martes, 20 de octubre de 2009

Basta un poco de Locura. VII

- ¿Mami?

- Nell, cariño, ¿Quiénes son tus amigos?

- Carlitos, es sobrino de los dueños de esta casa, pero no vive aquí. Juanita y Carmen son gemelitas, pero no son iguales. Viven con su papá y su madarasta.

- Nell, sos bastante grande ya. Tenés que pronunciar las palabras correctamente: Ma-dras-tra.

- Ma- daras- tra

- No.

- Madraz-ta

- Nell, ¿lo hacés aproposito?

- No, mami.

- La palabra es “ma-dras-tra”, y tenés que decirla bien.

- Pero mami…

Janice golpeó el rostro de Nell con el revés de la mano. Los tros niños de sobresaltaron, pero no se sorprendieron. Involuntariamente, Carlitos sobó su propio rostro. Los tres habían tenido algo de eso en considerables ocasiones.

- Decilo.

- Ma-draz-tara… Ma-daras… Madastra… ¡No sé como es!

Janice golpeó de nuevo, un poco más fuerte. Nell derramó un par de lágrimas.

- ¿Por qué me haces esto? Es una palabra difícil…

- Sólo para los tontos.

Carlitos y Carmen miraron a Janice con toda la indignación de la que se es capaz a los seis años.

- Mami…

Janice sujetó a Nell por el cabello y la lanzó con todas sus fuerzas al interior de la casa. La niña emitió un quejido débil, que fue escuchado por su padre en la oficina. Carlos trató de tirar la puerta, aún cuando ya había pensado bastante sobre lo inútil de semejante acción.

Los “amiguitos” de Nell querían ver el resto del cástigo, pero se marcharon decepcionados, pues (contrario a lo acostumbrado en el pueblo) Janice había cerrado la puerta.

- No me matés mami. – gimió Nell, aterrorizando a Carlos.

- No te… ¿eso te dijo? ¿ESO TE DIJO?

- Vos me querías enfermar.

- Sí. Sí, pero era diferente. Estabas de su parte. Ya no, ¿verdad? – Janice sonaba tan asustada como su hija. Temía la respuesta a esa pregunta.

- ¿Dónde está mi papi?

- Serás una buena hija ¿verdad?, por que amás a tu mami. – Janice se aferraba aquella esperanza.

Había comenzado a bizquear y, sin que hubiera un motivo para ello, Nell relacionó ese gesto con el día en que su padre había estado a punto de morir.

- ¿Dónde está mi papi? – gritó la niña, con todas sus fuerzas.

Nell estaba empezando un berrinche, y Janice no estaba dispuesta a soportarlo. Levantó a la niña por el cabello y la obligó a arrodillarse.

- No me grités. Te callás ya. O te voy a meter de nuevo en la ducha hasta que te quedés tiesa, malcriada.

Nell dejó de gritar. Incluso dejó de llorar y se quedo viendo, con rabia, a su madre.

- Disculpate.

- Lo siento mami. – la frase sonó sincera, y de la mirada de Nell desapareció la ira.

- Ahora, decilo bien: Madrastra. Ma-dras-tra.

La niña intentó pronunciar correctamente. Lo intentó hasta conseguirlo.

- Bien. Ahora andá a la cocina y servite la cena.

- Sí, mami.

0 opiniones de editores:

Publicar un comentario

Publicación Anterior:
Cuotas de Libertad

Página de la Historia


Seleccionar Capítulo: