lunes, 14 de junio de 2010

Hermanos en lo extraño - Etapa 7

Etapa 7
El Diseñador de Engendros

Maribel necesitaba una distracción para no fantasear demasiado con Javier. Y en realidad, tenía algo importante en que ocuparse, así que se dedicó a ello: asustar a Larson.
Larson los llevó a Carlyle, otro empleado sin jefe, quién, sin embargo, recordaba a un compañero de trabajo. Éste les explicó detalles respecto al método usado para modificarlos genéticamente, y de eso no entendieron nada. Pero también les explicó por qué los cazaban: su sola existencia podía causar investigaciones que llevarían al descubrimiento de la organización y sus experimentos.

Él sí les había llevado al siguiente nivel, y ese era muy importante. Por lo que ellos sabían, podría ser un solo escalón debajo de los jefes de todo. Los chicos casi no podían creerlo, y prueba de ello era que no se apresuraban a decidir qué le dirían exactamente a la policía.

Entre tanto, Luna y Gravedad no los dejaban en paz, pero tampoco lograban vencerlos. Eran simplemente un fastidio. Los gemelos, Gerardo e Idalia no comprendían porque Maribel sentía culpa por asustarlos. Pero es que entre más indagaba en los temores de los dos molestos jóvenes, más identificada se sentía con ellos.


*****

- Así que van, lo aterrorizan, preguntan. Él dice lo que sabe; y estarás aquí a la hora de la película. – dijo Fátima.

- Me alegra que lo veas así. – dijo Javier, mientras se marchaba.

El grupo se reunió en el sitio acordado y fueron a la modesta casa. El científico estaba ahí, mirando televisión y cenando. Maribel investigó sus miedos.

En la televisión dieron un reporte especial relacionado con extraños eventos climáticos. El canal se descompuso y Douglas buscó un noticiero. Pero en lugar de hablar del clima enloquecido, la reportera informaba sobre el incendio ocurrido hacía varias horas en un edificio abandonado. Tras ella, el edificio casi no era visible, como siempre, la reportera le “robaba cámara” a los hechos. Pese a la escasa visibilidad, Douglas reconoció el edificio.

- ¡La librería! – sabía bien que el sótano del edificio no estaba abandonado.

En aquel sótano estaba la información de toda su investigación, y varios de los involucrados trabajaban ahí. Además, ahí estaban – ocultos del mundo y de la mismísima organización a cargo – los dos últimos fracasos del proyecto. La mujer mencionó a unos gemelos que habían estado a punto de morir.

- Uno de ellos fue liberado apenas el año pasado de sus crueles secuestradores, y ahora se ve envuelto en…

¿Gemelos? Al parecer los fugitivos habían seguido sus investigaciones hasta encontrar la librería. Las noticias aclaraban que ahora el edificio estaba reducido a cenizas, y Douglas notaba que eso era una exageración, las paredes seguían en su puesto.

- ¿Y la librería?

No obtuvo respuesta, la reportera prefería hablar de la joven que había muerto, atrapada en el incendio. Pero luego lo mencionó: en el sótano se había descubierto una organización extraña, semejante a cubículos. La mujer estaba dentro de lo que quedaba del sótano, mostrando las paredes semi-derrumbadas que habían quedado en el sótano, pero la cámara casi no las captaba por que ella seguía en primer plano... Douglas sintió una molestia indescriptible pero leve… No así cuando, en un descuido del camarógrafo, el objeto de la noticia – el sótano – apareció claramente en la toma, y Douglas pudo ver con horror que su bien oculta puerta estaba abierta. ¿Estaban ellos afuera, o pronto los encontrarían la reportera y su equipo?

- No. – comprendió, relacionando esa información con los cambios climáticos – Ellos están afuera.

Ya no quería su cena. Decidió llamar a Marcelo Villalobos y confesar que había dejado vivir a Hoguera y Tempestad. Pero descubrió que el teléfono estaba cortado así que volvió a colgar.

*****

- Tienes que entrar. – le dijo Maribel a Idalia.

- ¿Yo?

- No pudiste morir en el incendio, y debió ser una de las dos así que el cree que soy yo. Los gemelos están…

- ¿Qué? – Idalia expresaba el desconcierto de los cuatro.

- En su pesadilla – explicó Maribel – yo estoy muerta y los gemelos en el hospital. Y no creo que Gerardo quiera hacerlo, así que lo harás tú.

- ¿Eh…? ¿Hacer… qué?

*****

- ¿Ahora están felices? – dijo Idalia, mientras la puerta principal se convertía en cenizas, ardiendo desde el centro hacia las esquinas.

Atravesó el umbral con lentitud, calcinando las cosas en su camino, hasta verse a pocos pasos del asombrado Douglas. El pobre hombre había quedado mudo.

- ¿Por qué nos hicieron esto?

El científico seguía estático.

- ¡Aún cuando fuimos a casa! Yo nunca volví a causar daño. ¡Y ahora…! Ahora es peor que cuando estábamos encerrados. ¡Estoy fuera de control!

Nada.

- ¿Por qué? – gritó la chica, y luego bajó tanto la voz que Douglas tuvo que adivinar la frase

– ¿Por qué nos hicieron esto?

Esto seguramente no podría arreglarlo Doyle. Estaba todo acabado. Los chicos estaban fuera de control, como había ocurrido antes pero estos estaban libres…

- ¿Dónde está el otro? – preguntó el otro, súbitamente alarmado al considerar la posibilidad de que el chico cuyo don era destruir cualquier tipo de materia, anduviera por ahí.

- Lo asesiné para que parara. – improvisó Idalia – A mi propio amigo… yo… ahora… Ahora alguien debe detenerme a mí.

La chica no estaba llorando, pero Douglas podía verla llorar.

El científico repasó la lista de personas que debían estar deteniendo, no sólo a Idalia, también a Tempestad y a Hoguera. Ellos dos eran una amenaza mayor que cualquier otra. Él no creía que Doyle, Anna o Marcelo pudieran controlarlos. Así que… ¿ahora qué?

La chica tenía razón: ¿Por qué habían hecho todo eso? Debieron parar cuando los primeros bebés murieron. En todo caso, habrían debido parar cuando los primeros que habían sobrevivido – se estremecía al pensar en ellos libres, incapaces de evitar causar más y más daño – perdieron el control de sus poderes.

Pero no se habían detenido. Ni siquiera habían dejado en paz a cuatro chicos que no hubieran dicho ni hecho nada, ¿Cómo iban a mostrar lo qué eran tan tranquilamente?

Ahora, parecía ser tarde. Él no había matado a Hoguera y tempestad cuando se lo habían ordenado – pese a su terrible pánico a desobedecer – y, ahora, no mataría a esa muchacha.

Así que… ¿ahora qué? La pregunta seguía brillando en su cerebro, y la respuesta – igualmente brillante – era difícil de asimilar. Pero Douglas tenía que aceptar que le había ayudado a Marcelo y Máxime Villalobos a destruir la civilización.

Así que, ahora todo se derrumbaría.

*****

No había visto a esa chica desde hacía más o menos cinco años, pero la reconoció. ¿No había muerto en el incendio?

No. Claro que no. Douglas entendió que no había caos. Ningún incendio ni cambios climáticos. Y no estaba frente a una niña que no podía dejar de quemar lo que había cerca.

En realidad, Idalia había calculado muy bien lo que quemaba, todo parte del truco. Había representado bien su papel. Y la chica que lo miraba desde el umbral, era la principal responsable de tomarle el pelo. Douglas no sabía cuanto había sido real y cuanto falso de lo que acababa de ver. El fuego, sí, lo había causado la segunda incendiaria que producían sus experimentos, las cenizas que permanecían lo probaban. Lo demás… No importaba.

- ¿Qué harán ahora? – quiso saber.

- ¿Qué creíste que nos había hecho perder el control? – preguntó Idalia.

- ¿Importa? – dijo Douglas.

- Sí. Porque podría pasar. Quiero saberlo de antemano.

- A los otros los vencieron sus poderes; – dijo Maribel – él no se cuestionó que nos había pasado, porque creyó que era la mismo repitiéndose.

- ¿Otros? – Javier acababa de unirse a Maribel en el umbral, así como Gerardo y Jaime.

- Entonces sí pueden vencernos nuestros poderes. – dijo Gerardo.
Siempre había temido a esa posibilidad… al final, había logrado contenerse – al principio, solía ser muy tarde, pero había mejorado mucho después de las sesiones de relajación con su madre – cada vez que su poder se desataba, pero temía que un día no fuera capaz de hacerlo.

- Se supone que no. – dijo Douglas, opuesto a lo que Gerardo esperaba –Se supone que ustedes fueron perfeccionados. Pero yo estaba asustado, y creí de inmediato que algo había fallado… La idea es que… que ustedes sólo causen daño si eso quieren… Supongo que con todo lo que han pasado, es posible que….

- Ninguno de ellos quiere saber nada más de daños. – dijo Jaime – Esa es la parte tonta deque quieran cazarlos: ellos no son una amenaza, sólo quieren olvidarse del asunto.

Esa afirmación era tan certera, que le permitió a Maribel encontrar una solución al problema que enfrentaban. Remarcó el número al cual había llamado Douglas, y espero hasta que atendieran.
Una mujer respondió.

- ¿Y Marcelo?

- ¿Quién lo necesita? – respondió la mujer con su habitual voz sofisticada, y Maribel sonrió, segura de que podía espantarla con ratones.

- Sus engendros. – respondió.

- ¿Y como consiguieron nuestro número? – dijo Máxime, reponiéndose del asombro.

- Ah, te asusté. – dijo Maribel, casi con dulzura – Creo que no lo lamento. Al menos ahora sé quien eres. Sirves igual qué tu hermano. Nosotros no hicimos nada, y no haremos nada.

- ¿Eso, que significa?

- Ni vamos a dañar a nadie, ni los delataremos a ustedes. ¡Pueden olvidarnos! Y nosotros nos olvidaremos de ustedes, ¿puede ser?

Los chicos la miraron con distintos grados de asombro. Pero no discordaron. Era lo que querían, no hacían eso por venganza, ni por heroísmo; sólo querían que los dejaran en paz.

Lejos de ellos, Máxime meditaba su respuesta ¿Dejar cabos sueltos? ¡Eso nunca! Pero debía escoger entre mantenerlos asustados o dejarlos bajar la guardia, ¿Qué los hacía más vulnerables?... Finalmente, respondió que aceptaba el trato, y le recordó a Maribel que a ellos no les convenía hablar de sus rarezas, para darle credibilidad a sus palabras, fingiendo que se aseguraba de que ellos cumplieran su palabra. No tenía miedo, así que Maribel colgó el teléfono satisfecha, sin notar el engaño.

*****

La tranquilidad les duró poco. Otro secuestro masivo se había dado en su país esa misma mañana. Al saberlo, se sintieron culpables; ¿ellos de verdad no podían hacer nada?

- Sabemos sus nombres. – dijo Javier - ¡Ese era el plan al principio!

- ¿Quién nos creerá? Maribel escogió algo más factible.

- Cualquiera que viera como haces fuego nos creería. – dijo Jaime – Pero implicará decir a todos… lo que somos. Y, ¿qué hay del trato con esa gente?

- Si lo rompemos, debemos estar listos para enfrentar las consecuencias… incluso las consecuencias de decir lo que podemos hacer. ¿Lo estamos? – Maribel lucía preocupada, pero sonaba como si los estuviera invitando.

- ¿Acaso podemos dejar que todos sepan lo que somos? – dijo Gerardo – Seremos algo así como fenómenos. Mi mamá… no sé si ella entendería…

Maribel, tan entusiasmada con la idea segundos atrás, se desalentó. No esperaba que su padre lo entendiera tampoco.

No decidieron dejarlo así, nadie lo dijo explícitamente, pero tampoco siguieron planeando involucrarse. Se fueron a casa sintiéndose traidores, y sus familias notaron que estaban abatidos.

Los padres de los gemelos no dijeron nada al respecto, pero estaban preocupados.

Maribel mintió que los exámenes la estaban volviendo loca, y eso bastó. Idalia engaño a sus padres con algo parecido, pero su hermano insistió hasta que ella le dijo que era por lo que había visto en las noticias, sobre el secuestro.

- Ah. Es como lo que te hicieron. Siento haber fastidiado… No te preocupes…

- Si yo pudiera acusarlos… – dijo Idalia.

Ella estaba segura de poder manejar la situación, sus padres se asustarían, pero tendrían que entender. Su hermano estaría encantado, y ella se sentiría mejor sin tener que ocultar su don… Pero si ella hablaba, sus amigos lo pasarían mal.

- No es tu culpa todo esto – dijo Iván – hiciste lo que pudiste.

Lo había hecho… Los cinco, en realidad. Pero habían encontrado una salida fácil al final, y ya no tenían que hacer nada.

- Ustedes mencionaron a los que vieron. Ahora es cosa de la policía… Ya verás que los van a capturar. – agregó su hermano.

Mientras tanto, la madre de Gerardo descubría que su hijo estaba deprimido. Dejó que la cena acabara sin hacer ningún comentario. Lo dejó hacer sus tareas, y luego, le preguntó:

- ¿Qué pasó? ¿Es por ese secuestro? No te asustes.

- No estoy asustado, es que…

- Sí, lo sé. Es sólo otra manera de temer. Temes por ellos.

- Ojalá pudiera… Les harán lo mismo que a mí. Y quizá nadie los encuentre a ellos, y…

- Gerardo…

- Nadie puede salvarlos si no saben quien se los llevó, ¿cierto? La policía no va a encontrarlos y ellos estarán encerrados para siempre, y ¿Cuántos de ellos morirán? Y yo no puedo…

- Hey, hijo, escúchame. ¿Contestaste todo lo que la policía te preguntó al encontrarte? ¿Les dijiste la verdad?

- Sí.

- ¿Y hubo algo importante que no les dijeras?

Gerardo supuso que tendría que mentir, pero ella agregó, justo a tiempo:

- ¿Sabías algo más que les permitiera encontrar a esa gente?

- No, mamá.

- Les dijiste lo que sabes. Eres sólo un muchacho. Ellos son gente preparada. Tú hiciste tu parte, ahora debemos confiar en ellos. No quiero que te angustie. Verás hijo, sí cada quien cumpliera siempre sus responsabilidades, el mundo sería maravilloso. Por desgracia, no todos logran hacerlo… algunos no quieren, otros no comprenden cuales son sus deberes. Al encontrar a esas personas, se les alienta, sí, se les ayuda. No se les arrebata sus deberes.

- ¿Me alentarías, aunque…? ¿Aunque tuviera que sacrificarme?

- Depende del tipo de sacrificio. Si un deber te exige más de lo que puedes dar, es que no es tu deber. Mientras no te detenga la mera cobardía… ¿Acaso hay algo que no les dijiste a los policías?

- No… Sí. Entonces no lo sabía… y… Tengo miedo.

- ¿Algo te ha hecho creer que pueden lastimarte?

- No…

Era una mentira tan completa, que su madre la notó de inmediato. Su rostro se tiñó de pánico.

- Mamá, es que… no sé si puedas entenderlo, pero, me encerraron toda mi vida, y siguen llevándose a los niños. No creo que esté a salvo sí ellos se acuerdan de mí.

- No eres el único que no está a salvo si ellos andan por ahí. Sí sabes algo… es mejor que se lo digas a la policía, si les ayudará. Pero no te expongas demasiado, ¿está bien? En cualquier caso es tú decisión. Lo sabes, ¿verdad?

- Sí. Ahora lo sé.

- Las personas tienen responsabilidades. Y Gerardo sabía cual era la suya. La de ellos.

*****

- Pero, Gerardo, - dijo Idalia – tú… ¿No era que tenías miedo de que alguien supiera…?

- De mi poder, cualidad, don, maldición… como sea que le llames, lo aborrezco. Y yo no sería así, si alguien los hubiera delatado antes de que me secuestrarán. ¿Han pensado recientemente de que nos hemos perdido? Y ellos… talvez aún es tiempo para ellos.

- Creo que es el mejor argumento del mundo. – dijo Fátima, acariciando la mano de Jaime, consciente de que pronto su príncipe azul volvería a estar en peligro.

Al denunciar a Máxime y Marcelo, estos volverían a arremeter contra ellos; eso era lo que menos les preocupaba, antes no habían podido vencerlos. Temían únicamente ser expuestos. Ni siquiera Gerardo seguía sintiéndose como un engendro, pero sabían que más de una persona creería que lo eran, y no querían pasar por eso. Pero lo harían, de ser necesario.

Estaban decididos a enfrentar las consecuencias, pero ignoraban que la agresión de Máxime y Marcelo no sería una de ellas. Nunca se habían librado de eso; y precisamente, mientras ellos tomaban su decisión, el peligro acechaba en las pesadas sombras.

*****

Los tomaron por sorpresa. Pero no fue suficiente; mientras Maribel se reponía de la sorpresa, Gerardo rompió el brazo de Luna, y ella perdió el control de su don. La oscuridad cesó, y los chicos lograron enfrentar la situación. Maribel hizo la mayor parte, confundiendo a Gravedad y Luna para que no pudieran usar sus poderes. Ambos acabaron por huir.

- ¡Vaya, Gerardo! ¡Ni siquiera has practicado y puedes enfocar tu don! – dijo Jaime.

- ¿Por qué nos atacaron? ¿Cómo supieron que íbamos a delatarlos? – dijo Idalia.

- O los estaban espiando, o nunca hubo trato. – dijo Fátima.

- No debería sorprendernos, – dijo Maribel, pensando en las historias de la televisión – ellos son los villanos. Mienten siempre. ¿Y cómo no? Incluso nosotros íbamos a faltar al trato.

- Pues me alegra no tener que sentirme culpable por romper el trato – sonrió Javier.

*****

- Douglas, ¿quieres dejar de tener miedo?

- Los chicos se habían acercado a Douglas cuando llegaba a su casa. Sus jefes le habían creído que él no había dicho nada, y aún así, el motivo por el cual lo dejaban vivir, era porque no podían seguir su trabajo sin él. Aún si consiguieran otro genetista, había información de los experimentos que solamente él manejaba. En lugar de asesinarlo, le habían conseguido una casa. Pero Maribel era capaz de encontrarlo en cualquier parte, y ahí estaban.

- Tú me mostraste mi peor miedo.

- Sé que no fue una presentación encantadora, pero…

- No podría soportarlo. – dijo Douglas – Estoy hasta el cuello en esto, pero… Supongo que también debo enfrentar lo que me toca… cosechar lo que sembré, yo… nosotros; no el resto del mundo.

*****

Si bien Douglas aceptaba su culpa, y con ella su castigo, tenía que poner en orden un asunto – podría decirse que dos – antes de mostrar las evidencias al mundo.
Una fuente anónima había permitido rescatar a los bebés; según Douglas, aún no había un verdadero daño genético, y el asunto estaba resuelto. Con respecto al resto de la organización, tendría que esperar un poco. Las evidencias estaban en la Librería, junto a Tempestad y Hoguera: los asuntos pendientes de Douglas.

La organización intentaba localizar al soplón para darle su merecido. Mientras tanto, exigían que Gravedad y Luna liquidaran a los chicos. Era urgente por que ahora, sabiendo que habían sido engañados, podían decidir contar la verdad.
Ellos esperaban esa reacción, y un pronto ataque de Luna y Gravedad; entonces, los sacarían de su camino.

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