domingo, 16 de septiembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 5



Ficha de la Historia


Combustible


Cuatro reuniones completas sin que Abigail recibiera un texto habían impresionado a su compañera que demandaba puntualidad, pero no habían servido mucho para avanzar en la historia. Habían estado discutiendo demasiado sobre si era el momento o no de revelar algunos detalles, el punto de vista que debían emplear, a quien debían hacer ver como protagonista. En teoría, la protagonista era Arleen y seguían sus pasos en tercera persona... pero, quizá por culpa de Molly, en realidad se enfocaban más en Aaron.
Aunque las chicas, incluida la escritora del villano, pensaban que eso cambiaba todo, Alan decía que era lo más lógico entenderlo, y que ya más tarde le quitarían el foco. Así, la discusión se daba por cerrada por el día... y la retomaban en la próxima reunión.
En todo caso, las peleas habían terminado. Todas las discusiones eran de gran importancia para ellos, la dificultad para mantener la cabeza fría seguía siendo la misma, pero ahora se comprendían mejor entre sí. Empezaban a tolerarse determinadas manías, e incluso podían tener delicadeza en algunos puntos que eran sensibles para alguno de ellos.
Él único en la biblioteca, o en casa de Alan, que se pasaba de mal humor las reuniones completas, era el malvado Aaron. Y no era porque estaba siendo pintado como un tipo egoísta, medio trastornado, hedonista e insensible, que al fin de cuentas no le molestaba ni serlo ni que se supiera. No, lo que le irritaba era que nadie hacía ningún caso al hecho de que su pequeña estaba comportándose de una forma muy rara. Le desquiciaba saber que Alan había escrito que su pequeña había aprendido a guardarle secretos, y sobre todo, detestaba que ella hiciera uso de esa habilidad tan a menudo.
Claro que, por más que Alan estuviera en su contra, él seguía siendo el ser humano más poderoso y más inteligente de su realidad. No iba a dejarse vencer por unas líneas en un papel, y ya estaba preparando todo para poder superar ese vacío que su pequeña había puesto entre ellos.
No era tan sencillo como ser más fuerte que ella y destruir esa distancia, porque los escritores eran más fuertes que él, y no podía vencer a la pequeña donde ellos habían dicho que ella dominaba. Sin embargo, había formas de rodear, y Aaron las conocía.
Por mucho que me guardes secretos, pequeña, yo sabré lo que haces”, se decía constantemente, “Dejarás tu huella por ahí, y cuando la vea, sabré lo que haces”.
Encontrar esas huellas era algo sencillo para él. Los actos de cada individuo, principalmente los que involucraban las habilidades sobrenaturales, conservaban la energía del mismo. Y bastaba con saber como era ese patrón, para poder rastrearlo. Sin embargo, para su completa decepción, había resultado incapaz de buscar ya que estaba obligado a permanecer al lado de su escritora. Tendría que esperar a que la casualidad lo llevara cerca del rastro. Y la casualidad era la aliada más impuntual posible. Nada había querido nunca con las circunstancias no controlables, así que ahora mismo estaba tan furioso que le parecía un poco temible a Molly.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Querido Aaron...


Llega Septiembre, dejan la consigna del mes en el foro de Adictos a la Escritura. Primero, casi hago el relato con la palabra que no era, luego, me parece que nunca he oído ese término. ¿Diccionario? Eso. Y de inmediato se me viene a la mente Aaron.
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Querido Aaron:
¿Qué te puedo decir?
Sos un desastre literario, un conflictivo.
No podías dejarnos llevar la situación a buen ritmo, ¿verdad? No podías ser buen chico y dejarnos escribir tranquilos. Pero, ¿como iba a ser buen chico nuestro elaborado villano?
No, no se podía.
Tenías que complicarnos el cuento.
Lo que soy yo, me lo tengo bien merecido por sacar de su novela al gran empecatado que tenías que ser. Pero con los otros tendré que disculparme.

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Empecatado: Incorregible, travieso. Perverso. Indomable, desobediente. 

domingo, 9 de septiembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 4




Ficha de la Historia

Sospechas


Alguien golpeaba la puerta con insistencia.
¿Quién va?
La respuesta fue un breve silencio seguido por más golpes demasiado fuertes. Alfred no pudo evitar preguntarse a que venía tanto golpe en la puerta si, para empezar, tenían timbre, y para seguir, él ya había atendido.
Caminó hasta la puerta con parsimonia como sí no le importara en lo más mínimo que la puerta se sacudiera frente a tan fuertes golpes.
Ajá, ya voy...
Se aseguró de estar alerta antes de abrir.
Pero del otro lado del umbral no encontró niños traviesos, ni al anciano que siempre se quejaba de él... ah, cierto, el anciano vivía en su ciudad natal, no en ésta... No había otro anciano, tampoco; ni un cobrador, ni un criminal que intentaba dejar vacía la casa.
Y más raro todavía, no había calle, ni aceras, ni fachadas de casas vecinas. Era el interior, en llamas, de otro edificio.

domingo, 2 de septiembre de 2012

El malo del cuento. Capítulo 3


Ficha de la Historia
Cambios


Se reunían en casa de Alan los Domingos, puesto que la biblioteca estaba cerrada. Los dos fines de semana anteriores, habían tenido de fondo la música ofensiva de la hermana del muchacho, pero esta vez estaban solos en casa. Las invitadas estaban más cómodas, pero eso no hizo que se desempeñaran mejor sino todo lo contrario: se distraían fácilmente. Incluso Ana, ¡la exigente y poco sensible Ana!, había intentado ejecutar una melodía en la flauta abandonada de la hermana de Alan.
Claro, había sonado terrible y le habían tomado el pelo. Todos excepto Molly, quien insistía en que reconocía la tonada.
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Cuotas de Libertad

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