domingo, 26 de febrero de 2012

Después de la tormenta...

Esto es un escrito aleatorio donde mis personajes son ellos mismos sin estar en su entorno habitual. 

Random plot points dijo:
If your character has been wanting to rearrange the furniture, a hurricane or tornado will take care of that nicely.
(Si tu personaje quería cambiar los muebles, un huracan o tornado puede hacerse cargo de eso).
Los primeros en venir a mi mente fueron Álvaro y Carmen; él de un mundo llamado Ogha y ella de La Tierra, como quizá recuerden los lectores de Contrapartes.
Y ésta es la historia fuera de contexto que se me ocurrió:

Después de la tormenta... 

—Está bien... No, wait... un poco a la izquierda, ¿te parece?
Álvaro empujó por enésima vez el sofá. 
Carmen negó con la cabeza. Ya tendría que pensar en todo de nuevo. Él verdadero problema era que no eran los muebles correctos para esa habitación. 
—Ah... honey, ¿y si ponemos aquí la sala de lectura... y...?
Álvaro estaba confundido. O más bien quería creer que lo estaba: no era posible que ella realmente estuviera hablando de trasladar todo entre habitaciones. 
—¿Tú... estás segura de que tu familia estaba de acuerdo con mover todo de lugar...? 
—¡Ni siquiera saben! —rió ella, y luego volvió a sacar cuentas del espacio y de las medidas de muebles que no estaban ahí. 
Comentaba en voz alta por ratos. Se paseaba o se quedaba quieta. 
Y Álvaro, mirando nada más. 
Habían trabajado tanto en aquello que no tenían ni la menor idea de lo que venía a veintitantos kilómetros por hora. No se enteraron cuando comenzaron las lloviznas. Ni más tarde cuando arreció.  Estaban en el más profundo de los sueños cuando el último vecino aceptó lo inevitable y se fue, bajo el aguacero y contra el viento, dejando casi todo para irse a la casa de un amigo, en tierras más altas.
Y no supieron nada de nada hasta el día siguiente, a eso de las diez de la mañana, cuando Álvaro se revolvió en el sofá mojado y su mano tocó el agua fría que se había acumulado dentro de la casa.
La Tierra era un lugar definitivamente extraño... en su mundo nunca hubiera habido tanta agua dentro de una casa.
—¡Carmen! —llamó, ligeramente confundido.
Ella dormía profundamente en su habitación. Eso de mover muebles la había cansado más que a él... quizá le faltaba condición física. Así que su prometido tuvo que chapotear hasta la habitación, llamar a la puerta, esperar, decidir entrar de todos modos, y despertarla.
—¿Esto no es un cambio un poco extremo, cariño? —dijo, mientras ella recuperaba la conciencia.
—¿Qué cosa...? Holly... ! Not again! Mi mami se va a morir...
Carmen empezó a hacer cuentas de que cosas debía rescatar, recorrió la casa buscando imágenes de santos, la laptop, fotografías, libros, ropa... y más cosas que ya estaban mojadas.
Tenía que poner tanto esfuerzo en no ceder a la desesperación, que seguía ignorando a Álvaro. Él caminaba de un lado a otro detrás de ella, preguntando qué pasaba y qué podía hacer...
—¡Carmen, detente un momento! —exigió él, y ella se quedó quieta enmedio del agua que ahora le llegaba a la cintura, así que él por fin pudo hablar— ¿Qué pasa?
—¿Es que nunca viste una inundación? —dijo ella, con un tono de rabia que Álvaro no creía merecer.
—No dentro de una casa... —respondió, confuso.
Ella lo miró como al más absurdo de los ignorantes.
—Lucky you! —dijo al final, y siguió buscando algo que pudiera rescatar.
Había una imagen de la Virgen, que ella supuso que a su madre le agradaría conservar. Y con aquel tesoro se marcharon, a casa del muchacho, que era más fácil viajar ahí por magia que caminar sin rumbo bajo la tormenta y con el agua al cuello.

Carmen estaba particularmente callada, sosteniendo el cuadro en el que casi nunca se fijaba nadie. Él se mantuvo cerca, con miedo de preguntar porque ella se ponía furiosa cada vez que él habría la boca. Supuso que ahora ella estaba tan segura como él que lo del agua no había sido buena idea.
—Cariño...
—What? —ese tono de fastidio no era una invitación a la conversación.
—No. Sólo... quería... ¿Estas bien?
Ella soltó una carcajada histerica. Que hizo que el se echara un poco hacia atrás.
—Mi casa... —dijo, entre risas—... esta toda... mojada...
—Eh... Sí.
¿En serio se lo decía como si fuera novedad? Ella estaba rara como nunca.
—¿Entonces como demonios esperás que esté bien? —gritó ella, furiosa— you idiot!
—Ah...
No, no había mucho que decir, y lo que fuera sólo la disgustaría. Pero, en todo caso, ahora ella estaba llorando como una chiquilla y cuando él la abrazó, incapaz de reaccionar de otra manera, ella simplemente correspondió al abrazo.
—Oh, my God! Mi mami me va a matar! —soltó de pronto, como si apenas se percatara de que había dejado que todo se mojara cuando se suponía que había ido a cuidar la casa.
—Te dije que te estabas pasando con eso de los cambios en la casa —murmuró él.

Y esa es la historia sobre los muebles nuevos. Aunque Carmen nunca entró en detalles con su familia respecto a la adquisición. Suerte que un anciando que se dedicaba al equivalente Oghense de diseño de interiores le debía dinero a Álvaro... pero lo que realmente les importaba... los recuerdos y cosas de valor sentimental... se habían ido con la corriente.
Y sí, todos los gritos injustificados, la joven los pagó cuando su tía descubrió que no había sido rescatada la laptop donde guardaba toda esa música de Julio Iglesias, Camilo Sexto y los Beatles descargada "ilegalmente" cuando todavía se podía. Con las demás hizo las paces, pero su tía, jamás la perdonó.
Cosa de los desastres naturales, mucho se pierde. Pero Emilio había ganado experiencia. Nada como conocer de malas a la persona con la que estás comprometido. Prueba superada... ya luego se ocuparía de las que estaban por venir. 

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