lunes, 16 de agosto de 2010

Siete Niños || Edad:11 años

Sofía

Llovía a cantaros. Irene tenía frío. Ya no podía llorar más, y ahora sólo temblaba nerviosamente; seguía sin poder creer lo que ocurría. La mayoría de los presentes ni siquiera habían conocido en realidad a Sofía, y a Irene la hacía sentir muy incomoda que de pronto hubiera tanta gente interesada en su hermana.

Aquello no podía ser verdad. Irene estaba convencida de que aquello no era cierto... No terminaba de aceptar que Sofía no volvería.


Diana

Eduardo irrumpió en la vida de Diana una tarde de agosto, poco después de alterar por quinta vez el destino. Estuvieron cerca de atropellarse mutuamente, y se esquivaron apenas, y aunque su instinto le dijera lo contrario, Eduardo se dio la vuelta y la alcanzó para saludarla.  Sólo así, como sí la hubiera visto antes. Y así era; pero nunca se le había ocurrido hablarle.

En septiembre,por primera vez, Diana se vio llorando por causa de Eduardo, más por que lamentaba que su amigo sufriera y menos por su empatía. Llorar así fue importante para ella, porque al fin podía estar segura de que era humana pese a ser especial.

Eduardo

Conocer el futuro no siempre es suficiente para alterarlo. Quizá porque algunas cosas deben ocurrir, o porque nadie escucha lo suficiente a los niños, Eduardo no consiguió salvar a ese hombre. Pedro Pablo Robles de la habitación 202 no atendió al chico. Solamente le gritó que se marchara, sin abrir la puerta siquiera. También lo ignoraron los policías a los que les dijo que el edificio iba a incendiarse.

Eduardo repasaba el incidente, pensando que debía esperar más, insistir más, buscar a otra persona... Quizá si hubiera sabido como iniciaba el incendio.  Pensar en ello no corregiría lo que ya había pasado, pero ahora Eduardo temía que algo así ocurriera de nuevo.

Podría haberlo superado solo, pero no fue necesario. Tuvo el valor de contarle a Diana - con la sensación de que ella iba a reírse - todo lo que había ocurrido. Al acabar el relato, el niño estaba llorando. Diana lloró con él. Le creía, y no consideraba que él tuviera la culpa. No siempre podría cambiar las cosas, pero se esforzaba, y eso era importante.

Con ese fundamento, se perdonó a sí mismo, y continuó haciendo lo posible. No llegó a cuestionarse si de verdad tenía derecho de cambiar la forma en que funcionaba todo. No se preguntó que efecto tendrían esas vidas rescatadas. Salvar personas debía ser lo correcto, y si podía ver el futuro, tenía que ser porque podía cambiarlo.

Andrea

Archie no habría invitado a Andrea a salir, pero eso era lo que ella quería.

Aunque obtenía siempre lo que deseaba, no se consideraba afortunada. Sabía que era poco agraciada y no conocía a nadie que la quisiera por quien era. Sus padres no tenían tiempo jamás, no para ella. Estaba siempre sola a menos que deseara lo contrario con la suficiente intensidad.

Generalmente deseaba cosas buenas para sí misma, pero a veces. A veces deseaba cosas malas para gente que odiaba. Como Laura. Y es que Andrea era veloz para odiar, pero Laura, era más fácil de odiar que otras personas de la escuela.

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