martes, 20 de octubre de 2009

Basta un poco de Locura. IV

Cualquier hombre mayor en aquel pueblo la habría dicho a Carlos que fuera macho y saliera de ese cuarto para darle una paliza a su mujer, así ella recordaría quien mandaba. En los pueblos, sobre todo los hombres mayores, piensan así. Y por sobre cualquier tipo de caballerosidad, él era más fuerte que Janice, ¿no?

Pues no. Era más robusto, 5 cm. más alto, más pesado también; pero, ¿más fuerte? No. Lo era cuando se conocieron, durante los primeros y felices años de matrimonio. Podía levantarla con poca dificultad; si la golpeara, el daño sería considerable. Pero él no la mataría. Ella no sólo era capaz de matarlo, si no que estaba decidida a hacerlo. Años atrás, ella había estado segura de haber cumplido con esa misión, y de pronto, lo había visto sentarse en la camilla en que lo trasladaban a la ambulancia.

Eso fue en la capital. Janice había entrado a “New Home”, donde su hija hacía el preescolar. Era la madre, así que la niñera le permitió que se llevara a la niña.

- Estúpida, ¡nos causarás una demanda! – había gritado la directora cuando se enteró – El papá de esa niña está esperando una orden de restricción, ¡y vos soltás a la cipota así nomás!

- Yo no sabía, Licenciada…

- ¿Es que vos no sabés nada nunca?

La niñera estaba aterrorizada, no porque la directora gritara, o por lo que decía, si no porque la estaba tratando de “vos”, indicador de que estaba realmente furiosa, no fingiendo.

- Si a esa niña le pasa algo, date por despedida.

A Nell le ocurrió algo.

Su madre la hizo subir a un taxi y fueron a un hotelucho, donde Janice pagó la habitación por adelantado. En tanto, Carlos las buscaba por toda la ciudad. Intentó reportarlo como secuestro, pero el oficial dijo que una madre no secuestra a su hija.

- Ya se la va_a mandar mañana, o aparecerá pidiéndole “la leche”.

Carlos sabía que todo estaba mal. Siguió buscando a ciegas. A las 6:00 PM, pensó que a Nell se le pasaría la hora de tomar dos de las medicinas. La niña estaba saliendo de una infección bronquial.

Janice lo había notado. Por eso abrió la ducha y exigió a Nell que se quedara de pie bajo el chorro de agua fría.

- Se va_a mojar mi camiseta white.

- No importa, ni papá ni mamá van a regañarte.

A las siete de la mañana, Nell estaba empapada y temblando. Dormía, sentada en el suelo del baño, bajo el goteo de agua fría. Ya no había agua en el hotel.

Carlos recibió la llamada de Janice. Ésta le informaba, desde un teléfono público, que Nell estaba castigada, y que podía buscarla en el cuarto 11 del “Hotel y Cafetería Sara´s”.

- No va_a volver a solapar tus porquerías.

Carlos tardó varias horas en encontrar el sitio. Una mujer, de aspecto desagradable y voz dulce, le dijo donde estaba el cuarto y que su esposa lo esperaba.

Janice sí lo esperaba, con el más grande cuchillo de cocina que había encontrado en el supermercado. Estaba en el baño, donde Carlos entró después de ver que no había nadie en el cuarto.

Cuando Janice le clavó el cuchillo en el pecho, Carlos cayó al suelo, semiinconsciente. El sonido despertó a Nell, así que Janice corrió la cortina y le ordenó a la niña que no saliera. Dejó el cuarto con la misma calma con que había hecho todo desde que recogió a Nell.

Entró a una cafetería a dos cuadras de ahí. Cuando escuchó las sirenas fue al mercado y confundida entre la gente vio desde ahí la fachada del hotel. Vio salir al paramédico que llevaba en brazos a Nell y a los que llevaban a Carlos en una camilla. Y vio a Carlos incorporarse, casi lo escuchó preguntar por Nell. Perdió el control entonces.

- ¡Maldito seas! ¡Maldito seas!

Mientras gritaba, Janice corría hacía Carlos, llevando en mano un destornillador robado de uno de los puestos del mercado. Atacó a los paramédicos, intentando llegar hasta Carlos.

Nell se puso grave a causa del baño frío. Pero mejoró tras un meticuloso tratamiento. También Carlos mejoró. Afortunadamente, la idea que tenía Janice sobre el punto exacto donde se encuentra el corazón, era errada.

Janice fue enviada a un hospital psiquiátrico. No tenía esperanzas de abandonarlo pronto, y sin embargo…

0 opiniones de editores:

Publicar un comentario

Publicación Anterior:
Cuotas de Libertad

Página de la Historia


Seleccionar Capítulo: