martes, 10 de diciembre de 2013

La pregunta es ¿por qué?


Esquivando la patada que se dirigía a su cabeza, grita una vez más "¿Por qué...?", pero no termina su frase, ya que el puñetazo de la otra mujer alcanza su nariz y en cuestión de segundos se le nubla la vista y se le va la voz.

"¿Ya ves que es efectivo?", comenta la exitosa agresora, y la otra empieza a dar excusas. Por lo visto ella no ha tenido nunca la eficiencia de su amiga. Si es que son amigas, no parecían serlo. Quizá sólo es un acuerdo temporal para golpearlo.

Se recupera mientras ellas se miran las caras... o lo miran a él, pacientemente. Y vuelve a la carga, con el único ataque que se permite usar ante sus compañeras de trabajo: las palabras

"Escuchen, no sé...", comienza, y se interrumpe para escapar de un segundo golpe dirigido a la nariz. La agresora se queja, es la que se había excusado antes, y ahora insiste en que no sabe por que falla siempre. La otra intenta asestar un golpe en la nuca del aterrado joven, que intenta correr lejos de ellas.

La que no sabe conectar un puñetazo al rostro, consigue patearlo en las costillas cortando su carrera. Se acerca y amenaza con un segundo golpe al mismo punto desde el cual se extiende un dolor agonizante. Pero la mujer se contiene mientras la otra se acerca.

"¿Viste que no?", dice la que camina hacia ellos, y la otra le ordena que se calle.

El muchacho murmura una pregunta, mientras la que lo ha puesto en el suelo le grita mil insultos que él ignora fácilmente. La otra no dice ni hace nada. Confundido y agotado, él muchacho acaba por guardar silencio, aún en el suelo.

Una dice que se vayan, la otra sigue insultándolo y le ayuda a levantarse. Cuando lo tiene enfrente, lo utiliza como monigote para practicar el puñetazo a la nariz, y él casi pierde el equilibrio al apartarse. La muchacha exclama una maldición y se dispone a intentar una vez más. Entonces, por fin, él se harta. Lanzo un gancho derecho y la chica cae al suelo dando un grito.

Ahora es la otra, la que quería irse, la que suelta una palabrota y pone cara de disgusto. Se lleva la mano al bolsillo, mientras el muchacho se acerca con cautela a quien acaba de derribar de un sólo golpe.

"Por mi madre que no quería pegarte, pero es que ¿por qué diablos me agreden de este modo?" dice él, y casi a la vez la chica extiende la palma de la mano y suelta la explicación que él ha estado intentando exigir:
"Ahí tienes, el niño bueno sí que es capaz de pegarle a una mujer. Págame."

Este es el décimo microrelato del desafío de Diciembre.

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