martes, 22 de junio de 2010

Hermanos en lo extraño. Etapa 9

Etapa 9
Sin Enemigo Común

Amelia y Caleb. Eran los nombres respectivos de Hoguera y Tempestad. Los verdaderos. Quizá ellos seguirían utilizando los nombres con que alguna vez se habían tratado, pero... sus padres los recordaban como Amelia y Caleb.

Habían sufrido mucho a causa de aquel secuestro, y de los poderes que habían obtenido. Odiaban aquellos poderes y estuvieron felices de perderlos. Pero lo mejor fue volver a sus hogares, donde, pese al tiempo, los recibieron con alegría.

*****

- Es increíble, pero nunca esperé tomarle afecto a mi don. Ahora ni siquiera puedo entender como es que Gerardo quiere renunciar al suyo. Tú, por otro lado, siempre estuviste encantado con tu poder, ¿cierto, Javier? – dijo Idalia

- Sí, pero no por el don. Por mi hermano. Es importante que… estemos unidos. Es que pasamos tanto tiempo sin saber siquiera que el otro existía…

- Pero Jaime no puede tomar decisiones por ti. – dijo Idalia, de pronto – Parece que nunca vas a reaccionar sobre… Maribel.

Javier cambió el tema, y alejó la idea, por milésima vez, de sus pensamientos.
Curiosamente, Maribel tenía que enfrentar el mismo tema, segundos después.

- ¿En serio vas a esperarlo por siempre? – dijo Fátima - ¿Es así de… bueno?

- No sé si voy a esperar por siempre. No buscaré a otra persona, pero tampoco se si él me encontrará a mí… Es sólo que… yo quería quedarme al lado de mi primer amor. Como tú.

Fátima sí era feliz al lado de Jaime. No era igual que antes de la llegada de Javier, pero Fátima casi habría jurado que era mejor. Jaime era feliz, y ella era feliz con él. No tenía mayores problemas ahora que podía distinguirlos incluso cuando cambiaban de cuerpo.

*****

- Ya me decidí. – declaró Gerardo.

- ¿En serio? – dijo Douglas – Yo esperaba que quisieras conservar tu poder.

- Es que eso es lo que decidí. Me haré responsable por mi don. No es que me guste como a Maribel le gusta asustar a la gente, es sólo que. Sí puede ser útil algún día.

- Me alegro que lo veas así. Siempre… asegúrate de mantener el control, ¿está bien?

- Sí. Si me controlo a mí mismo, puedo controlar mi don. Dijiste que así es como funciona… ¿Qué tal les va a Caleb y Amelia?

- Bien. Al fin están bien. Y parece que también ustedes.

- Lo estamos.

Finalmente eran libres, y lo estaban disfrutando bastante. Los poderes que nunca habían pedido, eran parte de sus vidas.

*****

- Ahora, ¿Qué hacemos? – dijo Idalia, mientras Jaime se les unía presumiendo su calificación en Matemática I.

Tenían casi un mes de vacaciones por delante.

- No sé – dijo Javier, sonriendo – Ahora que no están los Villalobos, tendremos que ver televisión… y quizá estudiemos cuando acaben las vacaciones.

- Enséñales artes marciales. – sugirió Fátima.

- Y luego, podemos ver que hacemos con nuestros poderes. – dijo Maribel – Nada llamativo, claro está.

Sólo oír la voz de Maribel, le causaba a Javier deseos de enfrentar su miedo al amor… y ese día ella lo notó – donde había miedo, Maribel podía descubrir más de lo imaginable – de modo que decidió que podía esperarlo largo rato. Quería hacerlo.

Todos ellos siguieron siendo amigos. Idearon un código para regir el uso de sus poderes; más que nada con ideas copiadas de la televisión, pero incluía los principios de cada uno de ellos, y la madre de Gerardo y el hermano de Maribel – ignorantes de la existencia de aquellos poderes – ejercieron una considerable influencia en muchas de las reglas.

Las clases siguieron a las vacaciones… y aún entonces, tenían toda la vida por delante. Para aprender, equivocarse – y aprender – amar, usar sus dones – los especiales, y los demás –, ser felices, y, ¿por qué no?, para ser héroes.

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