sábado, 7 de diciembre de 2013

Promesas rotas


Todo comienza en un lugar en el que no quieres estar.
O es muy temprano, o es fin de semana. O simplemente el maestro es mala gente y se le nota.
Y para colmo de males, tienes que esperar. Eso implica buscar algo en que ocupar la mente, y por lo visto no hay nada que estudiar y no tienes ninguna ficción que te salve de cinco minutos con la multitud.
Multitud. Que palabra mal empleada. Si no son más de diez.
Ah, pero sí alguien en este mundo cree que tres son multitud, esa eres tú: siempre serás relegada a menos que haya alguien en el lugar que no tenga con quien hablar, nunca estarás al tanto de la discusión y casi nunca tendrás las agallas para pedir explicaciones. O al menos, eso parece ahora. Crees, sin embargo, que por ahí hay alguien con quien puedes hablar, y que el azar los va a poner en el mismo lugar del mismo modo en que te consiguió lo más cercano a una amiga en ocasiones anteriores y en esta. No entiende de que hablas y no habitas este mundo que ella evidentemente comprende. Pero por lo demás, se llevan bien. Y entre esa multitud en la cual no hubieras participado si hubiera sido tu decisión, todos son sus amigos.
Así es ella. Sensible y llena de amigos. No amigos como tú los definirías, pero sí como los definen... bueno, todos los demás los definen así.
Todo comienza igual: un montón de amigos y una muchacha sola entre ellos.
Estás tan aburrida.
Y quizá ellos hablan de algo que comprendes o sólo decides desafiarte a ti misma. Por la razón que sea, haces el raro esfuerzo de conversar con extraños. A veces pasa. Por lo general no cambia nada.
Pero hoy, todo cambia. Estas incómoda con esto, te sientes juzgada. Te sientes fuera de lugar. Como siempre. Y sin embargo, no parecen notar que estás de sobra. Y si es así, ¿por qué no has de quedarte?
A la larga, quizá no cambia nada. ¿Qué son unos cuantos trabajos en grupo, una conversación casual por medio de internet y una llamada telefónica que por lo general tienes que hacer tu misma? ¿Qué es un almuerzo a la semana por un tiempo y un puñado de promesas sin cumplir?
Quizá el significado se pierde. Pero recuerdas, vívido como el presente mismo, esa conversación importante con extraños, en un sitio en el que no querías estar.

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