lunes, 20 de septiembre de 2010

Siete Niños || Edad:16 años

Andrea

Aurelio había crecido lleno de virtudes. Todas sus compañeras querían salir con él. Incluso algunas que ya estaban saliendo con alguien, pero no hablemos de moral ahora.

Andrea quería que Aurelio la quisiera. No es que ella lo quisiera a él; pero tendría muchas ventajas tener su afecto. Una vez que él empezó a cortejarla, se hizo rogar un tiempo. Si en su vida había algo parecido a la felicidad, era lo que sentía al escucharlo. Aurelio era el tipo de persona que sabe como hacer sentir bien a otra sin necesitar ni riquezas ni poderes sobrenaturales.

El problema es que una relación así solo puede hacer feliz a una persona. Cuando ella aceptó salir con él, Aurelio creyó que eso era bueno; pero no lo era. Su miseria sería lo que alegraría medianamente la vida de Andrea.


Diana

- Es mi amigo... Pero no como tú. Y no sé... - Diana trataba de concentrarse para poder explicar lo que sentía - No sé como...

Suspiró. No podía explicarlo. Pero Eduardo entendía muy bien.

- No sabes como manejarlo. No puedes hablar con él porque sale con alguien ahora. No te preocupes tanto. Sólo sé tu misma, has lo que sientes. A veces la gente hace tonterías cuando se deja llevar por los sentimientos, pero tú no. Tú estarás bien.

- ¡Pero no! Eduardo, yo no estoy enamorada de él...

- No que tú sepas. - sonrió Eduardo.

- ¿Cómo podría no saberlo?

- No lo sé. Pero... Nah, arruinaré la sorpresa.

- Hazlo. Arruínala.

- Bien: ya te vas a dar cuenta, y se lo dirás.

- ¿Qué? - dijo Diana, sorprendida - ¡No! ¿Soñaste eso? Si fuera cierto, no podría decirlo.

- ¿Quieres apostar? - rió él.

Eduardo

Ocurrió entonces. Si Eduardo lo hubiera comprendido a tiempo, habría cambiado la realidad enfrentando las reglas que controlaban su vida. Pero cuando había visto esto, Eduardo había creído que era un sueño y lo había olvidado.

Había un auto estacionado en la acera y Eduardo y Diana, como todo el mundo, tuvieron que caminar por la calle al lado del auto. Un muchacho en una bicicleta que venía en la dirección opuesta pasó entre los dos sin fijarse en nada. La calle tenía tanto tráfico como siempre pero Eduardo no se fijó en eso cuando tuvo que apartarse del ciclista.
Quizá era el mismo conductor que casi había arrollado a la maestra de Eduardo. Quizá habría aprendido su lección si hubiera ocurrido el accidente  con la maestra, pero lo más seguro es que no. Diana intentó advertirle, pero no hubo tiempo para que Eduardo se apartara.

Andrea

Tenerlo todo no es la felicidad. De hecho, es difícil ser feliz cuando se tiene todo. Aún no me explico por qué, pero probablemente sea porque no hay motivación.

Después de un tiempo, las atenciones de Aurelio ya no eran gran cosa para Andrea. No comprendía porque estaba tan vacía, perdida en un mundo que giraba alrededor de ella... y de la voz de Leonardo.

Leonardo

No sintió culpa por la muerte de su hermano menor. Sólo alivio.

Entonces conoció a la hermana de Sofía. Y antes de conocerla suficiente sabía que había mucho que amar en ella.

Irene quería ir al baile, pero sus padres le habian negado el permiso; Sofía le había recomendado que fuera obediente, que sus padres sabían lo que hacían y que habría otros bailes, y ella se había conformado. Cuando Leonardo la invitó,  ya había rechazado a dos amigos que la habían invitado antes.

Pero a él no pudo decirle que no.

Sofía

- ¡... completamente loca! - Sofía concluía un alegato bastante largo.

- Pero yo...

- No puedes ir y lo sabías.

- Pero... Fue como si no dependiera de mí.

- Más razón para no estar fuera de casa con él, por la noche, sin que papá y mamá lo sepan.

- Tú irás conmigo, ¿no?

- ¡Que gran ayuda! El fantasma de tu hermana. ¿Te falta un tornillo? Si apenas logro que tú te des cuenta de mi presencia...

- Pero, escribiste en el diario, limpiabas tu habitación...

- Borro el pizarrón por las mañanas, riego el jardín y alimento a los pajaros. Pero soy una sombra. No puedo cuidar de ti. Además Irene, no se supone que yo pueda estar aquí, y no lo haré para siempre. Debes madurar, ser capaz de cuidar de ti misma.

- ¡Espera! ¿Vas a dejarme?

- Es que esto no está bien. Afecto a los vivos con mi presencia. No se siente bien, ¿comprendes?

Irene no dijo nada. Solamente negó con la cabeza.

- No vayas a esa fiesta, Irene. Nada bueno sale de las cosas malas, y mentir a tu familia, o andar por ahí con alguien que no conoces casi nada y se te impone... eso no puede ser bueno.

- Pero... me odiará.

- ¿Y qué? ¿Acaso no podría ser peor?

- Él no me lastimaría.

- Entonces, no te odiará. Dile que no irás. - Sofía estaba segura de que Irene podía hacer eso, pero claro, ella no sabía lo que la voz de Leonardo podía hacer.

De mala gana, Irene fue a explicarle a Leonardo que no podía ir a la fiesta, que sus padres se lo habían prohibido.

Leonardo.
Por primera vez en su vida, y para su propia sorpresa, Leonardo se resignó.l

- Pero... ¿podemos hacer algo... otro día?

- Llámame y  arreglamos. - dijo ella, por voluntad propia.

- ¿En serio?

- Uhum. - ella asintió con la cabeza.

Tampoco se había alegrado antes por obtener una afirmativa, ni había estado preocupado de que le dijeran que no.

Eduardo

Mientras Diana murmuraba un "No quiero que te mueras", Eduardo supo que para él eso era todo. Y no le molestaba... excepto porque no había podido despedirse de sus padres. No llegarían al hospital hasta que fuera tarde.

- Debes... decirle a mis ... - le costaba tomar aire para hablar - padres...que... hice lo que... debía. Qué estoy... bien.

- Pero yo...

- Javier... Algo malo le pasará. Y la... la doctora - ahora que lo pensaba, tenía muchos asuntos pendientes.

- Ella esta bien. Le supliqué para que te atendiera. - dijo Diana, con lágrimas en los ojos  pero con el pensamiento muy claro - Eduardo, no quiero que mueras.

- No. Esta... bien.

- No...

- Tú lo dijiste. ... Lo que... no puedo cambiar...

Esta vez ella asintió.

- Cuida de Aurelio. - de pronto, se sentía menos cansado.

- Está bien. Pero no voy a hacer lo que dijiste. - sonrió ella.

Eduardo sonrió también.

- Lástima. No estaré... cuando Carmen... vuelva.

- ¿Quién es carmen?

- No...arruinaré la... sorpresa.

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