en donde vives. Toda tu existencia es afectada por eso: cuantas horas dormirás, cuantas veces al mes puedes comer, qué vas a comer, qué vas a hacer todo el día... Todo eso cambia, porque ya no vives con tus padres envueltita en tu manto. ¿Lo comprendes?Pausa para observar a su nueva compañera de casa.
Me parece que todavía estás confundida. Pero no te sientas mal, no se debe a tu estupidez, no. Es porque no has visto nada. En cierto modo, has corrido con suerte. Cuando me mudo, estoy sin amigos que te muestren como funciona. Pero, ésta vez traje a Geller.
Le entregó una tijera a la mujer, y prosiguió su discurso:
Pero tampoco es para demorarnos de más.
No me gusta cambiar mi rutina, y necesito que sean dos. Siempre dos.

viernes, 24 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (parte c)






―No puedo creer que no me di cuenta ―reí, al escuchar quien era la ex-novia de Shai―. Es que ella te conoce bastante, pero no parece una ex.
―Oh, es porque no nos vemos de ese modo. ¿Ves que la gente a veces dice que van a quedar como amigos? Nosotros realmente lo hicimos. Hay confianza y todo, pero no vamos por ahí pensando en lo que fue o en lo que hubiera sido. Sólo....
Como no encontró palabras para terminar, lo hice por él:
―Se aceptan tal cual. Como quedaron. Eso es lindo. Pero si todo estaba tan bien, ¿qué pasó?
―No lo sé. En cierto modo, siempre estuvimos lejos.
―¿Eran tan poco románticos como esta cita?
―¡Oh, no! ¡Ya te diste cuenta!
―Esto es...
―Un fiasco ―negó con la cabeza, avergonzado.
―Acabaremos de amigos también.
―Una lástima, porque estás... ―intentó retractarse del término, pero ya era tarde― eres...
―Ajá. No me hagas arrepentirme de eso ―bromeé―, cállate ahora y quedamos en paz.
―Está bien.
Volvimos al instituto tan solteritos como nos fuimos; aunque Shai sí tenía un nuevo compromiso, porque lo invité al grupo de estudio de Historia. Él aceptó con gusto. Pese a las explicaciones, me resultaba raro que la presencia de Irina Segovia en el grupo no le molestara.
El que no reaccionó bien fue Thomas, cuando le conté que había invitado a Shai.
―¡QUÉ! ―gritó mi vecino, sorprendido y molesto― ¿Por qué lo invitaste?
Por un momento sólo pude quedarme mirándolo, en estado de shock.
―No creí que fuera un problema ―me excusé tan pronto como pude hablar―. Sonaba como si Shai te cayera bien y...
―El sí, pero puede traer a su hermano ―explicó.
―¿Shadwell es el problema? ―claro, entre gente con manías están los peores conflictos, ¿no?
―Sí. No es que... Bueno... Yo...
―Te cae mal pero no sabes ni decir por qué. Creí que no eras ese tipo de persona.
―Es que él es quien me ve como si quisiera que yo no existiera.
―Eso es él ―la antipatía de Shadwell no me parecía relevante: el ermitaño no le ponía expresión amable a nadie―, pero ¿tú que tienes en su contra?
―Su REM es aterradora, eso es... ―de pronto parecía sorprendido pero se obligó a terminar de hablar― todo.
―¿Pasa algo? Porque acabas de actuar como...
―No pensaba decirte sobre su REM ―pausa incómoda, luego una afirmación más―. Y no pensaba volver a mencionarlo.
Sonreí.
―Eso sí lo había oído antes ―confesé―. Hay un mito sobre una mutación hereditaria que te permite obtener respuesta a todo lo que preguntes. Mi hermana mayor siempre dice que yo la tengo.
Por supuesto, la “Indagación” había sido desestimada por todo tipo de científicos. Los aciertos eran simple coincidencia, y si yo recibía respuestas era por que resultaba confiable ante las personas, nada más. Thomas estuvo de acuerdo conmigo en eso; y luego lo convencí de no tener prejuicios sobre nuestro nuevo compañero de estudios.
En todo caso, yo no había invitado a Shadwell.
Tal como yo había previsto, él no apareció. Shai resultó ser toda una carga, eso sí. Nadie puede ser bueno en todo y él era una especie de superdotado en DP; aplicaba artes marciales de todas las culturas que habían sobrevivido a la tercera guerra, su disciplina y su esfuerzo eran el ejemplo favorito de todos los maestros... Al parecer estaba mucho más comprometido con sus estudios como designado que con los generales.
En todo caso, ese futuro agente de campo, mi vecino y mi muy amado August fueron los que hicieron posible que me quedara en el ISC. Las explicaciones de Shai me habían hecho ver todo desde otro punto de vista, y aunque aún sentía que me habían quitado mi meta, estaba lista para buscarme otra.

miércoles, 22 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (parte b)


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Por fin llegó el momento de la dichosa cita.
Fui directa y honesta todo el tiempo; nada de diplomacias. Y a la larga resultó bien. A él no le molestaba mi conducta, ni mis quejas sobre el colegio ni que le mencionara que su hermano era muy raro.
―Ya sé. Al principio eran malos con él ―dijo, sobre ese tema.
―¿Y como arreglaron eso?
―Pues para empezar él no reaccionaba, así que más que hacerles gracia acababa por asustarlos.
―¿Y para seguir?
―Amenacé a algunas personas... y le di una golpiza a otras dos.
―Ya veo ―dije, sorprendida.
―No lo digas como si fuera una maravilla. Por semanas fui el buscapleitos del colegio.
―Pero sí no te los buscaste tú ―comenté.
―Igual lo más difícil son las clases.
Lo entendí de inmediato, pues en Historia lo había visto responder cada vez que le preguntaban algo al gemelo sin voz. No me pareció una sorpresa cuando me contó que en el primer período entraba con él a clases que no entendía sólo para hacer de intermediario. Incluso se había metido en problemas con un maestro por eso. Tener aversión por las personas no era razón para ser privilegiado en el ISC.
―Después de todo, no soy la persona más inadaptada en el instituto, ¿eh? ―comenté.
―No lo eres. Ni siquiera después de nosotros. El asunto es que muchos tienen sus cosas raras; tu problema es que quieres convertirte en algo que encaje aquí. Pero no es como funciona esto. Y menos con nosotros.
―¿“Nosotros”?, ¿te refieres a los designados?
―Así es.
―Y... ¿cómo funciona? ¿Vamos por ahí dando tumbos como...?
―Eliges tu ruta, y utilizas lo que puedas del instituto para poder avanzar en ella. Como designados tenemos normas y responsabilidades diferentes a lo usual. Eso parece haberte dado la impresión de que debes seguir ordenes a ciegas, cambiar tus planes...
―¿Acaso no? ―me molestaba que lo dijera de aquel modo. Ya no era momento de venderle mentiras al prospecto, ya me tenían ahí.
―No. Al contrario, hay aún más presión para elegir por ti misma. Debes estar segura de elegir la rama que mejor te resulte. No sólo la disciplina en que vas a especializarte, si no el área en la que vas a trabajar. Porque tendrás que hacerlo bien.
―Vaya. Eso es tanta libertad que no sé que haré con ella ―no pude evitar el tono irónico.
Él no se lo tomó mal.
―Así que sí te han sacado de tu ruta, ¿verdad? ―adivinó― ¿Qué pensabas hacer?
―Ya no importa. Ahora que estaré en un laboratorio del cuerpo de designados, quizá me dedique a crear armas biológicas.
Que broma tan mala, me arrepentí de inmediato de haberlo dicho, pero a él no le pareció relevante, o al menos prefirió no señalarlo. En cambió dijo algo muy extraño:
―Mi hermano será tu jefe, entonces.
―¿Qué?
―Su plan es encabezar el área científica general. No es designado pero aún así tendría cierto grado de información sobre el área científica de los designados.
―¿No necesitaría hablar para eso?
―Sí. Pero no importa cuanto se lo diga, es más fuerte que él. Supongo que piensa que darle órdenes por correo a la gente no es el mismo tipo de comunicación que tanto intenta evitar...
―¿No pensará que seguirás siendo su intermediario?
―¡Espero que no! Mis planes son completamente distintos.
―¿Que serían...?
―Trabajo de campo, para comenzar.
―Ahí no me verás. Soy una roca para eso.
―¿Eso?
Para él debía tener un significado muy amplio, pero yo veía un solo asunto:
―Defensa personal.
―¡Ah, claro! Nunca habías hecho algo así antes, ¿verdad?
―Y así me hubiera gustado continuar.
Echó a reír, pero luego demostró simpatía. Me recordó que tendría que aprender algo de todos modos, pero que sólo se trataba de explotar mi potencial. En cierto modo, aquella “asignatura” era mejor que otras, porque se trataba de mí y no de un estándar fijado por alguien que ni siquiera se dedicaba al asunto.
¿De qué hablamos después?
¡Oh, sí! De su extra. Era una bastante inútil, si me lo preguntan a mí... o a él. La precognición sirve para sugestionar a la gente y venderles inventos, no para las tareas de un designado. No hablamos mucho de mi extra porque no había gran cosa que decir: todo el mundo sabe sobre el desplazamiento inmediato.
Luego hablamos de.... todo, menos el clima o nuestra relación. Pero sí nos preguntamos sobre relaciones antiguas. No es que tuviéramos demasiado que decir. Yo había dejado un ex-novio en mi colegio, y él había conocido a su primer amor en el ISC.

lunes, 20 de enero de 2014

Obediencia sorda. 4 - Fingir Entusiasmo (parte a)


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Agotamiento (Anexo)
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Fingir Entusiasmo. Parte b 




Salí de clases a las seis de la tarde, y al volver a la cafetería de mi edificio descubrí que los gemelos cenaban a la misma hora que yo. Uno de ellos estaba en la mesa más distante a las ocupadas mientras el otro ordenaba para ambos.
―¿Shai? ―saludé al de la fila, mientras elegía mi propia cena.
―Hola, Rose.
―Así que... sí hablas con alguien... eres Shai. Y si está sentado sólo en un rincón, es...
―Shadwell.
―Por lo demás, cuesta distinguirlos...
―Por eso saludo primero casi siempre. En realidad no es necesario, después de un tiempo la gente parece distinguirnos más fácil ―me pareció que al decir eso se sentía incómodo, así que no dije nada y puse atención a su pregunta―. ¿Cómo va la primera semana?
―Pues... estoy agotada, sigo teniendo miedo de hacer alguna tontería... como saludar a Shadwell o tomar notas mientras Parra da el discurso...
Mientras comentaba las partes frustrantes abandonamos la barra y no me fijé que caminábamos hacia su mesa.
―... Thomas me ha salvado la vida hasta ahora...
Me quedé callada cuando llegamos a la mesa y me di cuenta de la mirada de rabia que Shadwell le echaba a su hermano.

martes, 14 de enero de 2014

Obediencia sorda. 3 - Agotamiento (Anexo)


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Agotamiento
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 Fingir Entusiasmo 





El muchacho seguía con la mirada a Richard Teale, mientras éste daba instrucciones y comentaba asuntos personales.

Cuando hubo quedado claro lo que se esperaba de él, el muchacho castaño comenzó a empacar. No era sencillo, hacer equipaje con una sola mano mientras propias costillas seguían atorándose en las cosas y estorbando en todo movimiento. pero eso no lo detuvo.

lunes, 13 de enero de 2014

Obediencia sorda. 3 - Agotamiento

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El martes me despertó la frase “Hola preciosa”. Eso nunca había pasado.

―August, ¿qué haces aquí...? ―murmuré, antes de que aquellas palabras se repitieran cerca de mi oído.

Entonces comprendí que era la llamada para despertarme, tal como él había prometido. Accioné el botón central del comunicador (sí, dormí con el audífono puesto; era necesario para recibir esa llamada) y saludé:

―Buen día, señor responsable.

―¿Estabas dormida todavía?

―¿Qué hora es?

―Cinco y veinte... Lo siento, me distraje y...

―No, no. Está bien. Todavía llego. Si empiezo a correr ahora. Te llamo en el almuerzo. Te quiero.

―Y yo a ti preciosa. Vuelvo a lo mío.

Mientras August volvía a sus asuntos, yo empezaba con los míos.

jueves, 9 de enero de 2014

Obediencia sorda. 2 - Personas extrañas (Anexo)

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Teale estaba tan acostumbrado a la muerte, que su olor no le molestaba en lo más mínimo. Si cubría de tierra los cuerpos, era sólo por hábito.

Ahora mismo era inútil perder el tiempo en eso, porque ya no había vecinos que descubrieran su presencia y escaparan de sus garras. Pero el hábito estaba muy arraigado, así que ahí estaba: trasladando el cadáver de Janeth López a la fosa donde ya había otros tantos.

La había dejado muy profunda, esperaba más víctimas en un sitio donde los chismes corrían lento.

“Y ahora, ¿a dónde iré?”, se preguntaba.

La respuesta estaba en su interior, luchando por salir a la luz. Pero en un interior oscuro y confuso como aquel, eso llevaría tiempo.

miércoles, 8 de enero de 2014

Obediencia Sorda 2 - Personas extrañas (parte b)

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Personas extrañas. Parte 1
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Personas extrañas (Anexo)  



Cuando me desperté, pensaba en mi hogar, pero pronto recordé que debía ir a buscar mi horario.
El listado de actividades incluía elegir clases, y la chica había dicho algo de una fila... Me sonaba extraño que fuera en el área de documentación. Yo pensaba que ahí sólo me entregarían el horario, que sería el final de un proceso.

Ya consultaría en recepción cuando llegara al edificio administrativo.

Cuando bajé a desayunar, volvía a sentirme bella: por fin me había arreglado, llevaba mi ropa favorita  y las botas que hacían juego. Llevaba suelto mi cabello pero me había acomodado el mechón rosa para que pareciera una diadema sobre el natural castaño. Sí, estaba fuera de moda; ya nadie usaba vestidos, ni el cabello largo. Pero me gustaba así.

Eran las ocho y minutos. Seguramente yo debía estar haciendo fila, pero no iba a saltarme el desayuno.
La cafetería era tipo buffet y aunque su uso debía ser registrado en el carnet, la encargada dijo que no se practicaba esa regla.

―Buenos días ―dijo alguien que se acercaba.

El dueño de aquella voz suave, casi tímida, era el muchacho que me había insultado con la mirada la noche anterior en los baños. Ahora se le veía más tranquilo y me miraba con curiosidad.

―Hola Shai ―la encargada respondió animosa¿Siempre dos?
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