domingo, 24 de octubre de 2010

Música para Matar ( I )

Ella lleva el cabello teñido de azul. Se ve tan dañado que es normal que esté arrepentida de haber probado ese tinte. Está buscando una emisora en la radio mientras el conductor del taxi se debate entre insultarla o apagar la radio bruscamente. No cualquiera tiene la desfachatez de cambiar la emisora en un taxi, pero ella no es cualquiera: es Jannice.

Deja una canción en inglés. Sabe que es de The Fray, y asume que el nombre debe ser “How to save a life”. El conductor odia esa canción, así que aparta la vista de la calle, solo por un segundo, para poder cambiar la emisora. Ella sonríe cuando un niño suelta la mano de su niñera y corre justo frente al auto, persiguiendo alguna cosa que sólo él considera valiosa. La niñera es la última en darse cuenta. Justo después del niño. Lo que sea que piensa al ver el taxi, es lo último.

La líder actual del clan, sentada en su hermoso jardín, abre una libreta vieja en una de sus últimas páginas y tacha un nombre. Es triste que muera un niño, pero no podían dejarlo crecer.

Después de un rato Jannice llega al parque. No se entretuvo demasiado en el sitio del accidente porque sabe que hoy tendrá un día ocupado. Luego de lo que debe hacer en el parque, planea tomarse el tiempo para ese tratamiento que su cabello azul está necesitando, y quizá elegir un color menos llamativo.

A varios metros, un muchacho habla por celular mientras ve hacia arriba. Un crujido en el árbol que le da sombra ha llamado su atención; por eso ve hacia arriba, en lugar de ver a la muchacha de pelo azul como hacen los demás, y ha perdido el hilo de su conversación telefónica. Logra retomarlo  cuando Jannice pasa frente a él.

- Sí… No tengo nada que hacer hasta las cuatro… OK, nos vemos.

- ¡Qué casualidad! – le dice Jannice – También tengo libre hasta las cuatro. ¿Qué tal si tenemos una cita?

Sólo ahora se fija en ella, dedicándole la misma expresión de asombro que ha recibido todo el día.

- Pero… - logra responder – Yo no te conozco.

Sabe que está siendo brusco, pero es la verdad. Está demasiado sorprendido para ser diplomático… igual él nunca lo ha sido.  Jannice (ahogando con su voz un nuevo crujido de la rama) responde con tono divertido:

- ¿Y?

- Es que… No sabes quién soy, ¿cómo quieres…? Es decir… vienes y me invitas a una cita como si nada.

- Duh, todo el mundo lo hace. – en efecto, Jannice no sabe nada de él, pero no le interesa… tampoco es que realmente quiera una cita.

- No me parece. – dice él, volviendo a su habitual tono relajado.

Se levanta y renuncia a la sombra para poner distancia entre esa muchacha tan rara y él mismo.  Jannice se da la vuelta y avanza un par de pasos, con esa sonrisa de triunfo en su rostro, antes de que una enorme y gruesa rama caiga con un estruendo. Pero la sonrisa se congela en su rostro. ¿Perdió? No se da la vuelta, pero comprende que algo pasó.

El ruido distrajo al hombre que trabajaba restaurando la estatua del centro del parque, y de algún modo golpeó donde no era y una afilada pieza de roca alcanzó el cuello del muchacho. En un momento, estará tan muerto como si ella no hubiera intervenido. El juego continúa en empate.

- Ella es más fuerte. Él es más listo. Estoy impaciente. – dice la lider, tachando otro nombre en el cuaderno. 

Esta vez, sonríe.

Ellos dos también están impacientes. Tienen una cuota que cumplir, y el que la alcance primero, ganará la contienda. Al inicio, ella creía llevar la ventaja, él mismo, no se creía con en condiciones de vencerla, pero las cosas acaban de cambiar; ella quebrantó una regla. Lo más probable es que eso no se tome en cuenta, pero para él, es una puerta que se abre.

- Me boicoteaste.  – él la confronta.

- Y tú lo manejaste muy bien.  – responde ella – Felicidades.

- ¿Significa que jugaremos sucio?

- Si tú quieres. Es nuestro derecho tirar las reglas, ¿verdad?

- Está bien.

- No es que tuvieras muchas oportunidades antes, pero ahora, estás acabado.

- Puedes decirlo si quieres. – dice él, desafiante.

Tomy sale por la puerta este, Jannice por la sur. Ambos se sienten más seguros que nunca.

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