martes, 24 de diciembre de 2013

Inspiración

La fila del banco era tan larga, que el escritor decidió que en ese tiempo prepararía el argumento de su próxima novela. La idea se demoró en surgir. Pero cuando lo hizo, él supo que sólo tenía que concentrarse en ella y se iría desenvolviendo con naturalidad.

Tenía tiempo de sobra para concentrarse. Tan pronto como le diera un autografo al muchacho que lo había reconocido.

Siguió pensando en ello hasta que sonó su teléfono móvil. Era su hermana. Habló de tonterías, así que él le pidió que lo dejara pensar porque "estaba escribiendo". Antes de colgar ella le preguntó en que fila estaba, y él no tuvo problema en responderle.

No pudo pensar mucho en su historia antes de que un guardia se acercara a él para pedirle de la forma más pedante posible, que apagara su teléfono celular mientras permaneciera en el banco.

Le tomó un rato recordar el corazón de la historia, pero luego fue todo muy claro. Disfrutó de su historia mientras todos a su alrededor se quejaban de la espera.

Una vez que estuvo todo en su mente, sacó su libreta nueva y anotó en una línea todo el argumento central. Se disponía a anotar los detalles cuando la joven a sus espaldas le indicó que era su turno.

Entre una cosa y otra, dejó olvidada su libreta nueva en la ventanilla, pero la historia era tan clara en su mente, y le resultaba tan atractiva y profunda, que no necesitaba aquella oración de siete palabras para recordar y desarrollar la idea.

En cambio, para el resto del mundo literario, fue trascendental. Durante siglos, el microrelato anónimo inspiraría historias en todos los idiomas, los maestros de literatura dictarían clases enteras al respecto y algunos expertos publicarían libros con su análisis.

Este es el microrelato #24 del desafío de Diciembre.

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