domingo, 29 de diciembre de 2013

Miseria


El candil se apagó y la oscuridad se tragó la habitación y a su ocupante. Esta debía ser la hora de los arrepentimientos. Debió tomar algunas monedas cuando tuvo la oportunidad. Unos lempiras menos no empobrecerían al país, pero le hubieran servido a él para un banquete de vez en cuando.

Debía lamentarse por su miseria. Pero no lo hizo, no se arrepentía. La oscuridad abandonaría la habitación al amanecer, sin el menor esfuerzo. En cambio, la codicia rara vez abandona el alma humana de quien comete el descuido de invitarla a pasar.

Este es el microrelato #26 del desafío de Diciembre.

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