domingo, 1 de diciembre de 2013

Mientras no pasa nada


Era una noche cualquiera, y no esperaba que nada especial ocurriera bajo las estrellas perfectamente visibles sólo en noches de viento como lo eran todas las noches comunes de Noviembre.

Sí hacía cuentas por ahí, esta noche cualquiera sólo se parecía a otras veintinueve noches de viento, entre cada 365 de cada año. Y sin embargo, era una noche sin gracia, como lo son todas las noches de ciudad en crecimiento, donde apenas empiezan a abrir las primeras discotecas y el único sitio para hacer algunas carreras ilegales es la carretera cercana.

Una noche cualquiera en una ciudad naciente, era una noche para dormir tranquilo.
Y eso hizo. Se fue a la cama a las ocho. Dejó la tele encendida y las luces apagadas. No estaba viendo la tele. Todo lo contrario: dormía, como en cualquier otra noche, viniera o no con viento, porque no esperaba nada.

Y nada pasó. No sonó el teléfono porque nadie tenía noticias para él. Nadie llamó a la puerta, porque sus amigos también dormían temprano.

Despertó como cada mañana y se enteró, por el noticiero local, sobre el accidente de los adolescentes en la entrada de su pequeña ciudad. Al menos no había vuelto a quemarse una de esas nuevas discotecas. Lo que no dijeron en las noticias, fue que nacieron tres niñas casi a la misma hora, en diferentes sitios de la pequeña ciudad, sólo úna en el hospital. No hablaron de la reconciliación de los vecinos, y encubrieron la borrachera del celador del parque. Pero de todo eso él se daría cuenta, a lo largo del día o de la semana. O sí lo llamaba por teléfono alguien esa noche.

Pero eso último él no lo creía muy probable, pues sabía que en esa ciudad nunca pasaba nada por las noches.

Este es el primer microrelato del desafío de Diciembre.

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