lunes, 31 de mayo de 2010

Hermanos en lo extraño. Etapa 5

Etapa 5
Cazadores de sus Semejantes

Viendo que eran inútiles sus reflexiones respecto al jefe de Pereira, los chicos fueron dejando de aplicarse en ello. De este modo, pasaron más tiempo con sus familias, subieron sus calificaciones, y Jaime pudo responder más rápido las cartas y correos electrónicos de Fátima.

Como tampoco habían sido atacados recientemente, ya casi parecían jóvenes comunes.

Un viernes, después de perder las esperanzas de terminar su tarea de biología, Jaime ofreció llevarlos al sitio donde practicaba con Fátima. La idea era estar en un lugar encantador para divertirse, despreocuparse, y quizá, solo quizá, pensar de nuevo en como localizar al jefe de Pereira. Pero, a medio camino, Jaime recordó que debía desviarse, y atravesar el terreno donde había tenido su sede la Fabrica de Engendros.


- Si quieren, volvemos…

- No Jaime. – dijo Javier – Ahora que está vacío, no nos asusta. Y no vamos a quedarnos… Entonces, ¿ibas a ese lugar cuando te vi?

- Sí. La caminata era una especie de entrenamiento. Pero no me acordaba que habíamos tenido que buscar una ruta alterna.

- ¡Cómo se debe haber asustado esa chica! – dijo Idalia.

- Y eso que no supo que cambié de cuerpo con mi hermano. – dijo Jaime – Eso le habría causado una impresión muy fea… aunque ella es bastante tolerante.

Oculto en los matorrales, un joven asimiló velozmente aquella información.

- Eso no nos lo habían dicho. – susurró su compañera, Luna, razonando como él – Se suponía que él no tiene un don, pero no es gran cosa.

- Pues, ya analizamos la situación, incluso sabemos algo nuevo, así, que, ¿lo hacemos? – dijo el muchacho, Gravedad.

- Son cinco, pero cinco personas que no ven…

- Tú los ciegas, yo los inmovilizo… Dame luz para que podamos atarlos entre ambos, así será más rápido…
El grupo comenzaba a avanzar, pronto cruzarían la cerca, así que Luna y Gravedad se apresuraron a atacar.
Luna y Gravedad eran gemelos. Lo ignoraban, y sin embargo eran amigos y un buen equipo. La Sociedad Genetista/Secuestradora los había considerado la mejor opción una vez que los tiradores demostraran ser un desperdicio. Les habían ordenado capturar con vida a los cuatro chicos que habían escapado.

Ese día fallaron.

Luna era una chica debilucha que provocaba oscuridad. Sólo ella y las personas que ella designara podían ver en aquella oscuridad absoluta. Gravedad cambiaba el efecto de la atracción gravitacional de la Tierra sobre determinadas personas u objetos.

Cuando atacaron, la falta de visión dejó sin opciones a los gemelos y a Idalia. No era necesario evitar que Gerardo usara su don, pues él mismo se estaba empeñando en contenerlo. Todos estaban en el suelo, pues no podían con su propio peso. Parecía que todo estaba bajo control. Pero Maribel no necesitaba ni ver ni moverse para atacar. No tuvo dificultades para descubrir sus miedos, pero fue necesario asustarlos mucho para que perdieran el control de si mismos.

Luna y Gravedad decidieron cambiar de estrategia. Se habían apresurado al atacar al grupo. Y concluyeron que sus propietarios serían más indulgentes si ellos decían “sólo capturamos uno” que si se presentaban con una frase del tipo “casi los capturamos a todos”.

Comenzarían por Javier, pues parecía el eslabón más débil. Aún no tenían idea de cómo someter a Maribel, pero podían pensar en eso mientras cazaban a los otros.

*****

- ¡Son como nosotros! ¿Por qué rayos están de parte de esa gente? Como tú lo planteas, a ellos los torturaron como a nosotros. Y deben haberles quitado su familia… – rezongó Idalia.

- Es que les temen. Es más fácil estar de parte de ellos. – dijo Javier.

- No lo digas así, que hasta parece que lo estás considerando. – dijo Jaime, sonriendo.

- Lo consideraría, - dijo Javier, y todos se quedaron con la duda de si bromeaba o no – pero esa gente me cae mal.

Isabel entró a la casa, seguida por Fátima.

- ¡Volviste! – el grito de Javier casi causó que Idalia provocara un incendio.

- Es que no nos gustó el lugar… Bueh, en realidad es que extrañábamos el pueblo.

- Yo te extrañé a ti.

Se estaban dedicando esa mirada que Javier no esperaba comprender jamás.

- Creo que ya sólo somos cuatro – dijo Idalia, procurando que sólo Javier la escuchara – Estás perdiendo a tu gemelo.

- No me hace gracia. – murmuró Javier.

*****

- Es mi primer y único amor, - dijo Jaime – No te desplaza porque son cosas totalmente distintas.

- Yo no dije nada, - dijo Javier, ruborizándose – son cosas de Idalia. Pero sí creo que ella se adueñara de tu tiempo.

- Sólo parte de mi tiempo. No me olvidaré de mis amigos, mi gemelo y mis deberes… sobre todo ese deber.

Abandonaron el tema para elucubrar nuevamente sobre la razón de que Jaime compartiera el don de su hermano. Mientras tanto seguían caminando hacia el colegio. Los interrumpió la oscuridad.

- ¿Son esos lunáticos de nuevo? – preguntó Jaime.

Javier lo empujó hacia un callejón. Como estaban a ciegas, Jaime se golpeo con la esquina de una pared, pero en el callejón estaba fuera del alcance de Luna. Pelear no era una gran idea, así que corrió lejos. Luna y Gravedad lo dejaron huir. Tras atar a Javier, Luna dejo volver la luz, contaban con una ruta lo bastante solitaria para marcharse. Pero habiéndose alejado bastante, Jaime puso su mano en el suelo, mismo que sostenía las manos brazos y rostro de Javier. Pronto sintió que Gravedad lo levantaba del suelo.

Javier no tuvo tiempo – ni una idea brillante – para manejar la situación a su favor. Luna y Gravedad se llevaron a su hermano mientras él se acostumbraba a la luz del día.

Confundiendo a Idalma y Gerardo, anunció que se habían llevado a Jaime. Maribel, gracias a su miedo, comprendió que Javier estaba en el cuerpo de Jaime, y que Luna y Gravedad se habían equivocado de gemelo.

*****

Bajo su propia luz, luna podía distinguir a los gemelos. Así que Gravedad y ella estaban preguntándose como debían proceder.

- ¡No sé porque no me fijé antes! Seguro cambiaron cuando yo dejé que la luz se normalizara.

- Bueno, él otro vendrá por él.

- No John, vendrán los cuatro. Perderemos.

- Bueno, entreguemos a éste. Y antes de que no encuentren sus amigos. Tú los distingues, pero los genios no.

- Él lo dirá.

- Claro que no… Quieres salvar a tu hermano, ¿verdad, muchacho?

- Sí; él le teme a esa gente. Le hicieron cosas horribles. Pero a ustedes también, ¿no es así? – dijo Jaime – Maribel dice que les quitaron hasta sus nombres y que los llaman Luna y Gravedad… es ofensivo.

- ¿Crees que no lo sabemos? – dijo Luna – Por eso nos dimos nuestros nombres, aunque nadie más que nosotros los use. Ellos tomaron nuestras vidas, y antes de ahora, nos tenían encerrados…

- Pero así como tomaron nuestras vidas, - dijo Gravedad – nos las pueden devolver. A cambio de las de ustedes, por así decirlo… aunque tú no estás en la lista porque ellos no saben de tu don, y no eres un cabo suelto.

- No les diremos sobre eso, ¿verdad John?

- Pues, Jainnie, no sé. Justo te lo iba a preguntar.

- Ellos no han preguntado.

- Pero, si descubren que lo ocultamos…

- No podemos decirles que lo sabemos y entregar al gemelo equivocado… si lo descubren…

- Sí, claro. Que quede entre los tres, ¿te parece, muchacho?

*****

- Supongo que otra vez te vestirás de vampiro – dijo Javier.

- ¿Y que me llamen pánico? Ellos ya saben quien soy. Y a mi me gusta saber quien soy. Ese día usé la cortina para facilitar el susto…– recordarlo la hizo sentir culpable.

- Yo adoro ser Uno, pero no se trata del don, se trata de mi hermano, la conexión que tenemos… Espero que esté bien.

- Seguro que lo está. Como dijiste, ustedes están conectados, si le pasa algo, lo sabrás. Además, no debe estar ni siquiera asustado, yo lo sabría… Nada va a pasarle, porque lo encontraremos antes.

- Maribel… Tengo miedo de no encontrarlo.

- Lo encontrarás. Pero debes concentrarte y no dudar. Vamos, – le animó – inténtalo.

Jaime despertó en una especie de jaula que Gravedad y Luna habían improvisado. De haber visto algo, hubiera sido fácil huir de aquella prisión. Pero Luna estaba a cargo todavía. Al verlo despertar, lo observo atentamente, pero él no hizo nada más. No volvió a dormir, no cambió de posición, nada. Debido a su despertar repentino y su expresión intranquila, Luna supuso que había tenido una pesadilla.

Pero no era así. Jaime se había enterado de que Jaime lo había localizado. Le agradó el contacto con su hermano, igual que la ocasión en que se habían conocido; pero no quería que lo atraparan por intentar un rescate. No podía evitar el intento, así que se limito a no delatarlo.

Pasaron muchas horas antes de que los chicos se acercaran al sitio, porque estaba en la ciudad vecina. Dentro de una bodega. Un guardia luchaba contra el sueño frente a la puerta.

- ¿Cómo entraron ahí? – dijo Idalia.

- No sé. Y sería bueno saberlo, así entraríamos igual.

El cambio de turno dejaba la bodega sola dos veces al día. El plan de Gravedad y Luna era dormir ahí, vigilando al prisionero por turnos (Luna primero para mantener en secreto el funcionamiento de la jaula, luego Gravedad, pues la jaula no la usarían de nuevo y no importaba que Javier la estudiara; estaban extremando precauciones). Seguirían su camino por la mañana, aprovechando, para salir, el nuevo cambio de turno.

- Hay que sacarlo y ya. – dijo Javier.

- Eso sonó como un plan. – dijo Maribel, atenta.

- Si los aislantes de los cables se derriten puede haber un incendio. – dijo él, mirando a Idalia con esa odiosa expresión de “es tu trabajo” – Pero, ¿puedes mantener a mi hermano fuera de peligro?

- Si me dices con exactitud en donde está. ¿Crees que ellos no lo saquen?

- Si lo hacen, iremos por él, aunque tenga que asustar a ese pobre hombre. – dijo Maribel – si viene con ellos…

- No haré nada que no puedan esquivar fácilmente. – dijo Idalia – salir será seguro, y si se queda en su lugar estará bien. Ahora, si algo sale mal, Javier tendrá que avisarme, sólo apago el fuego y ya, será muy rápido.

- Planeado el procedimiento, Javier explicó tan bien como pudo en donde se encontraba Jaime. Su precisión era vaga, pero era suficiente.

Así que lo hicieron. Al notar el incendio Luna y Gravedad decidieron salir. No abandonaron a su prisionero pero ya se habían resignado ante la posibilidad de perderlo. Salieron protegidos por el don de Luna, pero, como habían previsto, Maribel no fue engañada con eso.

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