domingo, 28 de octubre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 11






Revelaciones


Mientras Abigail se negara a hablar con un especialista, con la explicación de que le aterraba que al final la enviaran a un manicomio, no podían hacer nada más que seguir acompañándola tanto tiempo como fuera posible. Por eso había pasado la mañana con Alan y fue ella quien recibió a Molly en aquella casa.
Podían haber empezado a conversar sobre el capítulo que ya casi terminaban de escribir. O sobre el libro que ambas habían terminado de leer recientemente. Pero Abigail no estaba muy animosa y Molly estaba dándole vueltas a una idea.
Aby... tengo que hablarte sobre algo —interrumpió el incómodo silencio, dispuesta a iniciar una incómoda conversación.

lunes, 22 de octubre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 10


Ficha de la Historia



Fuego


Campanas.
Su móvil no reproducía mp3, pero estaba bien porque a él le bastaba con escuchar campanas cuando alguien le llamaba. Había algo cómico en la idea de oír campanas esta vez, porque llamaba ella.
Hola, Haru, ¿cómo amanecis...eron?
¡Me dormí, Alan! —comunicó Ana, lo bastante preocupada como para obviar aquel saludo.
No me digás que se vino a la universidad solita.
Espero que haya sido eso. Pero ¿y si...?
No, tranquila. Yo creo que sé en que aula está ahora... voy a buscarla y te aviso.
Está bien.
No te preocupés, de seguro le dio pesar despertarte.
Se despidieron y Alan cumplió su parte; pero Abigail no estaba en el salón en que debía estar. Ni estuvo en la siguiente clase. Tampoco respondió ninguna de las llamadas que le hicieron.

lunes, 15 de octubre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 9

Ficha de la Historia


¿Estás ahí?





Si hubiera querido, se habría podido tragar las palabras que esperaban ser pronunciadas. Pero ella no quería guardarse su rabia, ni seguir tratando con las personas de aquella mesa. Ni con nadie. Hasta respiró profundo para explicar con claridad:
Estoy muy...
Se quedó muda y dejó caer el tenedor cuando escuchó el consejo:
No lo digas.”
¿Molly? —Aaron, el real, intentó seguir la mirada de Molly para ver que la había sorprendido, pero no había nada entre sus amigas ni, en la distancia, tras ellas. Hasta donde él sabía, su disgustada novia miraba al vacío.
La muchacha lo ignoró por completo. Escuchaba al otro.
Sé que tiene sentido y lo crees ahora, pero sólo estás enojada porque las cosas han ido mal. Luego lo vas a extrañar y...”
Molly se levantó repentinamente y su bolso cayó de su regazo al suelo. Lo levantó tan rápido que no le dio tiempo a Aaron para ayudarle. Y de inmediato comenzó a caminar.
¿A donde vas? —preguntó, preocupado— ¿Qué pasó?
Nada. Yo estoy bien. Sólo tengo que irme.
Aaron no creía que estuviera bien, pero tenía miedo de insistir. Se arrepintió cuando vio que comenzaba a correr desde la salida, pero era tarde para alcanzarla.

lunes, 8 de octubre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 8

Ficha de la Historia



Aparte


Esta vez voy a contestar. Pero les juro que no me tardo.
Todos miraron levantarse a Abigail, pero ninguno la siguió con la mirada hasta que llegó a la puerta ya en plática por medio de su móvil. Continuaron discutiendo los detalles del primer combate serio de su novela. En esto Ana llevaba la batuta, puesto que no tenía ningún reparo en describir escenarios destruidos, acciones violentas y miembros desprendidos. Molly no parecía inspirada. Y mucho tenía que esforzarse para no omitir algunos detalles que ella hubiera podido escribir en otras circunstancias pero ahora le parecían demasiado despiadados en contra de su personaje ausente.
No le parecía lógico, tampoco, que dijeran que Aaron optaba por atacar al personaje sin habilidad alguna, considerando que ni siquiera lo conocía. Pero no dijo nada.
Tal vez era mejor callarse cuando estaba tan malhumorada. Pero aunque ella evitó el conflicto, cuando Abigail regresó comentando que su amado Alfred sonaba triste, ya había estallado una discusión. No era cosa de Molly: el problema era entre la sádica y el amante de los finales felices.
¡Cómo se te ocurre! —repitió él.
¿Es cosa mía, ahora? —se defendió Ana—. Si no se puede defender se muere, ¿que querías?
¡Ni que estuviera ahí solito!
¡Es lastre!
No seas estúpida, no se puede descartar a la gente sólo por...
No lo descarto, baboso; si querés, que no vaya. Pero no puede salir bailando de un pleito así.
Podría si no se la tomará con él, y no entiendo por qué demonios...
¡Por fácil, maje!
Molly encontró esa frase tan ofensiva que estuvo a punto de largarse. Pero la otra que había observado la discusión en silencio, hizo una pregunta que la tranquilizó:
¿No hablaban de Aaron?
De Aaron y de Jaime.
Cuando me llamó Alfred ya habías dicho que lo iba a matar; pero, ¿por fácil? Jamás. Él no es así, ¿verdad, Molly?
No hizo falta que lo confirmara.
Ah... —la autora intelectual del crimen se quedó pensativa— Pues ahora que lo decís...
Y Jaime Sin Poderes merece sobrevivir —agregó Abigail—. O morir bien, por lo menos.
Eso lo sé, Aby... Pero, ¿cómo? Es decir... algún medio le tenemos que dar para eso... si no sólo será basura cursi.
Ya pensaré en algo —prometió el muchacho.
Y aunque ya no hubieron mayores complicaciones ese día, tampoco hubo grandes ideas. Molly no podía pensar demasiado en la novela sin ponerse triste. Ana y Alan ahora se tenían confianza suficiente para que ninguno dejara que el otro hiciera uso de lo extremos que le gustaban. Fue así como Abigail fue la más concentrada en la historia como tal, pese a que tenía la cabeza en una ciudad distante.
Y aunque las grandes ideas les lloverían esa semana, poca utilidad les darían en la novela. Tampoco Alan cumpliría su promesa de encontrar una cualidad útil para su personaje.
Se acercaban a lo que muchos llaman un punto muerto.

sábado, 6 de octubre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 7


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Cinismo


La luz era muy intensa.
Molly abrió los ojos con facilidad, no tenía sueño. Había dormido a gusto. La alarma había enmudecido hacía poco menos de una hora. Llegaría tarde a clases.
Le valía.
Se levantó animada y antes de prepararse para salir se hizo un desayuno decente: nada de medio comer sólo para no desmayarse en clase. Se demoró en elegir lo que se pondría, pero al final descubrió que no tenía caso porque no se había demorado al comprar la ropa y había lo que había; de modo que salió como siempre.
En todo ese tiempo muy pocas veces dejó de tararear la última canción que había escuchado el día anterior, pero se olvidó de ella cuando escuchó otra muy parecida en la radio al arrancar el auto.
Ya no había estacionamiento cerca del edificio donde recibía las dos clases que todavía no había perdido. Una vez que la radio y el motor enmudecieron en el peor estacionamiento posible, Molly sintió que el silencio la ahogaba.
Se aburrió mucho mientras caminaba hasta el edificio, excepto por ese momento en que pasó cerca de un grupo de muchachos que contaban un suceso que incluía cemento fresco, una chica en minifalda y... el zapato que uno de ellos intentaba limpiar.
Entendió menos de la mitad en la única clase a la que entró finalmente.
Y cuando fue a casa, con su novio como copiloto, estaba segura de que éste era él único Aaron con el que tendría que conversar ahora. El único que intentaría decirle que comer, le revolvería el cabello, y quizá la despertaría vía telefónica alguna mañana muy importante.
Había funcionado.
Ningún coleccionista de habilidades sobrehumanas exigió su atención mientras la escritora se hacía arrumacos con su novio, ni comentó nada sobre la película que vieron a medias en la sala. Pero, como lo bueno y lo apenas pasable terminan, Aaron se fue a jugar un partido de fútbol con sus amigos una vez que la película llegó a su fin.
Molly se quedó estudiando. Nadie le dijo que cómo se le ocurría anotar que 3x4 da 16 y que nunca aprendería ecuaciones diferenciales si no sabía ni multiplicar. Nadie la regañó por morder el lápiz grafito que había estado en el suelo, y no hubo quien le hablara de historias a medio escribir mientras ella miraba una telenovela.
Estaba sola.

viernes, 5 de octubre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 6


Ficha de la Historia



Repercusiones



Buenos días, preciosa”
Buenos días... —respondió la muchacha que yacía en el lado derecho de su cama con el cabello todavía más revuelto de lo usual y los ojos entrecerrados.
Volvió a cerrar los ojos, pensando en decirle que se fuera a...
¿Aaron? —entendió que él estaba tendido a su izquierda, observándola.
Escritora”
¿Qué diablos hacés?
Te despierto”
Ella lo sabía, justo eso era lo raro.
Y... ¿cómo hiciste eso?
Ella sabía (y porque lo sabía, para ella era cierto) que su personaje tenía dificultades para responder a eso.
¿Qué hiciste vos para que me despertara? —insistió la escritora.
Te sacudí. ¿Por qué?”
No, en serio. ¿No lo sabés?
En serio, eso hice.” y tras una pausa, la pregunta: “¿Qué tiene?”
Que no era posible. Él no era real, así que no podía tocarla y menos aún sacudirla.
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Cuotas de Libertad

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