martes, 24 de diciembre de 2013

El caso del robo sin ladrón


No había una sala de esas de las películas. Entre una multitud de denunciantes, policías y señoras que hablaban en voz muy baja, estaban él y un policía con la etiqueta J. Pérez bordada en su uniforme. Nunca se había puesto a pensar en ello, pero le parecía inusual que tuvieran etiquetas como los dependientes de la juguetería.

-¿Y entonces? - demandó el policia, bajito, amargado, calvo.

No sabía que responder. Él no se había robado nada, al contrario, había estado durmiendo el sueño de los justos cuando pasó.

-¿Usté es complice del atraco va'?

-No señor policía. Yo no.

-¡Y como le vu'a crer que no vio nada!

-¡Ah! Pero fijese que yo creo que el robo lo hizo alguno de los visitantes. En la caseta quedó la identificación de unos. Pero si era cosa pequeña, se me pueden haber ido, porque cuando la vie... cuando la señora llamó a denunciar, ella venía de la calle y eso significa que a saber a que hora se metieron.

-¿Y usted cré que se iban a meter como si nada a una casa y abrir la caja fuerte sin bulla?

-¿Caja fuerte?

-¡Qué pregunta! ¿Es que no tenés televisión que nunca has visto una? -el oficial de la ley perdió la poca paciencia que le quedaba.

Había tenido un día de perros. Disturbios en el centro, de nuevo. Nunca salía sano de eso. Y su mamá había llamado para regañarlo porque casualmente le había dado un garrotazo a una conocida de ella. ¿Qué se suponía que hiciera? En esas ocasiones él prefería dar que recibir.
Y sí había recibido, así que ahora le dolía la cabeza. O era por eso, o porque ya era medianoche y él seguía buscando el oro robado a unos ancianos pudientes y sin herederos que vivían en una de las colonias más antiguas de la ciudad.

Lo peor era que los ancianos, probablemente seniles, seguían cambiando la historia. Ella hablaba del oro, pero él debía referirse a alguna de esas joyas antiguas con su propio nombre. Nada de eso le serviría para encontrar lo robado, y el guardia de seguridad no estaba ayudando. O se había ido a ver a la novia, o era parte del robo.

Alegaba saber bien lo que era una caja fuerte, pero no entendía que tenía que ver eso con el robo.

-No iban a tener su tesoro en una mesa de centro, ¿va'?. ¡Y eso que importa! Lo que tenés que entender es que...

-Tampoco lo iban a tener en una caja cerrada.

-¡Ya dejá la pendejada, hombre! -gritó el policía. De inmediato, hizo acopio de toda la paciencia que pudo y retomó el tonito servicial-. En donde lo tuvieran, seguro sonó una alarma. Y usted dice que no la escuchó.

-Pues no. Yo no oí nada de eso. De todos modos, me parece mucho drama por nada...

-¡Nada! -exclamó Pérez- ¿Usted dice que no es nada? Hasta esos ricachones están alarmados.

-Pero es que esos viejitos son...

La explicación se perdió bajo el llamado que alguien hizo al policía encargado del caso. Lo estaba buscando la señora que había reportado el robo del oro. El hombre suspiró, harto. ¿Es que la ancianita creía que entre más le preguntara por su tesoro perdido más pronto lo encontraría?

-Hijito -dijo la mujer, radiante de alegría-, ¡qué pena con usted! No me habían robado. Fue mi vecina que se lo llevó al veterinario.

-¿Veterinario? -dijo el policía, desconcertado, y mientras la anciana asentía el intentaba razonar- ¿Pero dice que no fue un robo?

-No, no. Lo hizo para ayudar. No hacía falta, él se despierta perfecto, pero ella se preocupó cuando lo oyó gritando. Hace mucho escandalo cuando tiene uno de sus ataques. Y luego se duerme por horas. Así lo encontró ella y corrió al veterinario. Es jovencita, pero muy servicial. Como usted. ¡Debe tener tanto trabajo y yo atrasándolo! Mil gracias, oficial, mil gracias.

La señora dejó la estación de policía. Y Pérez se quedó ahí parado, tratando de entender que había pasado. ¿En que momento había habido un enfermo en ese caso tan complicado? ¿Cómo entró la vecina a una casa tan segura?... ¿Sería mejor llegar a su casa a esas horas de la noche, o mejor esperaba al día siguiente para presentarse ante su celosa esposa?

Este es el microrelato #20 del desafío de Diciembre.

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