lunes, 16 de noviembre de 2009

Pensamientos Sombríos. II




Pensamientos de colegio
(30 de septiembre, 2009)





Bernard. Mi nombre tampoco es algo que agradezco. Esta mañana camino con la paciencia de siempre, alcanzo el portal del colegio. Entro y camino hacia mi salón de clase. Me entero de lo que piensan los estudiantes que caminan por el pasillo, como siempre.



¿Has visto a esa chica a quien todos molestan? Esa que se sienta sola a la hora del almuerzo y que nunca responde los insultos, y tolera lo peor… te sorprendería cuantas veces ha deseado asesinarte; en su mente espera a que le des la espalda, y golpea… no me hagas explicar sus métodos de tortura.


¿Tienes un maestro paciente que resiste el peor insulto y explica miles de veces hasta la cosa más sencilla? ¡No sabes lo que piensa cada fin de mes, cuando su sueldo se retrasa pero los recibos no! Afortunadamente no gana suficiente como para tener un auto, de ser así, hace mucho habría atropellado al administrador.

Y ese joven adorable que las chicas suelen amar por su dulzura, piensa que quienes lo aman son una especie de acosadoras necesitadas de afecto y las demás unas disimuladas insensibles. He visto en las mentes de ellas, y resulta que él tiene razón.

Los seres humanos no son malos. Es sólo que cada persona tiene su propio universo y no conoce otra cosa. La verdad, no los culpo; tengo el maldito don de comprender los universos de los otros, y eso apesta.

Cada cierto tiempo aparece alguien capaz de sacrificarse por los otros, gente que ama a sus semejantes, personas que no viven solo para sí mismos… No creo que sea cierto. Quizá tú crees conocer alguno. Como la madre abnegada que vive para sus hijos; los médicos que salvan vidas; un vecino muy religioso… Lamento decírtelo, pero esa madre abnegada detesta haber perdido su juventud esclavizada con esos niños que no valoran su esfuerzo, los médicos no están interesados en sus pacientes porque son demasiados y ese vecino tuyo sólo tiene miedo de arder en el infierno.

Creo que ahora queda más claro por qué jamás sonrío.

Llego al salón de clases, saludo sólo en respuesta y me siento en mi lugar de toda la vida. Entiendo lo que piensa mi vecino de lugar respecto a mí, y siento deseos de golpearlo. Los controlo. Sé que no tendría sentido… nada lo tiene. Nacemos, vivimos para nosotros mismos y morimos, sin que nada cambie por nuestra presencia, excepto por el inevitable hecho que conocemos como contaminación.

Entonces lo sé. No encuentro una manera más apropiada de referirme a mi poco agradable capacidad: saber lo que otros piensan. Y lo que ahora sé, está completamente fuera de lo que he conocido antes.

No son palabras. Los pensamientos que las personas convierten en palabras son tan superficiales que consigo no conocerlos. Pero lo que hay en lo profundo, lo que algunos llaman emociones, eso es imposible de ignorar, y no sé cómo explicarlo con justicia.

Pero lo más próximo a eso es decir que ella piensa en hacer feliz a su mamá. Sí, eso lo he notado antes en otros, pero con el interés acompañándolo: las madres felices son madres que complacen caprichos y dan mejores obsequios en tu cumpleaños. A ella no le importa. Su madre no puede hacer nada por ella. Y no ha hecho nada más que traerla al mundo y mimarla durante un año.

La madre de Iris es parapléjica. Y al entrar a este salón por primera vez, ella sólo quiere que su mamá esté feliz pese a la enfermedad. Lamenta no recordar ese año en que su madre podía jugar con ella.

La busco con la mirada y encuentro a una quinceañera bonita pero completamente descuidada de su apariencia física. Eso sí: su uniforme esta pulcro, tal como a su madre le gusta.

Podría buscar sus pensamientos oscuros, debe tenerlos, pero de eso yo sé bastante. Me deleito en su dedicación, y me pierdo en sus ojos. Es nuevo y hermoso… desearía que no haya nada más.

No dejo de comprender los otros pensamientos que inundan el salón… pero me concentro en los de ella.

2 comentarios:

  1. Citando el escrito me encanta esto "Los seres humanos no son malos. Es sólo que cada persona tiene su propio universo y no conoce otra cosa. La verdad, no los culpo; tengo el maldito don de comprender los universos de los otros, y eso apesta."

    En ocaciones es dificil saber ver ese egoismo puro que suele percibirse desde lejos, y entre tanto al encontrar una luz se suele aferrarse a ella, en busqueda de eso que es tan diferente a todo.

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  2. ...y, pensándolo bien, para eso "no hace falta ser psíquico". :) Aferrarse a la luz, suena bien.

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