lunes, 19 de julio de 2010

Acerca de Valeria. capítulo 2

Su Ausencia

El sol ya estaba ocultándose cuando llegó Emerson Trump: el nuevo dueño de casi todo en la región. Unos habían vendido, otros habían perdido apuestas. Y Trump había ido comprando. Finalmente tendría la hacienda que había soñado, y estaba decidido a tomar parte en el desarrollo de este sueño. Sí, tenía empleados, pero él quería hacerse cargo de esto.

Ese día tenía muchos planes... y ya casi caía la noche. Iba a maldecir a su suerte, cuando vió al ser más hermoso posible. De alguna manera consiguió ignorar que era casi una niña y decidió que se casaría con ella.

Cuando llegó a analizarlo mejor, en esa su primera noche de insomnio, comprendió que debería esperar algunos años y caer en gracia con ella y con su familia.  ¡Tanto trabajo por una mujer bonita! Por la mañana, su determinación de casarse con ella había quedado en el pasado. Volvió a concentrarse en sus proyectos.



Algunas personas sufrieron. Pero, ¡que felices estaban aquellos que pudieron conservar sus hogares o tierras! Claro que a cambio debían trabajar para Trump. Y él sólo les había dejado esas tierras porque a él no le servían para nada, no porque el fuera de corazón noble. Con todo, aún los más recelosos se sintieron afortunados de seguir teniendo techo.

Existe gente con poder, y existe gente con suerte... aunque no necesariamente buena suerte.

Para ejemplo, está Jaime Pérez, un hombre que nació con fortuna, era un tanto maquiavélico y más instruido que cualquier otro de la aldea. Pero había resultado tener mala suerte para el juego. Había perdido todo y ahora sólo le quedaba suplicar para trabajar al servicio del nuevo dueño, pero, fuera del juego, tenía suerte: sus tierras no le servían a Trump.

El terrateniente iba a aceptarle su petición de trabajar a cambio "siquiera" de la casa, cuando un pequeño alboroto llamó su atención. Cerca de la casa que Trump habitaba temporalmente, un par de niños que entraban a la adolescencia, habían dejado caer unos troncos.

- ¡Pero que hacen! - dijo Jaime Pérez.

El niño se puso muy nervioso, pero la niña se limitó a responder, con seriedad:

- Disculpa, padre. Nos tropezamos.

Era mentira. Trump los había visto claramente, jugaban y por eso habían golpeado los troncos que se sostenían apenas.

- ¿Esa joven es su hija?

Al verlos antes, Trump había creido que buscaban trabajo, o que ignoraban que era propiedad privada. Pero, al parecer, acompañaban al señor Pérez.

¡Cómo habían cambiado las cosas en un instante!

Y no, no estoy cambiando de tema. Porque esa preciosa joven, era Valeria, y haciendo estragos con ella, estaba yo.

No sabíamos que era la última vez que jugaríamos.

Cuando nos fuimos, mi padre estaba feliz, y le anunció a mi hermana que la había comprometido con el señor Trump. Mi hermana lloró, se negó, volvió a llorar. Junto a Susana intentamos buscar una tercera opción.

No la encontramos; íbamos a quedarnos en la calle, y según mi padre no era por su vicio con el juego, si no por la "estupidez" de mi hermana. Dijo que la obligaría si era necesario. Y así fue como la llevó a la fiesta de compromiso.

Yo había jurado no ir a esa absurda cermonia, pero lo hice para que ella no estuviera ahí sola. Debí quedarme en casa.

El tipo beso a mi hermana y ella se resistió. Así que él estaba furioso. Creí que la golpearía, y lo empujé. Con mi estatura (poco aún para mis doce años de edad) era una broma. Al que golpeó al final, fue a mí. Cuando me desperté, estaba en mi cama, Valeria estaba sentada a mi lado llorando.

- Que no estoy muerto, hermanita. No chilles.

- Voy a casarme con él, Jaime. - dijo muy seria.

- ¡Claro que no! - dije, incorporándome por impulso.

- No lo aceptará de otra manera. Nos dejará en la calle... y luego, quien sabe. Mejor me caso con él y acaban los problemas.

- ¡Serás tonta!

- Jaime...

- ¡No! Cásate de una vez, pero a mí no me vengas con esto, tonta.

No sé porqué dije eso. Pero sé que no lo hubiera dicho de saber que no le hablaría nunca más.

Primero, dejé de hablarle. Luego ella se fue, tan pronto como se casó. Yo no respondí sus cartas. Ni siquiera las leía. Finalmente llegó la carta de su "esposo". Mi padre, que no había recibido una sola carta de Valeria, creía que eran buenas noticias, una visita, o el perdón de su hija. Pero no. Me arrepentí de no haberle hablado a mi hermana antes, porque ya no había oportunidad. Mi hermana mayor había muerto poco antes de alcanzar los quince años.

2 comentarios:

  1. Estoy encantada de que te pasases por mi blog y poder contactar contigo. Tienes una nueva seguidora. Me gusta mucho tu blog!! Tengo que hacer un recorrido con calma...
    Un beso,

    ResponderEliminar
  2. Bienvenida. Y espero que te diviertas.

    ResponderEliminar

Publicación Anterior:
Cuotas de Libertad

Página de la Historia


Seleccionar Capítulo: