domingo, 29 de diciembre de 2013

Todo


Amary calló cuando se percató de que la anciana dormía. e-reader en mano, abandonó la habitación. En realidad no estaba demasiado interesada en la lectura, y ya terminaría más tarde, cuando la viejecita despertara exigiendo otra lectura.

Aquello carecía de sentido. Ella no  acabaría de leer tantos libros en su vida, mucho menos en la de aquella señora de 123 años que no podía asearse, moverse o respirar por si sóla pero aún hablaba debilmente y pensaba con la intensidad de su juventud. A veces olvidaba las cosas y se quedaba dormida a media lectura, pero por unas horas estaba aprendiendo y pensando.

Al principio, la enfermera creyó que le pedía las lecturas para entretenerse, pero no era así. Ella quería aprender.

"Pero, ¿qué cosa?"

"Todo."

"Pero eso es imposible."

"Lo sé. Pero eso no tiene por qué detenerme."

Amary no aspiraba a tanto. Pero cada día comprendía más a la ancianita.



Este es el microrelato #25 del desafío de Diciembre.

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