domingo, 22 de noviembre de 2009

Pensamientos Sombríos. V




Mentiras Blancas
(Enero 2010)




Todo funciona gracias a mi paciencia y a la inocencia de ella. Me ama. Es increíble lo capaz de amar que es esta chica. No me conoce demasiado, pero la he convencido de que sí, y le agrada lo que sabe.

No le he mentido, solamente he mostrado lo bueno y he ocultado lo malo. A veces le confieso una manía que sé que ella es capaz de tolerar… y para mi sorpresa me ha obligado a cambiar algunas de las cosas que no le han agradado. Eso me hace sentir bien, y la hace feliz.


No es que yo la ame. Pero ella está convencida de que sí. Y la quiero en cierto modo, pero no de la forma en que ella espera ser amada. No obstante, yo sé lo que ella espera, y finjo que eso soy. Hago lo que sea para hacerla feliz.

Sé que suena muy lindo, pero a veces me siento como el peor por fingir.

No merezco su tiempo y su amor, porque no la amo como ella me ama. Sólo la hago feliz porque necesito su felicidad para que mi vida valga la pena.

Eso traspasa los límites del egoísmo. Tal vez no sea evidente, pero es verdad: Cada día lo sé, en lo que piensan los demás. No hay pensamiento más desagradable, que los que te llevan a hacer el bien en nombre del egoísmo.

Soy el peor ser humano posible. Mi mente es más sombría y sucia que la de los otros, porque yo entiendo el significado de mis actos, de mis pensamientos… y soy incapaz de cambiar.

La dejo perder su tiempo, desperdiciar su amor en mí. Pero es que también comprendo que es lo mejor. Los demás la amarían tanto o menos, y yo tengo la ventaja de saber lo única que ella es.

La verdad es que ella necesita el engaño tanto como yo.

No le hablo de mis peleas en casa, porque no podría soportar su tristeza. Pero siempre le digo cosas sobre mi hermana. Después de todo Annie es una de las mejores personas que conozco. Sus pensamientos sádicos me asustan, pero es capaz de pensar las cosas más buenas que he visto en la gente común. Dejo que Iris crea que quiero mucho a mi hermana, es una parte insignificante del engaño... Después de todo, a veces, sí la quiero.

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