jueves, 3 de marzo de 2011

Degradación. Octava Entrada.


Planes
---------------------------------------------------Presente

 Kyle simplemente no quería matar a nadie, pero tampoco se dejaría matar tan fácilmente. Aceptó que Madeleine y Ana le enseñaran un par de cosas sobre sus habilidades. Pronto estuvo en posición de defenderse, y aprendió a pasar desapercibido sin necesidad de que su luz interna estuviera apagada. No podían probarlo, en realidad, porque su luz interna solía ser imperceptible de todas formas… excepto cuando Ana le contaba historias sobre Ada, y entonces, no recordaba que debía mantenerse oculto. 


Ana estaba triste por él, principalmente porque las cosas aún podían ponerse peor. Madeleine lo miraba con rabia todo el tiempo, no era capaz de entender que él no quisiera enfrentar a la líder, y más de una vez, le dijo que no podía creer que habiendo tantos valientes en su familia, justo hubiera sobrevivido él, que no tenía nada que aportar.

― ¡Esperábamos más de ti!

―Lo noté. ―respondió Kyle―Pero ese error lo cometieron ustedes. No soy parte del Clan, y no me interesa proteger a gente que aceptó su destino.

―¡Mil veces te he dicho que no podemos detenerla!

―Sí, lo han dicho: no hacen nada, para evitar los sacrificios, y esperan que yo sí me sacrifique. Si pierdo, voy a morirme sin haber tenido una vida. Si gano, seré un asesino y no voy a merecer una vida. Pierdo como sea, por gente que ni siquiera apoyó a mi familia cuando mis hermanos eran asesinados. Lo siento, no soy ese tipo de persona.

―Pues, si ya sabes lo que es que nadie te ayude, debes entender que dejar a esta gente a merced de una líder así, no es muy diferente a ser un asesino.

Lo miró a los ojos, con ese aplomo y ganas de ganar que la definían, y esta vez él no evitó su mirada. Ella jamás había notado realmente lo vacía que estaba la mirada de él…

―Tengo algo tuyo. ―dijo Madeleine, bruscamente, y lo dejo sólo en la sala.
Kyle entendía de pronto lo que había dicho Jared: al ser honesta, Madeleine sonaba muy… vulnerable.

Reconoció fácilmente lo que Madeleine trajo de la habitación. Era un pin coleccionable, maltratado por el tiempo. Colgaba de un hilo grueso. Cuando Kyle era un niño pequeño, Tony había convertido ese pin en un dije, y Kyle había tenido que suplicarle a Tomy que lo dejara quedárselo, ya que por regla general, todo lo que un gemelo hacía, lo conservaba el otro.

Era su última posesión, y un valioso nexo con sus hermanos. El solo hecho de sostener aquel juguete viejo, lo hacía sentir bien.

―Kyle, ahora es un gran momento para que practiques eso de pasar desapercibido. ―señaló Madeleine, algo nerviosa.

Ana no estaba en casa, ser descubiertos en ese momento era el peor escenario posible. Kyle lo entendía, y logró el objetivo con dificultad. Ocultarse, mentir… esos conceptos no los comprendía, por eso fue que le tomó tanto y Tomy tuvo tiempo de dar con ellos.

Ahora Tomy sabía cómo hacer tuneles en el espacio físico, así que llegó en cosa de minutos.

―Tomy. ―dijo la muchacha a modo de saludo, mirándolo fijamente, entre amenazante y precavida.

―Madeleine. ―la actitud de él fue similar a la de ella, pero estaba más seguro de sí mismo.

Aún así, no estaba completamente seguro de poder vencerla y sabía que tenía poco tiempo antes de que Ana volviera.

―¿Eres mi hermano? ―preguntó Kyle.

No se comportaba como él, en realidad. El gemelo de Tony era miedoso, caprichoso, y siempre seguía los pasos de Tony en lugar de… pensar por sí mismo. Este chico, tenía demasiada determinación para pensar siquiera que podían ser la misma persona. Pero Kyle creía que lo eran, por más miedo que diera este muchacho.

Madeleine estaba disgustada. Tomy, sorprendido. Pero sonrió y dio una respuesta evasiva:

―Puedo mentir, ¿sabes?, decirte lo que quieres oír.

―¿Lo eres? ―insistió Kyle.

―Si fui tu hermano, ahora no importa, igual te llevaré a tu muerte a cualquier costo.

―¿Por qué?

―Porque la líder me lo pidió. ―dijo Tomy con sencillez.

―¡Débiles! ¡Todos inútiles y débiles! ―rezongó Madeleine ―¿Cómo es que le eres leal a esa loca?

―Porque es quién es, Madeleine. Igual que yo. Tú y tu madre son las únicas que niegan su naturaleza. Abandonaron al clan, contradicen a la líder… Supongo que su valor es admirable.

―¿Qué rayos anda mal contigo? ―Madeleine estaba furiosa.

―Todo. Y al final, sólo quiero vivir. La líder lo ha dicho siempre: “Si juegas al bueno, vas a morir”, y tiene razón, así que hago lo que se necesita.
Madeleine frunció el ceño, pensativa. El enojo había desaparecido de su rostro.

―¿Sabes Kyle? ―continuó Tomy―Siento pena por tu situación. Incluso te diré lo que quieres saber, aunque no cambie nada: Sí, soy tu hermano. Y en cuanto pueda te arrastraré al jardín de la líder y estarás muerto antes de verla a los ojos. Entonces, el sacrificio de Tony no valdrá nada y mi tía verá morir a su hija antes de que sea su turno. Y ahí acaba todo.

Kyle no se dejó impresionar. Poco después, Tomy ya no intentaba convencerlo de que se apartara del camino de la líder. En todo caso, era justo eso lo que Kyle quería hacer, pero una parte suya sentía que Madeleine tenía razón sobre dejar desprotegidos a los demás.

En pocos segundos todo cambió. Madeleine dejó de ser el único obstáculo en el camino de Tomy. Supo que llegaría Ana y sintió miedo. Ana se ocultaba de él y él se ocultaba de ella… aunque podría decirse que se ocultaban de todos… En todo caso, Tomy se preocupaba por lo que Ana pudiera comprender basada en lo que él hacía. Aún cuando Madeleine lo conocía mejor a él, Ana sabía más sobre la situación.

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