martes, 20 de octubre de 2009

Basta un poco de Locura. V

Sin embargo estaba ahí. Mantenía a Carlos encerrado en la oficina. El, poco afortunado, maestro e primaria, había revisado la oficina durante más o menos una hora, para mantener la mente ocupada. El resultado fue el que esperaba: se sentía un poco más capaz de pensar con claridad. No estaba sereno, pero sí en sus cabales.

No comprendía como, Janice había robado parte de sus llaves durante la mañana. Y ahora las tenía todas. El estaba encerrado en la oficina. Nell, acompañada por algunos compañeros, llegaría cerca de las 5:30 PM. Era poco probable que se adelantara, pero si lo hacía, no podría avisar (en aquel pueblo no había más teléfonos que el comunitario). La casa estaba en silencio, pero Carlos sabía que Janice lo esperaba pacientemente… pero ¿con que intenciones? Fuesen las que fuesen, él no podía seguir encerrado en la oficina mientras el tiempo pasaba.

Se arrepintió de haber movido el escritorio. Janice lo escucharía cuando lo quitara del camino.

El olor a incienso aumentó al abrir la puerta. También olía a café, aunque no era el café puro que Carlos tomaba sin control durante su adolescencia, era café “Plata” (según Carlos, era veneno, pero igual se lo tomaba, ya que no había otra opción).

- Ahí estás. – dijo Janice.

Estaba en el umbral de la puerta de la cocina. Sonreía con dulzura y llevaba una taza de café en cada mano. A Carlos le pareció una broma de mal gusto: así la había visto muchas veces, justo antes de tener una conversación espléndida sobre el futuro, y era, quizá, su mejor recuerdo sobre ella.

- Esta casa es enorme. Vivimos como ricos y eso es malo para Nell. Se la va a creer.

- Nell sabe… que no es nuestra casa… Esto en un pueblo, – Carlos comprendió que Janice estaba viviendo en una especie de recuerdo feliz – y creo que somos los únicos que alquilamos casa, todos tienen la propia…

Janice le ofreció una de las tazas, y él la recibió con recelo.

- Salvo por la casa, se diría que no vivimos tan mal desde ese tiempo en que te peleaste con tu papá y yo no hallaba trabajo. Carlos, no me gustan los pueblos.

- El trabajo es mejor. Y la tranquilidad… Nell crecerá mejor aquí.

- ¿No te tomás el café?

- Janice, es que…

- ¿No lo hago como ella? – la expresión en el rostro y voz de Janice había mutado – ¿No te hago feliz?

- Janice…

- Maldito, ¿Nunca tenés suficiente? – ahora Janice gritaba, fuera de sí.

Carlos estaba consciente de que la idea de calmarla era absurda.

Janice le lanzó el café caliente al rostro. Carlos tenía una nueva experiencia desagradable para recordar a su ex - esposa.

- ¡Sos horrible, Carlos! ¿Por qué me hacés esto? ¿Por qué? ¿Por qué?

Janice rompió un espejo utilizando la taza vacía; comenzó a lanzar trozos de vidrio contra Carlos. Tenía mala puntería, pero atinó en varias ocasiones.

Dick intentó sujetarla, pero ella lanzaba patadas, arañazos y mordidas… Él era fuerte como para alzarla del suelo, pero no podía controlarla. La empujó con fuerza y ella se golpeó en el contramarco de la entrada a la cocina. Carlos huyó nuevamente hacia la oficina. Al encerrarse esta vez, no utilizó el escritorio. Esperaba oír gritos, golpes y llanto. Pero no los hubo: Janice volvía a guardar silencio.

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