lunes, 26 de noviembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 15







Habilidad Perdida


Se trata de una realidad temporal, si quieres decirle de algún modo. Pero lo difícil no es la magia, es el momento: tal que nunca se entere de que algo pasó, en caso de que sea necesario retractarse. No puede durar demasiado, ni ver ningún cambio drástico.
Sí, recuerdo que me enseñaron algo sobre las pausas, pero...
De haber sabido que era tu intención decirle la verdad a esa muchacha a pesar de que no estarás con ella., te habría explicado antes... —un pensamiento repentino la interrumpió:— ¿Es que pensás dejar todo tirado para...?
No, claro que no. Haré lo que me corresponde. Creo que voy a regresar a casa ahora... no hay nada para mí en este mundo.... No importa.
¿Vas a asumir tu papel, y dejar el periodo de libertad? Yo creía que usarías tu libertad para intentar averiguar sobre los... asesinatos.
No lo recordaba pero, ahora que ella lo mencionaba, tal vez podía esperar un poco.

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Esa es pantalla, nada más —insistió Ana—. Si de verdad estuviera enojado con la hermana, no estaría ayudándole.
Digamos que sí; ¿entonces para quien sería la pantalla? —el escritor que capturaba ideas de su entorno en este momento tenía sólo preguntas— ¿De quién se esconden?
Pues, supongo que a los mismos a los que han estado quemándoles las casas....
¡Eso es obvio, Molly! —tan sutil como siempre, Ana pronunció la opinión de todos.
Supongo que sí. Lo siento.
El silencio se adueñó del lugar mientras todos pensaban en lo que podían estar enfrentando. Incluso pensaba en ello la pelirroja que seguía en un rincón esperando que su personaje la arrastrara a algún otro escenario imposible.
Según el experto en habilidades sobrehumanas, su pequeña había estado utilizando algunas que no le había dado él y que no eran realmente de ella. Y más aún, estaba actuando frente a gente que no sabía nada sobre ella, lo cuál era imposible. Hacía falta cierto grado de “colaboración involuntaria” de los seres reales para que un personaje ficticio pudiera participar de su mundo. Una vez que tenía eso, Aaron podía quitar un postre de una bandeja o acabar la existencia de un edificio; Arleen podía hacer arder lo que quisiera. Pero, ¿sí no sabían de ella, que apoyo podían proporcionarle?
También les había dicho que en el ataque del objetivo más distante, su invención había estado actuando como ella misma un rato, pero el resto del tiempo, parecía otra persona. Desde luego, él reconocía la manipulación de terceros como se daba en la realidad que le habían inventado los cuatro escritores, y hubiera podido rastrear fácilmente al culpable; pero la bruja no era de tal escenario y la regían otras leyes.
Aaron estaba adaptándose a un ambiente nuevo mientras realizaba un poco de espionaje. Moverse entre un montón de magos cuyo poder aún no comprendía del todo hubiera requerido que obtuviera una habilidad que su enemigo de siempre nunca le permitiría tener... a menos que las chicas vencieran en votación. Pero, siendo un personaje de una novela sin terminar, nadie lo notaba sin que él tuviera que esforzarse mucho; así que paseó por las vidas de la bruja y su hermano, e incluso visitó un par de veces al hombre que había sobrevivido a dos ataques de Arleen.
Regresó al lado de su escritora justo a tiempo para responder lo que los cuatro se preguntaban.
Muy bien niños”, saludó, jovial, escuchado por todos excepto una, “al menos ya sé en que anda la bruja. No es que sea nuestro asunto, pero nos dice con quienes contar. Ahora mismo, quedan sólo dos y una se pondrá de su parte. Pero, con sólo el tipo bastará. Y si convenzo al hermano...”
¿Que Alfred no está de su parte ya....? —preguntó Abigail, esperanzada.
Ya quedamos en eso —respondió la que no se enteraba de que había una quinta persona en la sala.
¡Ah! Eso es un misterio para mí. No sé como te hechizó y no sé por qué. Pero no: ahora mismo no está de parte de ella. Aunque podría ser porque mató a su amigo...”
¿¡MATAR!? ¡Por favor decime que no fui yo!
No fuiste tú”.
¡Paren ahí! ¿Volvió Aaron?
Y dice que sabe quien nos puede ayudar —respondió el muchacho, sin hacer mucho caso a todo lo demás.
El tipo sólo se ayudará a si mismo. Me agrada, debo admitir. Y en cuanto al novio de Aby... bueno, es su hermana. Y no podemos esperar que todos sean tan responsables como mi pequeña...”
Mencionaste a alguien más.
Es algo así como una segunda madre para ellos. Así que aplica lo mismo. Más, me parece. Ella ni siquiera admitiría que su niñita hizo algo malo. El hermano al menos la conoce realmente.”
Se puso cómodo para dar un largo informe sobre lo que había estado investigando. Como tenía un auditorio impaciente, no llegó a decir gran cosa sobre la ruta que tomó y como había ido de un individuo a otro guiado por algún comentario o huellas familiares. Ellos no querían oír sobre como había tenido que salir de la ciudad, y aunque en otras circunstancias les hubiera provocado curiosidad, ahora no les interesaba saber que la bruja guardaba un álbum que resumía todas sus relaciones interpersonales sumando fotografías variadas, tarjetas de cumpleaños y comentarios escritos a mano.
Le interrumpían a menudo y le hacían perder la secuencia de sus pensamientos, pero al final parecían haber comprendido la relación que había entre la bruja que ponía en riesgo a Abigail y la gente a la que intentaba eliminar: ellos le habían arrebatado su magia.
Lo habían hecho en equipo, pues ella era demasiado para cada uno. Al parecer, mientras la mayoría de los magos tenían sólo un progenitor con esa cualidad, en el caso de ella ambos padres la tenían y eso la volvía no el doble de poderosa que ellos, sino mucho más. Y aún siendo tan fuerte, se suponía que la tenían bajo control. El mago ficticio todavía no averiguaba como se había liberado, ya que los magos que conocían a la bruja tampoco parecían saberlo. La mayoría de ellos ni siquiera sabía que lo había hecho. Todavía más: sólo el propio Aaron parecía tener evidencia de que aquellos asesinatos habían sido causados por ella, y no había rastro de su magia en ninguna otra parte.
Pero... si las personas a las que intenta matar son las que le quitaron sus poderes...
Magia —corrigió Alan.
¿Eso importa? —rezongó su polo opuesto— Dejala hablar.
Entonces Molly pudo continuar con su pregunta:
¿Si son los mismos porque decís que una no creería que ella rompe un plato? ¡Ya debería saberlo!
Es que no hizo nada malo para que le quitaran su magia. Esta gente tiene unas reglas muy raras, y tienen prohibido usar sus habilidades si no lo hacen para su comunidad. Es algún tipo de exilio voluntario... Esa mujer nunca creerá que la bruja está peleando por recuperar su magia si, para empezar, aceptó que se la quitaran.”
Tiene perfecto sentido —comentó el optimista que cada vez lo era menos.
¿Y entonces, que vamos a hacer?
¡NADA! Molly, lo primero que no quiero es que tú.... ustedes... ¡Los quiero bien lejos de esos maniáticos! Como sea nada de eso es nuestro asunto. Sólo le diré al tipo ese lo que necesita para convencerse, y quizá él pueda encargarse. Después de todo, su sobrino será importante algún día.... Sólo falta que no tengan ese tipo de atenciones.... No importa. Ustedes se quedan quietos, y yo veré que hago.”
¿Y te parece que Arleen va a quedarse quieta? —la joven que hasta hacía poco mantenía una beca y el puesto de empleada del mes sin perder el estilo, ahora sonaba agotada por sólo pensar en su personaje.
Aaron El Malo puso expresión agria y comentó, resentido: “Si mi pequeña sigue haciendo de títere, habrá que aguantarla.”
¿Qué quieres que haga? —soltó una versión inmadura y más determinada de Abigail— No es como si me preguntaran si quiero. ¡Además es tu culpa! ¡A quien se le ocurre darle caracter servil a un... !
¡No me vengas con eso! ¿A mí me vas a decir que no puedes pelear? ¿A MÍ? ¿Después de que te fuiste sin despedirte, reuniste a mis enemigos y casi me matas? Sí no vas a decir algo de ver, mejor te callas.”
¡Ella es diferente!
Pues manéjala de forma diferente. Yo ya estoy viendo que hago con el hechizo y tú deberías hacer tu parte.”
Presenciar esa disputa hubiera hecho inmensamente feliz al pescador de ideas, de no ser porque le espantaba un poco que Abigail sirviera de altavoz a su personaje. Ana, que se sorprendía más fácilmente de lo que los demás esperaban, tardó un momento en comprender lo que pasaba. La otra, ya se había acostumbrado, así que fue la única que pudo entender la frustración de ambos personajes.
Personajes que se tomaron en serio sus respectivas responsabilidades: a partir de ese momento, Aaron comenzó a buscar la forma de ser escuchado por Raúl, y Arleen luchó con todo lo que tenía para no servir a la bruja.
Dos días más tarde, él seguía fracasando y ella superó su primera prueba a costa de la salud de su escritora: cuando acabó la lucha de voluntades, Abigail tardó alrededor de doce horas en ser capaz de moverse de nuevo. Pero al menos, si no podía moverse no podía cooperar con la bruja, así que la dejaron descansar en la única “casa” en que no se veía demasiado raro que llegaran a eso de las cuatro de la mañana, casi todos fingiendo no tener equilibrio y una dormida: la habitación de Ana.
Un día más y se invirtieron los papeles: Arleen fracasó y perdió el control; Aaron perdió el control y por fin consiguió su objetivo.
Comenzó por culpa de una coincidencia. El coleccionista estaba rondando a Raúl mientras él se ocupaba de sus asuntos. Por su parte, los escritores intentaban cumplir también su parte: no intervenir.
Ellas no sabían como desarrollar un argumento mientras se preocupaban, y Alan no había obtenido ninguna idea recientemente, de modo que habían dejado la novela por un tiempo y constantemente buscaban en que ocuparse para no perder la razón... o lo que les quedaba de ella.
La skater sólo consiguió fracturarse la muñeca intentando hacer un nuevo truco con su patineta teniendo tantas cosas en mente. Su pretendiente lo tuvo más sencillo: se distraía intentando que ella lo perdonara por abandonarla en aquel bar y ocupándose de resolver todo aquello en lo que Ana hubiera tenido que usar la mano izquierda.
Abigail y Molly fueron de compras. Empezaron por los libros y terminaron por algo que sólo le interesaba a una de las dos: zapatos.
No, gracias, a esa tienda no vuelvo.
¿Por qué?
Ahí me vendieron la pulsera que usé para hacer el ancla de Arleen.
Ah. ¿Y donde está, por cierto?
¿Creerás que no me acuerdo? La dejé tirada en algún sitio cuando asumí que no había servido para desarrollar al personaje. ¿Creés que si logro deshacerme de ella, Arleen se vaya a...? ¡Ese día conocí a Alfred!
¿Eh?
Pues que a lo mejor él no tuvo nada que ver con esto. A lo mejor fue la...
¡Mirá! —Molly la interrumpió, en voz baja y señalando con la mirada hacia la entrada.
Raúl y su ignorado acompañante estaban saliendo de la tienda a la que no quería entrar Abigail. Las chicas se miraron, tentadas a seguirlos. Pero al final venció el miedo y los perdieron de vista en la esquina del centro comercial.
Un instante después, Abigail era otra, y esa otra no estaba al mando tampoco. Lo que era curiosidad para la primera, era un objetivo para ésta, y fue tras él.
¿Aby? ¿A dónde...? —pero no tenía caso, su amiga no iba a responderle.
Molly consiguió apenas seguir las instrucciones específicas de su personaje: no meterse en el camino de Arleen. Aunque la obediencia le duró muy poco, ya estaba hecho: no sabía hasta donde había ido su amiga y así le costaría dar con ella.
Desde luego, eso no era un misterio para Aaron, quien ya se había percatado de la presencia de su pequeña, sólo un poco después que él mago real. Al principio, limitado por la falta de imaginación de éste, el personaje sólo podía observar.
Arleen podía verlo pero no estaba interesada en él. Sólo en el hombre al que debía matar. Pero, lo que fuera que había planeado, no fue capaz de llevarlo a cabo, pues había perdido la habilidad que requería para ello. Y otras dos que tenía, por si acaso. Aún podía incendiar cualquier cosa, pero también esa capacidad desapareció mientras ella trataba de entender que estaba pasándole.
Privar a alguien de sus habilidades no es tan complicado como proporcionarle las que no tiene de forma natural; pero tampoco era sencillo. Raúl había comenzado a trabajar en ello desde que la escuchó venir, y una tras otra las debilitó tanto que Arleen creyó haberlas perdido antes de que realmente fuera así. El desafío había sido mayor con su habilidad nata, y para mantener indefensa a la joven, Raúl estaba en su propio límite. No iba a poder usar magia para torturar a la muchacha, pero supuso que los métodos no del todo limpios de la gente común funcionarían.
La arrastró al callejón sujetándola por el cuello.
A ver, a ver lindura, ¿cómo es que sigues apareciendo en mi vida? —preguntaba, con un tono amenazante pero sin subir el volumen de su voz— A ti te mandó alguien y ahora mismo me vas a decir quién.
No hubiera dicho nada aunque quisiera, porque no podía respirar y mucho menos hablar, pero la idea era que al disminuir la presión en su cuello, deseara decirlo todo para poder marcharse.
¿Es ella, verdad? No me faltan los enemigos, pero estoy seguro de que otros sabrían que no deben meterse conmigo, ¿o no? ¿A quien debo mandarle tu preciosa cabeza, eh?
Aaron hervía de rabia pero no podía hacer nada porque estaba solo con un tipo que nunca había leído una pieza de ficción.
Sólo podía ver como el cínico agredía a su indefensa pequeña. No creía que fuera a asesinarla, no todavía, pero mientras tanto seguía haciéndole daño. Al menos sabía que sí le cortaba una mano sería de Abigail.
¡Aby!”, llamó, guiado por el instinto, cosa que sólo hacía cuando no tenía nada racional con que contar.
La escritora no podía responder. Pero escuchó. Y eso cambió las cosas: él mago perdió el contacto con las habilidades, implantadas o propias, de Arleen. Era difícil ubicarla porque en aquel cuerpo había dos personas.
Lo supo Arleen, cuando se sintió capaz de defenderse y decidió hacerlo.
Lo supo su creador ficticio, cuando vio el cambio en la expresión de ella.
Y lo supo Raúl, qué de pronto tenía enfrente una gama de habilidades completamente distinta. La única que se asemejaba a la magia, era algo que él nunca tendría. Lo que fuera, valía la pena intentar arrebatárselo.
Lo hizo justo a tiempo. Su temperatura ya había cambiado un poco; y hubiera ardido como su mansión de no ser porque Arleen desapareció de pronto.
¡Por favor! No sé lo que hizo pero... No...
El hombre que recordó presionar aquel frágil cuello no tenía idea de que ya no estaba ante la misma persona. Pero el personaje que acababa de ver esfumarse a su pequeña, estaba al tanto de que ahora les acompañaba una de las tres personas que con más claridad podía verlo.
En un instante Raúl estaba gritando. Pronto fue incapaz de sostenerse en pie.
La escritora necesitó un momento para recuperar el aliento y la voz:
Aaron.... pará, que lo... —si estaba haciendo lo que ella creía...— lo podes matar.
Y sí, el coleccionista estaba usando esa habilidad suya que le encantaba a Ana: atacar el sistema nervioso de la víctima. Podía usarse en distintos grados según el propósito, pero ahora mismo él no tenía ninguno: sólo estaba furioso.
Las súplicas de Abigail no servirían de nada.
¡Aaron! ¡Ya basta! —ordenó Molly, desde la entrada más cercana del callejón.
Su personaje la miró fijamente y dejó de estar ahí.
¿Se... fue? —preguntó la otra joven.
Sí. Creo... —comenzó, pero decidió ser mas clara— Por como me miraba, creo que se fue bravo conmigo.
Se quedaron viendo al hombre que apenas si tenía fuerzas para quejarse. Ya no le dolía todo, pero estaba agotado y “sensible”. Además, era difícil estimar el resultado que tendría la suma de todas las reacciones físicas desencadenadas por aquel colapso nervioso, con un cerebro mal informado, cualquier cosa puede dejar de funcionar en el cuerpo humano... o funcionar de más.
¿Qué hacemos con él? —preguntó Abigail, pero en ese momento el hombre que había estado ahogándola hizo un esfuerzo inútil por levantarse, y ella decidió que lo único que haría sería irse.
Sujetó a su amiga por el codo y comenzó a caminar.
Pero... Aby... Hay que ver sí él está b...
¡No! —la escritora de Arleen fue tajante—. Me asusta y quiero irme.
Podemos llamar una ambulancia....
Pero como ninguna explicación o sugerencia detuvo a la Gansita, Molly se dejó arrastrar lejos de ahí. 

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