sábado, 7 de diciembre de 2013

Juntos


Un día como cualquier otro, en la casa de siempre, nos vemos tal cual somos por primera vez en veinte años. No tengo que fingir que quiero estar aquí, contigo. No tienes que fingir que te interesa lo que mis padres piensan sobre tu trabajo. No tenemos que decir que nos queremos y obviar que sólo nos casamos para evitar habladurías entre los vecinos y la familia.

Enamorado como un adolescente y responsable como el más serio de los adultos, nuestro hijo se casó sin mucha pompa y sin mayor motivo que la necesidad de un protocolo que confirmara sus ganas de hacer una familia con esa jovencita que sólo cocina junto a él.

Y ahora, en esta casa, sólo somos tú y yo. Sin historias de amor mal inventadas. Sin berrinches infantiles ni reclamos adolescentes a los cuales hacer frente juntos. Sin fiestas que organizar, ni turnos para las tareas.

Sólo tú con tus novelas baratas y yo con mis diseños caros. Pienso que quizá tú sólo tendrás criticas que no puedes explicar sobre el color, y yo sólo tendré reclamos sobre los personajes que no acaban de parecer bien hechos. Quizá no nos veamos en todo el día.Y tú también debes estar pensando que ahora que no está él, tú y yo no tendremos más nada en común.

Por eso debe ser que estás mirándome con miedo. Por eso estoy mirándote con miedo. ¿Es que ahora estamos aterrados juntos?

Este es el quinto microrelato del desafío de Diciembre.

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