domingo, 18 de noviembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 14





Magos reales y ficticios



Lo que no sé es como la controla, si la magia de ellos está llena de restricciones. Y a esas ellos mismos les agregan otras, sus leyes... Descubrí muchas cosas inútiles mientras seguía el rastro de mi pequeña. Por favor no me dejen divagar...”
Pues dejá de divagar ahorita —interrumpió Ana, encogiéndose de hombros.
Sí. Arleen estaba en ese sitio donde trabajas tú y fue a una casa bonita, nada ostentoso, pero si acogedor....”, poco a poco iba dirigiéndose de nuevo a todo el grupo después de hablarle a la empleada del bar, “Como sea, ese lugar bonito es parte del rastro, la casa como tal ya no existe. Se quemó.”

¿Se quemó? Me parece que esa no es la conjugación correcta —comentó el muchacho, que tomaba todo aquello con la misma seriedad y distancia con que manejaba la lectura.
Mi pequeña la quemó. ¿Así suena más correcto?”. Hubo un asentimiento general y la joven que había acompañado a Arleen todo aquel tiempo se estremeció, pero Aaron no cambió ni el tono ni el ritmo de su relato, aunque si omitió información. “Luego estuvo en edificio de apartamentos, y poco después en otro. Por mis cuentas, fue éxito-fracaso-éxito. Luego fue un....”
¿Y qué cuentas son esas? —le preguntó su autora.
Lo que yo creo que pretendía la bruja. En algunos casos no la veo... a pesar de que regresé al rastro después... Creo que por el tipo de magia que hacía. No afectó al lugar, sólo a mi pequeña. Pero, en el tercer sitio apareció. Así que la busqué. Es raro porque esta chica parece tener dos esencias. Pero una de ellas estaba relacionada con Aby. Digamos que estuve trabajando en esa línea, pero cuando sepa más, tendré una conversación con la mismísima bruja.”
El personaje hizo una pausa para retomar la idea que anteriormente había interrumpido Molly. No fue lo bastante larga para que Alan pudiera preguntar que significaba “esencia” en este caso, ni para que Abigail preguntara que relación podía tener ella con una bruja. Las otras escritoras tenían una pregunta menos profunda y, si bien una no pudo formularla a tiempo, la otra era menos impaciente y había decidido esperar a que el individuo al que no podía ver terminara de hablar.
Les decía que después fue un poco más lejos. Todo un día de viaje. Creo que ustedes recuerdan ese día. Y ahí mi pequeña se puso un poco intensa. ¡Poco más y hasta su rastro hubiera ardido!”, comentó con tal orgullo que todos adivinaron que le había encantado descubrir el desastre que había causado Arleen en ese sitio distante.
La joven que debería recordar aquello no estaba tan fascinada. No sabía si ese nudo en su garganta acabaría en vómito o en llanto.
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Como cada día a esa hora, Agatha revisó que todo quedará en su sitio mientras un compañero hacía cuentas y la chica nueva ponía los objetos ajenos a la tienda en la caja con la etiqueta “Clientes distraídos”.
La campanilla sonó y dos de los tres empleados se preguntaron porque no estaba cerrada la puerta. El muchacho, sobre todo, pues él había cerrado.
Buenas noches. Vine por un seguro de vida.
Señor, eso no es lo que...
Vendemos baratijas para chicas, tío —saludo Agatha, divertida—. Ya no estoy en el negocio de cuidar a otros.
Dejó a los demás en la tienda y caminó con su tío por el único centro comercial de la ciudad donde casi todo estaba cerrado antes de las ocho.
¿Estás segura de que no es contigo con quien debo hablar para que el suelo deje de romperse bajo mis pies? Tuve que abusar un poco de mi magia para tener donde pararme esta tarde, ¿sabías?
No tío, no sabía. Sé más de lo que quisiera sobre las familias, pero eso no lo sabía.
Más de lo que quisieras —repitió el “cliente”, pensativo.
Mi hermano me ha visitado en dos ocasiones, con noticias desagradables —explicó la vendedora de baratijas—. Además de los reclamos y amenazas que no son para mí.
¿Al te ha estado amenazando? —se sorprendió el viajero.
No sólo él. Un completo desconocido le hizo llegar un mensaje advirtiéndome que me alejara de... una desconocida. El nombre me parece familiar, pero no la recuerdo para nada.
No mentía, al menos, no a propósito. Nunca le habían presentado a ninguna Arleen.
Así que... ¿No tienes idea de qué le pasó a Gregorio, o a la niñera de Al?
Investigué un poco sobre Greg. Pero sin magia es difícil enterarse de algo. Sólo sé que se quemó su apartamento.
Dos apartamentos. Y la segunda vez no salió.
Idiota. Hubiera tenido que usar magia. Ninguna ley dice que no pueda uno salvar su propia vida...
No podía. Lidiar contigo es extenuante para nosotros y él era demasiado joven. Yo tengo mi par de trucos, y seguro que esa mujer odiosa también. Pero para los otros... fuiste una dura carga. Se honesta con tu tío: ¿has recuperado algo?
A veces creo que sí —confesó ella, bajando la voz como si el volumen tuviera importancia—. Me siento capaz, ¿entiendes lo que digo?
Él tuvo que negar con la cabeza. No entendía en lo más mínimo la situación de su sobrina.
No importa, porque lo intenté y nada pasa —ahora su voz era acusadora. Como si su tío fuera quien le había hecho algo a ella y no lo opuesto.
Eso no evitó que él siguiera sospechando. Había una probabilidad de que su exiliada sobrina estuviera mintiendo al decir que no había recuperado nada. Una muy baja, pero probabilidad al fin.
De lo contrario, era imposible. Porque una cosa era segura: la joven incendiaria que había intentado asesinarlo en dos ocasiones, había desarrollado una habilidad nueva. Alguien había hecho eso por ella.
Alguien con magia suficiente para darle una habilidad nueva a otra persona no se ve todos los días. Agnes había sido una de las cuatro personas que, según sabía él, podían hacer algo así. Alguna vez su sobrina también había sido capaz, y si ahora volvía a serlo, no era por coincidencia.
Pero hacía mucho tiempo que se había perdido la habilidad para conocer los pensamientos ajenos y, aunque Raúl sabía bien como medir a las personas, estaba frente a una muy buena mentirosa y lo sabía.
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Su hermana había dicho que él sólo iba a verla cuando estaba enojado y quería desquitarse con alguien. En ese momento, se había acabado la conversación sobre ese “mensajero” que lo había visitado casi una hora antes. Él se había dejado quitar la dirección de la conversación.
No supo como acabó aceptando que había estado tratando de olvidar a una mujer la noche anterior. Agatha, que conocía bien sus propios asuntos y aún podía contarlo como tal, adivinó de inmediato que había fracasado. Sugirió un plan de acción más efectivo: uno no olvida a los seres amados, pero bien que puede perderles el afecto.
Botarla fue mala idea. Lo único que te va a servir es que ella te rechace a vos. Y creo que sabés bien como hacer para que una jovencita de su tipo te decepcione”, había dicho.
Y él sabía. Abigail podía tener mucha imaginación, pero eso no es lo mismo que creer ciertas cosas y mucho menos aceptarlas. Y, ¿por qué no intentar todo a estas alturas?
Lo recibió una muchacha a quien él no conocía y al verlo llamó a su amiga sin quitarle la vista de encima:
Aby, te busca él chico-cliché. Yo que vos no lo atendía.
Pero la joven salió. Se le veía triste, desvelada... y llevaba vendada la muñeca.
¿Qué te pasó...?
Habla y vete —la joven odiaba sentirse feliz por oír aquel tono de preocupación.
Alfred miró a la otra chica en una clara indirecta de que sobraba, y Ana se retiró hacia el interior, dejando a su amiga con las ganas de suplicarle que no la dejara a solas con él.
No estaba mintiendo cuando dije que no podía estar contigo. No lo saqué de una película mala. Sólo que no quería decirte por qué no puedo estar contigo.
¿Y a eso viniste? —en parte le alegraba no tener que decidir si debía perdonarlo.
Mi familia es... inusual. Soy algo así como el heredero de una sociedad patriarcal. Aunque no es precisamente por el género que se elige al jefe... Y...
¿Te eligen a tu esposa? —dijo Abigail, que con todo lo que había estado pasando estaba más mordaz de lo que alguna vez había imaginado— Esa es más original todavía.
No. No puedo tener esposa.
Uhm... El jefe de la sociedad no puede tener familia. Admito que esa no la escuché antes. ¿El jefe actual te adoptó, entonces?
No. No hay relación. En mayor o menor medida todos son parientes del jefe... pero... El nuevo vendría a ser.... Es complicado. En resumen, nuestra sociedad consta de dos familias antiguas, gobernadas por alguien que pertenezca a ambas.
Dime el apellido y si las encuentro en google te pasaré mi beca los próximos seis meses.
Hacemos nuestro propio dinero, así que paso. De todas formas, no vas a encontrarnos. Parte de lo que hacemos es pasar desapercibidos.
¿Para qué?
No lo sé. Supongo que es... —no podía decirlo. Sabía lo raro que sonaría, y adivinaba como iba a reaccionar ella— No importa.
Entonces, ¿ya dijiste lo que importaba? ¿Puedo cerrar la puerta ahora sin ser descortés?
Sí —respondió él, aunque hubiera querido decir cualquier otra cosa.
Es por la magia”, comentó Aaron el Malo, cuando el último pasador de la puerta fue asegurado. “Si su sociedad llama la atención, acabarán teniendo que esforzarse para que la gente no sepa de la magia. Una complicación innecesaria no gusta a nadie. Puede que sea su única regla sensata”.
¿Magia? —inquirió Abigail, confusa.
La otra no había escuchado el comentario del personaje, había vuelto a “perderlo de vista” hacía horas.
¿No te lo dije ya? Estás vinculada a la bruja. Es por él. El rastro de Arleen en tus pasos comenzó justo el día en que lo conociste. Aunque mi pequeña no hizo nada para la bruja hasta el fin de semana, la conexión ya estaba ahí... Lo que todavía no sé, es como lo hicieron.”
Justo cuando la muchacha creía que no podía ponerse peor, ese individuo sin cuerpo le decía que su romance sin superar estaba relacionado con aquel asunto espantoso.
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Y el muy insensible se lo soltó así, sin anestesia ni nada. Es un bestia —un juicio duro venido de una chica que no era muy sensible por su parte.
Hubiera pensado distinto de haber sabido que Aaron estaba evitando decirles que ya había dos muertos por cuenta de Arleen. No quería la “complicación innecesaria” de verles en pánico a los cuatro.
Bueno, por algo es el malo... —comentó Alan, nuevamente anfitrión en la “reunión extraordinaria” del cuarteto— ¿Pero es verdad?
Habría que preguntarle a él: a Alfred.
Mientras no quieran que le pregunte yo —saltó la víctima del supuesto mago.
Pero si fue él, podríamos convencerlo de que libere a Abigail...
Es que lo que él tuviera que ver ya está terminado. Ahora mi pequeña está en manos exclusivamente de la bruja.”
Yo había pensado que hablábamos de algún hechizo... o algún tipo de hipnosis.
Pues un hechizo tiene que ser, baboso —afirmó Ana.
Y uno muy poderoso, porque aunque Abigail no quiera, mi pequeña obedece a la bruja. El ancla debería servir para forzarla a detenerse.”
Esperá, ¿el ancla sirve para dar ordenes? ¡Que desperdicio, Molly! Seguro no le diste ninguna.
Solía decirle que no hiciera esto o aquello, pero no sé si llegaban a ordenes... Yo que iba a saber...
¡No sabías!
Y, ¿qué hubiera podido ordenarme? Ella no me ancló para hacer de marioneta.”
Gente, concéntrense. Volviendo a eso de la bruja y todo, ¿no es cosa de romper el hechizo...?
Siguieron comentando posibilidades, unas más ilógicas que otras, hasta que llegó la hora de ir cada cual a su casa... y Ana volvió a quedarse en casa de la creadora de Arleen.

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