lunes, 13 de septiembre de 2010

Siete Niños || Edad:13 años

Leonardo

Fátima estaba feliz. No había estado tan feliz desde que le dijeron por primera vez que esperaba un hijo. Ahora, Leonardo tendría un hermano menor. Fátima estaba preparada para decírselo, pero su esposo había arruinado la sorpresa. Peor aún, Leonardo no estaba feliz.

Leonardo se sentía amenazado Algo absurdo para un niño que siempre se salía con la suya; pero justamente por eso, al no saber que igualmente iba a tener cuanto quisiera, le preocupaba compartir todo con un hermano.



Andrea

Sin darse cuenta de que a veces lástimaba a otras personas, Andrea quería más cada vez. Las personas más afectadas habían sido su hermano, Ivan, y una chica de un curso superior que siempre la molestaba. Andrea sí estaba consciente de los daños que causaba, y por lo general, lo hacía a propósito. Sobre todo cuando se trataba de esa chica, Laura. Tenía mucho de que vengarse.

Diana

Aurelio estaba teniendo un mal día. Por eso, conoció a Diana, quien acudió a consolarlo.

Con el tiempo, Diana y Aurelio se hicieron muy amigos, y ella incluso lo incluyó en las actividades de Eduardo para cambiar el futuro que él veía. No le explicaba de donde obtenian la información necesaria, o porque hacían lo que hacían, simplemente le pedía ayuda, y Aurelio no hacía demasiadas preguntas.

Diana estaba cada vez más encantada con la tarea de Eduardo, mientras que su propio don más bien la agotaba. Era más difícil, porque era algo solitario.  Ayudar a Eduardo era algo que hacía en grupo y se sentía a gusto.

José

El de Diana era un retrato que ponía de nervios a José. Cambiaba constantemente, casi nunca para bien. A veces, llegaba a sentir pena por ellla, igual que por Andrea. Ambas tenían retratos tristes, pero Andrea era la peor: podía tener lo que pidiera, y nunca había pedido felicidad.

Leonardo en cambio, le daba miedo. Había dejado el retrato a la mitad por eso. Los celos casi lucían como maldad, y si José hubiera sabido algo del hermano de Leonardo, quizá habría corrido a advertirle a Fátima que el bebé corría peligro cuando naciera... o ahora mismo.

Su favorito era el retrato de Eduardo. No podía lograr los colores, pero intentarlo era muy agradable. Admiraba a Eduardo, porque no conocía su vida, pero si su carácter.

- Eres ciego. - dijo Laura, como si la noticia fuera nueva para José - No puedes dibujar.

- ¿Tú qué sabes? Déjame tranquilo.

- ¿Acaso...?

- Si no me dejas tranquilo, se te seguiran pudriendo los dientes. - dijo, con el tono que supuestamente se usa para "echar mal de ojo".

Laura puso cara de miedo un minuto y luego se percató de que su hermano solamente la estaba molestando. Era verdad que sin importar lo que hiciera sus dientes seguían dañándose (cortesía de Andrea, adivinaron) y el comentario era un golpe bajo.

Se marchó dando un portazo y su hermano pudo volver a sus asuntos, aunque sintiéndose un poco culpable. "Se lo merece", pensó, pero igual se sentía culpable.

Leonardo

- No. No quiero un hermano.

- Bueno, es tarde para...

- No mamá, porque aún no ha nacido. No lo dejes nacer.

Fátima estaba horrorizada. Pero, no pudo negarse.

Sofía

Es difícil ser una sola, porque siempre fuimos dos.

Irene no estaba  sorprendida. Dio vuelta a la hoja de su diario.

Necesitas entender que ya no estamos unidas. No como antes. Me alegra que dejaras que se llevaran mis cosas. Papá sabe que escondiste la caja de música. Pero también sabe que mereces tenerla.

No estaba ni loca, ni dormida. Era verdad, y estaba feliz por eso.

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