martes, 20 de octubre de 2009

Basta un poco de Locura. VI

Escuchó el llavín abrirse, y al principio no entendió. Pronto la luz de la tarde y la figura de Janice fueron visibles ante la puerta abierta. “Idiota”, se dijo Carlos, “Ella tiene la llave para entrar por la oficina”.

La lámpara de la oficina se apagó sin que nadie le prestara atención: otro corte de la corriente eléctrica.

- Janice, esto es…

- ¿Una locura?

Janice sonaba calmada, y Carlos supuso que eso era terrible.

Un mes atrás, Nell había hecho un “bolso impermeable” en la clase de “Educación para el Hogar”. Consistía, según la niña, en una bolsa de plástico forrada con tela adornada. Además tenía dos asas hechas de lana. Janice llevaba el bolso en su mano izquierda. Con rapidez felina atrapó la cabeza de Carlos dentro de la manualidad que le había merecido un 20 de 20 a su pequeña hija.

Carlos quiso abrir el bolso, pero se veía obligado a usar sus manos para defenderse de Janice, a quien no podía ver. Sentía punzadas… ¿qué tenía Janice en la otra mano? Al fin, consiguió atrapar la mano izquierda de su ex-esposa (esta demente en particular era zurda), pero ella se ayudó con la otra mano. Aunque ya no podía respirar, Carlos se esforzó por aprender la otra mano de Janice, en lugar de quitarse la bolsa de la cabeza. Cuando la hubo sujetado, Janice comenzó a patear.

Carlos recordó que ya podía quitarse la bolsa. Lo hizo, pero entonces Janice aprovechó para arremeter con el bisturí nuevamente. Con la vista nublada, Carlos apenas distinguió el abrecartas; “Ojalá don Pablo no hubiera dejado sus cosas en la oficina; así ella no tendría esa cosa ahora”, se dijo.

La dolorosa equivocación de olvidar que Janice podía entrar por el frente había permitido que la puerta fuese abierta. Ambos corrieron al mismo tiempo hacia la salida. Janice la alcanzó primero, y consiguió cerrar la puerta, pero no le había echado llave. Carlos sabía que necesitaba abrir la puerta, de un modo u otro.

Janice estaba, jadeante, frente a la puerta.

- Me dejaste en ese sitio espantoso. Agarraste a mi hija y la trajiste a un lugar donde, según vos, yo no la iba_a_hallar. Te equivocaste. – alzó la voz, sobresaltando a Carlos - ¡Vos me usaste! ¡Me_engañaste! Después de burlarte de mí, me quitás a mi hija. Pero no soy la tonta que vos pensás. Yo voy a tomar mi lugar, Carlos.

- Janice, ¿Cuál es tu lugar?

- ¡Yo soy tu esposa! ¡Soy la madre de Nell!

- Nell. ¿Querés ver a Nell?

- Sí. Iré por ella al kínder cuando vos estés muerto.

- Pero Janice, Nell es grande ahora: está en primaria. Y no tiene clases por la tarde. Está con una amiga. Vamos a recogerla. Es algo tarde…

- ¿Querés engañarme, Carlos?

- No, Janice, yo no podría…

- ¡Mentira!, ¡mentira! – Janice lo atacaba de nuevo con el abrecartas- ¡Vos me mentís siempre!

Carlos intentó sujetarla. No era una acción totalmente efectiva, pero era lo que se le ocurría.

No podía abrir la puerta mientras forcejeaba con Janice. Tampoco se atrevía a soltarla. Pero estaba a punto de arrebatarle el abrecartas. Lo consiguió, pero ella seguía luchando. Comenzó a usar uñas y dientes; pretendía sacarles los ojos y le lanzaba mordidas vampirezcas; hasta que Carlos la soltó.

Consiguió ponerle llave a la puerta, y mientras Carlos trataba de evitarlo, rompió la llave en la cerradura.

Carlos ya estaba desesperado; lanzó a Janice contra el escritorio. Necesitaba salir de ahí, necesitaba las llaves para salir por la sala. Se acercó un poco.

- Janice…

- ¡NO! ¡Noo! No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, No. NO. No, no, ¡NO!, no, no…

Janice ya no estaba segura de lo que ocurría. Le dolía la espalda debido al golpe contra el escritorio y estaba cansada. Calos se acercó más… ¿era posible? Janice tenía las llaves en su mano derecha. Por eso había sido fácil quitarle el abrecartas. Cuando Carlos le quitó las llaves, Janice no se inmutó, siguió negando, y poco después afirmó sus palabras mediante un leve movimiento con la cabeza.


¡Vaya lucha sin sentido! La puerta de la sala estaba abierta de par en par.

- Ya te marchas – Janice tenía la actitud con que le había ofrecido café a Carlos.

- Volveré a las cinco.

Podía funcionar, ¿Por qué no? Fingiría que todo estaba bien y seguiría andando..

- ¿A dónde vas?

- Ya lo sabes cariño. Lo sabes.

- Vos no me lo dijiste.

- Voy a recoger a Nell.

- Y la vas a ver a ella, ¿verdad?

- ¿A…quién?

Janice lanzó un jarrón y acertó con mucha suerte. Había noqueado Carlos. Tenía el premio mayor, ¡ding - ding, ding - ding!

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