lunes, 21 de junio de 2010

Hermanos en lo extraño. Etapa 8

Etapa 8
La Librería

Aunque los estaban esperando, Javier no contaba con tener que enfrentar solo a Luna y Gravedad. Sin embargo, así se había dado la situación, y tenía que afrontarla.
- Tengo algo importante que decir. – suponía, acertadamente, que está vez no había interés alguno en llevarlo con vida, así que debía captar rápido la atención de sus atacantes – Ustedes no están solos en el mundo; sus padres murieron hace mucho, pero ustedes se tienen el uno al otro.
- ¿Qué murieron? – dijo Gravedad – ¿De donde sacas eso? ¿Qué le pasó a mis padres?
- Sus padres, Leo. Ustedes son hermanos. Gemelos. Como Jaime y yo… Aunque no tienen nuestro don.
- ¿Por qué te creeríamos? – dijo Luna – ¿Cómo puedes saberlo?
- Preguntamos, Patricia. Ellos se asustan igual de fácil que nosotros. Acaban por contarnos lo que queremos saber – era mentira, Douglas se los había dicho – Ese año, secuestraron huérfanos. Ustedes y otros dos. Sabían más sobre ustedes que sobre nosotros. Pueden creerme a mí, o simplemente preguntar. Aún sin el don de Maribel, ustedes pueden asustar a una de las cuatro personas que saben sobre ustedes. Son Máxime y Marcelo, por supuesto… Doyle y… una mujer… Milagros… ¿Se atreverán a preguntarles?
- Dices que… ¿somos gemelos? – dijo Luna.
Gravedad y Luna se miraron el uno al otro mientras Javier decía que sí, que eso había dicho.
Luna dejó se cegar a Javier, y él se marcho mientras los gemelos se reconocían.
- “Patricia” – dijo él, tratando de creerlo.
- “Leo”. – respondió ella.
Solos en el mundo; pero juntos. Nunca habían tenido nada más, y de algún modo, suponían que podían seguir así. Aún si Javier mentía, la idea los había seducido bastante. Y algo de lo dicho por Javier era, sin duda alguna, verdadero: ellos podían sacarle la verdad a Doyle. Sin duda el no sería tan valiente ahora que ellos no estaban en jaulas… No, no estaban en jaulas, y por primera vez eran concientes de ello.
Tan pronto como exigieron respuestas, confirmaron las palabras de Javier. Entonces, dejaron de ser un obstáculo; se alejaron lo más posible del asunto, listos para escapar en cualquier momento, pues suponían que los cazarían; ellos debían saberlo, pues habían sido cazadores hacía muy poco.
Tuvieron, sin embargo, la suerte de que la organización estuviera muy ocupada con los otros jóvenes. Ellos habían seguido investigando, y de seguro los delatarían pronto.


*****

Ni Hoguera ni Tempestad eran malas personas. Pero no podían controlar sus poderes. Así que Douglas había recibido la orden de matarlos. Pero en lugar de eso, los había encerrado en la Librería.
Debía ocuparse de ellos antes de llenar el sitio de policías. Pero no había sido fácil encerrarlos ahí, sacarlos era un problema mayor. Y terminar la investigación antes de realizar la denuncia. No sólo por que Marcelo y Máxime querían matarlos, más bien porque un día u otro secuestrarían a otro grupo de bebés.
- ¿Dices que los cuida, mientras busca una… cura? ¡En serio no sé como Douglas trabaja con esa gente! Es bueno, ¿verdad? – dijo Fátima.
- Al parecer, primero fue por la ciencia. – dijo Jaime – Y cuando entendió en qué estaba… Tiene miedo de ellos. Ahora que los delatará, es porque Maribel le mostró algo que teme más.
- Entonces, ¿ella lo está obligando?
- No, no. Ella le mostró lo que puede pasar si ellos siguen haciendo esos experimentos. Él decidió ayudarnos a detenerlos. Si tiene pruebas suficientes de los niños que murieron, no será necesario que nosotros quedemos en evidencia. Pero una vez que la policía vaya a la Librería… Eso lo tenemos planeado, nos aseguraremos de que Máxime y Marcelo estén ahí, para que no haya dudas… El caso es que, cuando la policía llegue, ¿Te imaginas lo qué les harán a esos chicos?
- Se me ocurren algunas cosas y… tengo miedo.
- ¿Por esa gente? Ya no será un problema, más bien es peor ahora… ¿O te preocupas de lo que les hará la gente a estos…?
- Y se imaginarán lo que pasa con ustedes, ¿no te preocupa? Bueno, creerán que tú no, pero…
- Es una posibilidad, pero la hemos reducido bastante, acuérdate que en un momento, pensamos en decirlo abiertamente… ¡De todas formas, no los vamos a dejar ahí! Pero no sabemos como sacarlos, la Librería nunca está vacía, y aún si logramos sacarlos, ¿Cómo los vamos a controlar? Hay que preparar u sitio de contención tan bueno como el que Douglas tiene en ese sótano.
- Jaime, ¿hay otros como ustedes?
- Creo que sólo Luna… digo, Patricia y Leo. Y, ya sabes, los que cuida Douglas.
- ¿Los demás…? ¿Los demás bebés murieron?
- A los que no murieron a causa de los experimentos… los mataban porqué perdían el control. El motivo es algo que no le diremos a la policía… más bien, Douglas no lo dirá.
- ¡Pobre hombre! Lo tratarán igual que a los otros, y él no es como ellos. Sí, hizo cosas horribles, pero…
- Él piensa que lo merece, parece sentirse cómodo ante la idea de redimirse. Y… no sé, creo que la gente deberá entender sus razones… ya sabes, primero se equivocó, y luego… dirá que reunía pruebas, o algo así. No saldrá de esto con una felicitación, pero tampoco creo que lo traten igual que a los otros.

*****

La idea se le ocurrió a Gerardo, pero los demás tuvieron que darle forma. Sí era tan difícil sacar a Hoguera y Tempestad, debían intentar sacar la Librería. Después de todo, sí ellos se iban con su equipo y demás, el lugar podía seguir siendo simplemente el hogar – la prisión, y la fortaleza protectora – de Tempestad y Hoguera.
Era un plan complicado, pero no tenían uno mejor. Sí lo hacían bien, funcionaría. Debían seguir la cadena de información, para rastrear la ubicación de la Librería sin que nadie supiera que Douglas estaba apoyándolos. Luego, al entrar a la Librería, debían asegurarse de no ser atrapados, y de no causar un caos semejante al que Maribel había simulado en la pesadilla de Douglas.
Les tomó meses rastrear la Librería. Irrumpieron en ella, aún después, cuando hubieron marchado a la ciudad vecina, hogar de la Librería, para asistir a la universidad.
Llegado el día, todos – incluyendo a Fátima, Gerardo y Douglas, quienes no asistirían – estaban muy preocupados.
Máxime y Marcelo no estarían ahí, pero ellos fingieron que los buscaban. Incluso mostraron decepción ante su ausencia.
- Lo cierto es – dijo Jaime, según lo planeado – que si van a prisión no podrán molestarnos más. Es mejor para nuestras conciencias que incendiar este lugar con ustedes dentro.
- Además, sus jefes no están. – dijo Maribel.
- Nadie… - dijo uno de loe empleados, aterrorizado, como los demás, gracias a Maribel – nadie… les va a creer.
- Probaremos de todas formas – dijo Idalia – además, la policía lo creerá cuando vea todo lo que ustedes tienen aquí.
Se iban. Sin herir a nadie y sin ser atrapados. Pero Máxime ya estaba al tanto de lo ocurrido, los vigilantes de la Librería la habían alertado. Envió a 20 de sus empleados a matar a los chicos; y ahí estaban, quince obstaculizando su salida, cinco escondidos para dispararles en el momento apropiado.
Idalia utilizó fuego para protegerlos y los gemelos casi no pudieron utilizar su don, pero afortunadamente ambos eran muy ágiles. Pero lo principal era que Maribel pudiera estudiar los miedos de sus atacantes.
Cuando Maribel usó su don para espantar a los empleados de Máxime y Marcelo, pudieron huir. Javier casi cargaba a Maribel, pues aterrorizar a veinte personas había sido agotador para ella.

*****

La Librería se mudó en menos de dos días. Los ataques contra los jóvenes fueron más y más comunes. Gerardo estaba sorprendido de saber que podía usar su don para defenderse sin causar estragos indeseados. Los demás solo sabían que estaban a punto de perder varias materias; huyendo tan a menudo, ¿a que horas se suponía que estudiaran?
Habían llamado a Marcelo para decirle que sabían de la mudanza, y para garantizarle que la encontrarían de nuevo.
Entonces los denunciaremos de inmediato, sin darles tiempo para mudarse.
Así, los Villalobos se olvidaron del edificio, y Douglas volvió a ocuparse de sus protegidos y de la búsqueda de una cura.
Por supuesto, Maribel había mentido. Aunque fingieron un par de días, mientras la librería se asentaba, pronto Douglas le dijo la verdad a la policía; incluso les dijo cuando debían llegar para encontrar a los hermanos Villalobos en la Librería.
La mayoría de los involucrados se vieron en prisión; otros huyeron, pero no eran una amenaza por si mismos.
Douglas estuvo en prisión unos años, siempre pensando en una posible cura para sus protegidos, de los cuales se encargaban Jaime, Javier, Gerardo, Idalia y Maribel.
En ese tiempo, Maribel pudo ver sus miedos, sintiéndose tan unida a ellos dos como a sus propios compañeros de encierro. Sabía de sus pesadillas aun estando lejos.
Sin embargo, el que más parecía identificarse con ellos era Gerardo. Fue él quien sugirió buscar a sus padres. Douglas lo sabía, y se los dijo tan pronto como preguntaron. Pero no se lo dirían hasta que Douglas lograra curarlos y ellos pudieran buscar a sus respectivas familias.

*****

Douglas había pensado tanto en el asunto, y hecho tantas teorías, que al salir de prisión, le tomó poco preparar un suero que normalizara el funcionamiento del organismo de sus protegidos.
¿Funcionará? – preguntó Gerardo.
Eso creo, pero, debemos esperar.
Dos días más tarde, Douglas hizo pruebas por cuarta vez, y pudo asegurar la eficiencia de la cura. Tempestad aún no estaba libre de sus poderes, pero era cuestión de tiempo, y ya no eran peligrosos.
Douglas le aplicó el suero a Hoguera, y pronto ella también estaría libre de alteraciones.

*****

- ¿También funcionaría conmigo? – preguntó Gerardo.
- Sí, claro, pero… Ahora que controlas tu don, ¿estás seguro de no quererlo?
- Sólo permite hacer daño.
- Piénsalo con cuidado. Te ha sido útil…
- Antes. Ahora… ahora todo está bien. ¿Para que serviría?
- Detener asaltantes armados. – sonrió Javier.
- Reciclaje. – dio Maribel.
- Sacar gente de autos sumergidos… - dijo Idalia – ya sabes, rompes una puerta y…los sacas.
- Escucha – dijo Douglas – Te daré el suero, pero sólo si estás seguro. Muy seguro.
Ahora que Tempestad estaba casi curado y Hoguera lo seguía de cerca en el proceso, decidieron que era buen momento para comentarles sobre sus familias. Y decirles sus nombres.

0 opiniones de editores:

Publicar un comentario

Publicación Anterior:
Cuotas de Libertad

Página de la Historia


Seleccionar Capítulo: