martes, 7 de septiembre de 2010

Siete Niños || Edad:12 años

Carmen

Una sola había abandonado la ciudad: Carmen. Sabía que tenía una cualidad que muchos disfrutarían, pero que pocos tienen; si estaba en lo correcto, nadie podía llevarle la contraria. Ella misma, no podía determinar qué era correcto y qué no lo era; pero de algún modo, funcionaba. Además - y Carmen creía que esta era la mejor parte - si se equivocaba, siempre había alguien que le señalara su error. Cuando explicaba algo, los demás siempre podían recordarlo...

Sí, había una desventaja: no podía mentir. Pero podía vivir con eso. La verdad era difícil a veces, pero siempre era buena.

Quería volver. Pero no todavía.


Sofía

- ¡No pueden tirar sus cosas! - gritó la niña.

- Irene, tu hermana...

- Sofía escogió estas cosas, le gustaban. Ahora, sin ella es como... es...

- Es igual que con su cuerpo, Irene. - intervino Claudia, la hermana mayor - Sin ella, solamente se arruinarán. Y la verdad es que ella no las necesita ahora. No está tirándose nada. La gente a la que se las damos, si necesita estas cosas.

- ¡Pero yo quiero quedarme con las cosas de mi hermana!

Irene volvía a llorar. Cada día tenía una excusa para llorar más. Era normal, decían todos, porque Irene y Sofía habían estado juntas desde el momento en que nacieron.

Cuando Sofía enfermó y los medicos dijeron que ella iba a morir, nadie quería decirselo a Irene, pero Sofía lo hizo sin ninguna lástima. Murió más pronto de lo esperado, pese a que su gemela seguía suplicandole que no la abandonara.

José

Laura le preguntó a su hermano  menor que estaba haciendo. José no quizo responder. Cerró su libreta, pero Laura intentó arrebatarsela, haciendo caer al suelo los colores que tenía ocultos en ella.

- ¿Para que necesita colores un niño ciego? - preguntó Laura, extrañada.

La madre de ambos, Irina, llegó a tiempo para evitar una pelea, aunque ni se fijó en la tensión presente porque estaba regañando a Laura por sus bajas calificaciones.

A solas, José pudo seguir con el retrato de Carmen. Nunca se había encontrado con ella, pero la conocía de algún modo. Aunque José era ciego, podía "ver" a algunas personas. No sabía nada de auras ni de colores. Pero podía pintar el carácter de las personas.

De todos sus dibujos, éste era el que más le gustaba. Carmen no tenía complicaciones. Era fácil de dibujar, y fácil de querer.

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