lunes, 26 de noviembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 15







Habilidad Perdida


Se trata de una realidad temporal, si quieres decirle de algún modo. Pero lo difícil no es la magia, es el momento: tal que nunca se entere de que algo pasó, en caso de que sea necesario retractarse. No puede durar demasiado, ni ver ningún cambio drástico.
Sí, recuerdo que me enseñaron algo sobre las pausas, pero...
De haber sabido que era tu intención decirle la verdad a esa muchacha a pesar de que no estarás con ella., te habría explicado antes... —un pensamiento repentino la interrumpió:— ¿Es que pensás dejar todo tirado para...?
No, claro que no. Haré lo que me corresponde. Creo que voy a regresar a casa ahora... no hay nada para mí en este mundo.... No importa.
¿Vas a asumir tu papel, y dejar el periodo de libertad? Yo creía que usarías tu libertad para intentar averiguar sobre los... asesinatos.
No lo recordaba pero, ahora que ella lo mencionaba, tal vez podía esperar un poco.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 14





Magos reales y ficticios



Lo que no sé es como la controla, si la magia de ellos está llena de restricciones. Y a esas ellos mismos les agregan otras, sus leyes... Descubrí muchas cosas inútiles mientras seguía el rastro de mi pequeña. Por favor no me dejen divagar...”
Pues dejá de divagar ahorita —interrumpió Ana, encogiéndose de hombros.
Sí. Arleen estaba en ese sitio donde trabajas tú y fue a una casa bonita, nada ostentoso, pero si acogedor....”, poco a poco iba dirigiéndose de nuevo a todo el grupo después de hablarle a la empleada del bar, “Como sea, ese lugar bonito es parte del rastro, la casa como tal ya no existe. Se quemó.”

jueves, 15 de noviembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 13






Error argumental


Para cuando terminó de hablar sobre su ahora desaparecido personaje, Molly tenía un auditorio bastante hostil: una mueca burlona, una mirada de fastidio que ni siquiera se dirigía a ella, y un gesto de clara confusión; eso fue lo mejor que recibió.
Pero... si el libro hacía de ancla...—balbuceó el muchacho.
¡Y vos le das cuerda! —se exasperó Haru, acrecentándose su dolor de cabeza— ¿Es que estoy rodeada de locos? No existe tal cosa como personajes saliéndose de los cuentos, o ya se hubiera acabado el mundo.
No lo ponía en voz alta, pero su pensamiento predominante era buscar el teléfono de un psicólogo. ¿Dejar el proyecto y alejarse corriendo? Ni que también ella estuviera loca. Peores cosas le aguantaba a su casera, para seguir en un supuesto apartamento que más bien era un cuarto. Pero igual daba un poco de miedo.
Pero si yo no le creo —se defendió el optimista—, no le creería aunque no tuviera semejante fallo de argumento.
¿Fallo de argumento? —se indignó entonces la anfitriona— ¡No estoy inventando esto!
A lo mejor no conscientemente, pero tu imaginación...
¿Y se supone que las dos lo estamos imaginando?
Pues, por lo que yo veo lo que ustedes tienen es bien distinto —rodeada de locos, apenas si quería opinar—. Aby tiene algo como una doble personalidad mientras que vos alucinás...
¡Te digo que esto es real!
¿Acaso importa? —reclamó la más afectada— ¡Así como quemé el cuaderno puede que haya hecho cualquier otra cosa! ¡Sólo quiero que termine!
Perdoná Aby, estamos hablando burradas y vos...
¿Saben qué? —Molly se levantó y abandonó la sala gritando un:— ¡Olvídense de que les conté!
Con visitas o sin ellas, quería estar sola. No tenía la paciencia para despedirse ni la rabia suficiente para echarlos.
Sólo quería estar sola.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El Malo del cuento. Capítulo 12







Escritura Automática


Un par de skaters se habían detenido a observar un bulto que yacía en la mitad de una acera. Uno de ellos lo golpeó un par de veces con la punta del pie y el bulto se movió. Porque se trataba de una chica.
¡Hey, vóh! —llamó el otro muchacho.
¿Eh...?
Y decías que yo era tonto por no beber, mirá a ver quien es la tonta.
¿Qué? —la cabeza le dolía, y mucho. Pero poco a poco fue obteniendo claridad en sus pensamientos y en el último recuerdo que le quedaba de la noche anterior y cedió al deseo de quejarse, aunque con la voz menos clara de lo que hubiera querido— ¡Poh has lejanías que no vuelvo a ih con ese mahe ni a la eshina!
Sus amigos, que por buena o mala suerte la habían encontrado ahí tirada, no entendieron de que hablaba.
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Molly estaba haciendo su tarea mientras su personaje la criticaba por haber esperado tanto antes de comenzar.
Podrías estar avanzando con Abigail... Ahora vas a estar haciendo tarea cuando lleguen”, le recriminó.
¿Te preocupa que te deje mucho rato en manos de Alan, pobre indefenso...?”, de pronto se percató de que algo era diferente en su personaje: “¿No traés tu libro?”.
Uhm... No”, respondió él, ligeramente sorprendido, “¿Por qué será...? ¿Dónde está el cuaderno?”
En la mesa de siempre, creo”.
No, no está ahí.”
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Cuotas de Libertad

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