lunes, 16 de noviembre de 2009

Pensamientos Sombríos. I



Sé lo que piensas
(30 de Septiembre, 2009)



El cuatro de enero de 1994 recibí la vida. He recibido mucho desde entonces. Mis primeros obsequios el mismo día en que nací. Poco antes de mi primer cumpleaños recibí el primer regalo de Santa Claus, luego mis regalos de cumpleaños, y dos días después, el primer presente de los reyes magos.

Recibí mi primer castigo a los dos años, y creo que no llegué a comprender nada al respecto.

A los cuatro años recibí la primera paliza por parte de mi padre, y a los cinco años una hermana menor. A los seis años recibí mis primeras calificaciones malas.
Tenía siete años cuando recibí el don familiar y ocho cuando recibí mi primera calificación perfecta.

Mi primera bicicleta no la recibí si no hasta los nueve años, y dos días después recibí mi primera regañina por estropearla; como la repararon, pronto recibí más regaños y castigos por estropearla de nuevo.

A los doce años recibí mi primer beso, y cuatro horas después mi primera bofetada. Resultó ser que mi segundo beso fue presenciado por la niña que me dio el primero… y no estaba lo que se dice feliz. Pero, comprendan, ¡Yo tenía doce años!

A los trece años recibí la última golpiza de mi padre. Ocurre que él no era el único que estaba furioso, y acabé arrojándolo por el balcón. Todo el mundo se creyó que había sido un accidente; en parte yo también lo creo, después de todo, no lo hice con la intención de hacerlo.

Cuatro meses después, recibí la primera paliza de mi padrastro. Mi madre no es muy buena escogiendo esposo. Aunque suele pensar que son buenos, después de todo, a ella no la golpean.

Sí, he recibido mucho. No he dado demasiado a cambio, en realidad.
De todo lo que he recibido, lo peor es el don familiar. Lo odio. Una mente excepcional es lo peor que cualquiera puede tener. Y de las muchas mentes excepcionales, la mía – y la de mi abuelo, mi tía, mi tatarabuelo, y quien sabe cuántos antes de él – es la más difícil de soportar.

Sé lo que piensas. En serio, lo sé. Ese es el desafortunado don que se ha heredado por generaciones en mi familia. Entiendo que ver el futuro es un asco, pero ver lo que piensan los demás, es mucho peor.

Siempre me preguntan por qué jamás sonrío. La respuesta es muy fácil: no hay ninguna razón para ello. ¿Quieres saber por qué estoy tan furioso? Igual de fácil: las personas que conozco me hacen sentir rabia... con lo que hacen, lo que piensan…lo que anhelan. ¿Que por qué hago trampa en los exámenes? Yo no diría que hago trampa; algunos de mis compañeros son listos, pueden aprender, les gusta estudiar; yo puedo saber lo que hay en la mente de los otros; ellos usan su don, y yo el mío. ¿Acaso no es lo justo?

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