domingo, 22 de noviembre de 2009

Pensamientos Sombríos. IV





B & I
(Octubre, 2009)



Ha sido una semana radiante. Cuando estoy en el colegio, me mantengo cerca de Iris. Cuando estoy en casa, la idealizo.

Me atrevo a considerarme amigo de Iris. Lo hago porque ella me ve como un amigo. Tal vez pensaría diferente si conociera mi deseo egoísta de estar con ella para que me salve de mi odio por todo.

Pero todo lo bueno llega a su fin. Esta mañana ella me habló de Bryan, su novio formal. Por absurdo que suene, la quinceañera tiene serias intenciones de casarse con este muchacho tan pronto como ambos hayan terminado sus estudios. Cree que será feliz, y que Bryan lo será tanto como ella.

Sin embargo, yo siento curiosidad y lo averiguo.

¡Felices! Bryan no puede proporcionar felicidad. Se parece mucho más a Leopoldo que a la chica que sueña con casarse con él. Sé que va a destruirla. Y no sé qué hacer para evitarlo. Ahora que comprendo que si hay personas nobles, desprendidas… ¡no puedo soportar la idea de que la convivencia con criaturas corrientes destruya eso!
Ni él ni los demás pueden comprender lo que ella es. Yo puedo ver en su mente, pero no estoy seguro de poder apreciar del todo su esplendor. No es perfecta. Siente rabia y dolor. Pero los supera. No vive en función de sus rencores, y eso es lo que la hace diferente.

Lo busco. No vive lejos. La conoció cuando estudiaban en el mismo colegio, y ahora que ella se mudó, está listo para engañarla, pero no ha encontrado alguien que coopere con él para eso.

Lo encuentro y le exijo que comprenda. Que la comprenda. Él dice que soy yo el que no entiende. Que la quiere. Sí, es cierto. Yo lo sé. La quiere como quiere tener un auto último modelo. La quiere como quiere ser famoso. La quiere como quiere llegar a tiempo a casa para ver la tele. No la valora como persona. Y eso es algo que yo no podré cambiar.

Mientras yo aprendo a valorar a Iris como una persona no perfecta que de todas formas trata de ser buena, Iris idealiza a su novio y él piensa sólo en sí mismo.
Así están las cosas hoy, y mañana no serán muy distintas.


Excepto porque ahora tengo una cosa en mente. Sé cómo evitar que Bryan cambie a Iris. Mis deseos egoístas me hacen sentir vergüenza, pero están parcialmente justificados y me aferro a esa excusa cuando decido hacer “lo necesario”.

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