sábado, 7 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 10 - La sangre nunca se quita (anexo)

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La sangre nunca se quita
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Profundidad


El suicidio era, según Geller, su única forma de escapar. Pero tampoco sabía como obtener eso. Su captor sabía lo que deseaba, y no se lo iba a permitir.A su lado estaba la chica, que se había estado arrancando el cabello y estaba llena de cortadas y moretes pero mantenía la frente en alto y no temblaba como él cuando el psicópata reía.

viernes, 6 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 10 - La sangre nunca se quita

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Sí, August, estoy bien (anexo)
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La sangre nunca se quita(anexo)



Para cuando llegó el último día de enero, ya contábamos con el clima cálido durante el día y la noche; se pondría peor en febrero, pero ya era suficiente para volver irritantes los entrenamientos de DP y no proporcionaba ningún tipo de beneficio. Al contrario, el paisaje era desalentador y mi único consuelo era que podía usar la ropa que me gustaba.

Al menos todavía tenía mi entusiasmo. Llevaba tan buen ritmo que fue una lástima saltarme dos clases para ir al torneo de adivinación en la ciudad.

domingo, 1 de junio de 2014

Obediencia Sorda. 9 - Sí, August, estoy bien (anexo)

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Sí, August, estoy bien
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La sangre nunca se quita




Tal vez era un enfermo mental, sin nada en donde los otros tenían el alma y completamente incapaz de asquearse ante el olor de la muerte, pero incluso él tenía sus propios gustos. Sólo que no le preocupaban las cuestiones que eran importantes según la sociedad. No, él era quisquilloso a la hora de elegir que miembro debía ser el primero en desprenderse, en donde debían estar las sillas que ocuparían sus víctimas... y claro, era muy selectivo con sus víctimas.
Un desafío, un deleite, y aún así, controlables.
No hacía más de un año, hubiera dicho sin duda que todos eran controlables, que lo importante era que no se desangraran muy pronto y que dieran pelea antes de comerse sus propios pulgares.
Luego, había tenido que considerar la posibilidad de que alguno venciera. Que lograra escapar mientras él cavaba una tumba. Aún así, no podía evitar la tentación de ir por él. No otro como él, porque eso no tenía importancia y porque aún no había conocido a otro capaz de rebelarse.
No, no. Él quería destruir al que lo había desafiado. Y sabía que lo tenía cerca.
Quizá era por eso que ninguna víctima parecía bastante buena, ni siquiera la conservadora que se había fracturado ambas muñecas para ya no seguir obedeciendo la orden de arrancarse el cabello.
Pero tampoco quería ir por él. No hasta que supiera que sería capaz de doblegarlo.

viernes, 30 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 9 - Sí, August, estoy bien

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Medianoche (anexo)
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Sí, August, estoy bien (anexo)


Enero era mal mes para mí, por que venía con un montón de exámenes. Mi vecino telépata lo veía con otros ojos, desde luego. Corría de un lado a otro preparando la primera obra del año, y no pude evitar fijarme en el entusiasmo con el que lo hacía; no era cosa de mantenerse ocupado para evitar ser un radar humano de preocupaciones y pensamientos tristes. Como era más estudioso de la cuenta, no debe haber sido un problema el tener que hacer esos preparativos mientras los estudiantes promedio intentábamos memorizar discursos, resolver guías de práctica y entender esos temas que habíamos estado postergando.

Aunque estaba faltando a algunas de sus sesiones de estudio, el lunes llegó puntual en la biblioteca para repasar historia con nosotros.

―Hola Tom ―Irina fue quien lo vio primero―. Rose y yo creímos que íbamos a estar solitas.

Me di la vuelta para saludarlo con un gesto, y le hice espacio en mi lado de la mesa.

―¿Shai todavía no aparece? ―preguntó mi vecino mientras tomaba asiento.

sábado, 24 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 8 - Medianoche (Anexo)

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Medianoche (parte b)
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Sí, August, estoy bien

RT Hammer dormía profundamente por primera vez en un mes.Para ahuyentar a sus demonios, se había dejado envolver en los recuerdos más recientes con su hijo:....…―¿Estás... sintiéndote bien?No entiendo porque preguntas eso. Creía que habías venido hasta aquí porque ya sabías que me siento terrible. Aunque es cierto que no podrías saber eso, ¿cómo lo ibas a saber? Quizá es verdad que mi razonamiento está peor de lo que yo creía. No puede ser, no puede ser...No. Tienes razón: ya lo sabía. Sólo intentaba ser sutil.¿Y eso para qué?Por qué eso hace la gente. ¿Qué te pasó?Nada. Es algo que supe hace unos días. Intenté hablar con algunos compañeros, pero ellos no... Fui a la ciudad para advertirles pero no me creen. Es la desventaja principal de perder la cordura, que luego nadie te cree y si te descuidas te convences de que lo estás imaginando, y ojalá me lo esté imaginando, porque si es mentira no tengo que tener miedo...¿Qué cosa supiste?Teale lleva más de un mes soñando justo al otro lado de la calle.

Y así siguió, en un ciclo de sueños que le hacían sentir a salvo.

viernes, 23 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 8 - Medianoche (parte b)

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Medianoche (parte a)
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Medianoche (anexo)


Sólo saldría con Thomas y un par de sus compañeros de algún club. Irina estaba en la ciudad con su familia y Shai se había disculpado diciendo que él no era muy festivo; quizá era verdad, pero tal vez lo decía porque tenía que quedarse con su hermano asocial.

Los amigos de Thomas no pensaban ir a la ciudad con nosotros, porque eran de esa gente que necesita ir a dormir a medianoche y no querían faltar a clases al día siguiente.

Empezamos por la fiesta oficial, porque la otra todavía no empezaba. Nada fuera de lo común: puestos de ventas aquí y allá, algunas exhibiciones de los artes y deportes, una especie de altar de los conservadores que no podían ir a casa para el festejo, música y mucha gente. Yo andaba eufórica pese a que, no hacía media hora, había estado llorando de nostalgia.

Bailé y corrí y participé en los juegos que tenía el club de drama; Thomas los convenció de que me dejaran conservar el antifaz.

―Oye, vecino, ¿como es que no estás en esto de los juegos?

―Iba a vagar toda la noche contigo, así que no me apunté en nada. Pero sí ayudé en los preparativos que hacían dentro del horario.
Intenté sacarlo a bailar, pero no hubo forma. En cambió me acompañó uno de sus compañeros. Era buen chico pero estaba obsesionado con los juegos de luces que utilizaban para dar vida a aquella noche.

Pasadas las diez nos fuimos a la otra fiesta, donde las bebidas y el baile llamaban al caos que no se hubiera permitido en la Fiesta de medianoche oficial. Le faltaba organización pero no es necesario tal elemento para bailar como demente y beber como si no existieran las resacas. Como fuere, Thomas y sus amigos no estaban cómodos ahí, de modo que nos fuimos a recorrer el instituto para ser testigos de las pequeñas reuniones de amigos y poco a poco nuestro grupo se redujo cuando nos acercamos a los dormitorios y cada quien fue al suyo. Entre el último edificio de dormitorios y el que utilizábamos los designados para recibir clases, había una pequeña arboleda. Daba la impresión de que usaban arboledas para mantenerlo separado de las otras áreas del ISC, pero lo dudo porque para eso era tan sellado y a prueba de sonido.

―¿Quieres ver las luciérnagas radioactivas? ―propuso Thomas.

―¿Es que todavía quedan?

―Pocas, más que nada en las playas, pero hay un enjambre perdido por aquí...

Me dejé guiar por el bosque en absoluto silencio. No había nada de especial en aquellos insectos, más que su tamaño y su luz negra. Era posible que su evolución fuera causada por cualquier motivo, pero todos elegíamos creer que había sido por la radioctividad. Al menor ruido se volvían agresivos, pero en silencio era posible incluso sujetarlos.

No hubo caso, ya no estaban ahí. Pero encontramos, en cambio, a otra especie rara. Lo primero que oímos, fue las voces:

―Bien, trabajaré sólo con Irina en el proyecto de psicología, pero tienes que hacer mi reporte para Hammer.

―¿Ya pidió el reporte? ¿Le pasa algo malo?
En ese momento, mi vecino me hizo señas de que nos fuéramos, pero yo no hice caso porque estaba tratando de asegurarme de que había oído hablar a Shai.

―Tú averígualo, yo no leo la mente.

¡Sí! ¡Ese era él!

―Creo que es por el nuevo vecino.

Esa otra voz me sonaba de algún sitio...

―¿Sigues con eso? ―replicó Shai.

En ese momento en que consideré seguir las voces para saludar a Shai y salir de dudas sobre su acompañante, Thomas tiró de mi brazo en la dirección opuesta.

―Sigo... ―el desconocido se interrumpió, para luego preguntar:― ¿Oíste?

Probablemente había notado el ruido causado por mis pasos mientras Thomas me arrastraba lejos de ahí.

―No... ―fue lo último que alcancé a oír, y supuse que era la respuesta de Shai a la pregunta del otro.

Por supuesto que todo el camino estuve reclamando. ¿A qué venía tanta prisa por irnos?

―¿Qué no ves que es privado? ―intentó explicar mi compañero de celebración, mientras caminábamos por el pasillo frente al edificio de los designados para encaminarnos luego hacia el área donde festejaba la mayoría.

―Pues sí, pero fue coincidencia y oír su plática en secreto es peor que si hubiéramos ido a saludarlos...

―¿Estás loca? Es que no hubiéramos tenido que oír su plática tampoco, nos teníamos que ir cuando te dije.

―Quería ver quien era el otro... yo conozco esa voz.

―Te suena familiar porque se parece a la de Shai, no hay forma de que lo hayas oído decir pío.

―¡Espera! ¿Ese era el otro gemelo?

―Pues claro.

―¿Y cómo lo sabes?

―Por qué yo conozco la voz de Shadwell.

―¿Y no dicen que no habla con nadie? ―repliqué.

―Pues obviamente habla con Shai. Y a mí me habló una vez.

―¿En serio? ―me sorprendí―¿Qué te dijo?

―Literalmente dijo: “Alejate de mí. Si te sigues metiendo a mis sueños, te pesará.”

Una amenaza. Con razón ese tipo no le gustaba nada a mi vecino.

―¿Y le explicaste que no podías evitarlo? ¿Lo comprendió?

―Sí. Pero eso no evitó que me pesara.

―¿Qué te hizo? ―inquirí, preocupada.

―Nada. No es que hiciera algo... Sólo... Ya te lo dije: su REM es temible.

Entre palabra y palabra volvimos a la fiesta. No nos quedamos mucho más, porque yo quería ir a la ciudad.

Atravesamos el salón pequeño, donde un grupo de maestros compartía anécdotas y licor.

―¿Salen tan tarde? ―preguntó un individuo al que reconocí con el disgusto de siempre.

―Para ver la fiesta en Inocencia ―respondió mi compañero, con naturalidad―. Ya no hay tráfico y la ciudad seguirá despierta y saludable.

Hammer abandonó su grupo para acercarse a nosotros. Acercó su cara a la de Thomas y ordenó:

―Nada de esperar el día en ese lugar. ¿Está claro?

―Como los sueños de mi vecina ―respondió Thomas, sereno y señalándome―. Es más, estaremos de vuelta antes de las dos.

Conforme, el profesor se desentendió de nosotros.

La carretera estaba desierta y Villa Inocencia parecía callada en su mayoría. Las luces seguían encendidas en las casas, y sentí la tentación de caminar en la penumbra en lugar de seguir el sonido de la fiesta que venía de mi izquierda.

―Por aquí ―Thomas me guió por la orilla de la carretera hasta la que debía ser la calle principal, donde en lugar de una parranda lo que había eran varios grupos distintos, celebrando cada cual a su modo pero sin alejarse de sus vecinos que tenían otros gustos.

Unos bailaban, otros comían, otros contaban anécdotas del año que ya había terminado. Más adelante había un grupo que hacía promesas para el año siguiente y luego los que quemaban aquello que deseaban dejar atrás...

―¡Rose! ¡Thom!

Volteamos para descubrir a Irina, que dejaba el grupo de los que hacían promesas para venir a saludarnos.

Ese día, o más bien, esa noche, conocí en persona a su hermana, su pequeña sobrina y su padre. Este último nos preguntó si nuestras creencias nos permitían participar de las suyas y hacer una promesa.
Avergonzada, admití que no se me ocurría ninguna.

―¿Cómo funciona? ―preguntó mi vecino.

―Sólo lo dices, y somos tus testigos para recordártelo cuando sea necesario.

―Yo prometo, de nuevo, que prestaré atención respecto a mi papá; aunque no me guste lo que vea.

Era una promesa curiosa, para ser que venía de un telépata que intentaba no prestar atención a los pensamientos de los demás, ¿o no se refería a ese tipo de atención?

―Eres bueno―dijo la niña, con las palabras difíciles de comprender que suelen tener a su corta edad.

―Eso espero ―respondió Thomas.

Irina nos comentó que ya había hecho su promesa:  ser paciente. Confesó que era una promesa que rompía año con año, pero no se cansaría de hacerla porque esa paciencia la necesitaba para todo.
Ella y su hermana iban a visitar otros festejos, así que las esperamos y fuimos los cuatro. Pasamos un buen rato jugando con dardos y visitamos a un hombre, más o menos joven, que decía ver el futuro en los ojos de las personas.

Le garantizó a Irina que vería el mar; y a su hermana le dijo que vería a un muchacho de rodillas disculpándose por algo, al parecer también lo vería marcharse con el perdón pero sin recuperar lo que se había perdido.

―¿Y tú, muchacho?

―No creo en la adivinación de la mirada ―dijo Thomas―, pero por si acaso fuera cierto, prefiero no saber.

El hombre rió y le dijo que hacía bien en no creer. Y luego me invitó a mostrarle mi futuro.

Lo hice por diversión. Aunque siempre había creído en la adivinación, no me parecía lo bastante comprensible así que me daba igual lo que pudiera decir el hombre.

―Ves a un hombre en el pasillo, creo que te esperaba, porque te invita a pasar y tú lo sigues hasta la habitación 24...―se interrumpió, parecía nervioso, y después de un momento, me dijo con preocupación― No querrás oírlo, y yo no quiero ver más.

―¿Estás intentando asustarla, Maco? ―preguntó la hermana de Irina.

―No es eso... es que no es agradable. Es más, jovencita, yo te recomiendo que no vayas con él. No te lleva a un buen sitio.

―Intentaré recordarlo ―respondí, mientras me daba cuenta de que aquel arte era tan impreciso, que tenía más relación con mis sueños pasados que con un posible futuro.

Mientras tomábamos un café, le comenté a Thomas que esa advertencia del adivino me había recordado la que me diera él aquella noche después de meterse en mis sueños.

―Quién sabe, a lo mejor es la misma advertencia ―dijo él, divertido―. Es cosa de... ¡Ay no! Es tarde.

―¿Qué?

―Igualmente ya nos vamos.

―¿Qué? ―repetí, mientras me disponía a seguirlo.

Las conservadoras se despidieron, y yo dejé el puesto de café reclamándole a mi vecino por tan repentina partida.

―¡Ya son las dos! ―me dijo.

―¿Y eso qué...? ―por fin, lo recordé:― ¿Es en serio? ¿Lo decías en serio?

―Por supuesto.

A veces él me resultaba detestable.

Ya no había nada divertido en el instituto. Así que volvimos a Europa antes de las cuatro de la mañana. Tuve tiempo de dormir un rato y cuando abrí los ojos estaba en otra parte. Estaba tendida en un charco de sangre en una casa vacía. Había un par de sillas vacías frente a mí y sentado en el suelo, en una esquina estaba Shai.

―Estuve limpiando pero la sangre nunca se quita ―se disculpó.

Otra vez sonaba extraño, esa fue la pista que comprendí:

―¿Esto es un sueño? ―quise confirmar, mientras me incorporaba.

―Sí. No deberías venir, pero... mírate ahí: mirándome. Estás sentada en un charco de sangre en el lugar en donde cinco personas murieron y estás mirándome.

―Ya que lo mencionas... ¿por qué estamos en un lugar tan tétrico?

Me puse de pie y caminé hasta él.

―Prefiero no decírtelo.

―Está bien.

―No puedo creer que realmente pienses eso ―comentó, encantado.

―Soy partidaria de la privacidad, eso es todo.

―¿De que más eres partidaria, Rose?

Reflexioné antes de responder:

―De los finales felices, de la lealtad y del libre albedrío.

―Todavía me cuesta creer que todo eso existe.

―Tengo evidencia.

―No lo dudo ―dijo, y después de una pausa, preguntó:―. ¿Cómo es que siempre me ves a los ojos, Rose?

No entendí la pregunta. Estaba justo frente a mí, ¿por qué no lo haría?

―Nadie lo hace ―agregó, con una nota de tristeza en la voz―. Ni siquiera él.

De pronto entendí por qué sonaba raro y por qué había reconocido la voz del hermano que nunca decía nada. Con razón estaba parada en uno de los muchos charcos de sangre de una casa que se caía a pedazos: es que él tenía una REM temible.

―Eres Shadwell ―murmuré.

Por un segundo el pareció confundido. Luego, se enojó conmigo.

―Sólo crees que soy él ―me reclamó―. Vete.

―¿Qué...?

―¡Vete! ―me interrumpió con sus gritos― ¡Largo de aquí!

―Como quieras ―le grité también.

―Te dije que no la trajeras... ―no me había dado cuenta, pero Shai también estaba ahí.

―¡Tú cállate que nadie te ha preguntado! ―bramó el otro, causando que el gemelo sociable se encogiera.

No salí en defensa de mi amigo porque me desperté de repente, con el corazón a mil y segura de que había hecho algo terrible.

lunes, 19 de mayo de 2014

Obediencia Sorda. 8 - Medianoche (parte a)

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Rem (anexo)
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Medianoche (parte b)


La semana más fría terminó el martes. Había durado más de lo usual, pero eso era buena señal: la temperatura subiría de inmediato. A menudo la temperatura subía de golpe en enero, pero quizá este año tendríamos una subida gradual en la última semana de diciembre.
Tales eran mis inocentes esperanzas, en Micbie ocurrió así. Pero cuando la última semana de diciembre llegó, en el instituto y la ciudad que estaba al otro lado de la carretera, seguía haciendo frío y hasta había una corriente de aire ocasional.
Con pantalones gruesos y camisas de manga larga me sentía común y corriente. Por eso no me gustaba la estación fría, a pesar de que coleccionaba abrigos. La única ventaja era que no tenía que decidir si quería que todo mundo viera los moretones verdes que le debía a los entrenamientos de DP.
Fuera del clima y los moretones, la ultima semana de Diciembre iba de maravilla. Recibí varias invitaciones para la celebración de medianoche, y cada uno de esos caballeros intentó explicarme como recibían el nuevo año en el instituto. Excepto los dos que querían invitarme a la fiesta en Villa Inocencia, esos hablaban de una especie de baile en la calle principal.
Según había entendido, la fiesta del instituto también era en exteriores, en uno de los jardines. A veces, por cuestiones de gustos musicales, algunos estudiantes establecían un baile paralelo en otra parte.
Yo quería verlo todo.
Thomas dijo que en una noche completa, podíamos hacerlo. De todas formas, dormir no era su actividad favorita y las fiestas duraban hasta el amanecer siguiente.
Así que preparamos una ruta para recorrer las fiestas de medianoche y un plan para que el sueño no nos venciera. Quizá tuvieramos que saltarnos un par de clases al día siguiente, pero eso lo hacía todo el mundo, aun los que no amanecían festejando.
Mis hermanos tenían los planes de siempre, una cena en familia, fingir que iban a dormir, y salir a emborracharse en la fiesta de los Bravo. Mis padres tampoco cambiarían su rutina: cena en familia, fingir que iban a dormir, y rastrear las mentes de sus hijos para asegurarse de que no fueran a aparecer en las noticias al día siguiente.
Me parece que esa rutina era la versión telépata de las rutinas de todas las familias en el pueblo. Y el único que se iría a dormir a la hora de siempre sin hacer ningún cambio a su delicada rutina, era August. En ese sentido, había salido ganando con mi ausencia. Porque yo siempre lo hacía trasnochar.
Por lo visto, esta vez lo reemplazaría Thomas.
Pero, hasta el día de la fiesta, yo tenía mucho que hacer. Los deberes de las clases de ciencias los llevaba adelantados, e incluso ya habíamos hecho el informe de historia. Pero tenía investigaciones inmensas que cumplir para mis dos clases “favoritas”; la tarea para Azul la seguía postergando porque no me interesaba, pero la otra era una aberración, o mejor dicho, una ironía: Hammer quería un informe detallado y organizado de lo que habíamos estado aprendiendo en su clase. ¿Acaso nos había enseñado algo en forma organizada o detallada... o en cualquier forma?
―¿Qué necesitas, vecina?
―¡Ay mi...! ―solté un grito ahogado antes de procesar quién era el que me hablaba―Thomas, casi me matas de un susto.
Había llegado a la hora habitual para almorzar, pero demasiado callado y fuera de mi ángulo de visión.
―Perdón. Y, ¿qué necesitas?
―Un informe de lo que Hammer cree que nos ha estado diciendo.
―¿Tan pronto?
Mi cara de sorpresa siempre le brindaba información a Thomas, quien ahora supo que debía contarme un poco más sobre el lunático que debía instruirme sobre criminología:
―Una o dos veces por periodo, los estudiantes de criminología van por ahí desvelados, furiosos y confundidos, tratando de buscar en la red o copiar de otros compañeros, por qué no saben lo que Hammer espera de ellos cuando pide un informe organizado de lo que han aprendido con él.
―¿Y alguien lo ha conseguido?
―Todos y ninguno.
―No entiendo.
―Ese es el asunto: ninguno entiende lo que Hammer quiere; pero todos los que presentan algún informe reciben la calificación completa. Y algunos de ellos, obtienen su agradecimiento.
―¿Y eso a cuenta de qué?
―¿Qué fue exactamente lo que te pidió?
―Reporte detallado y organizado de lo que hemos aprendido ―repetí, aunque imaginaba que él lo sabía bien.
―Bien, eso es lo que quiere. A nadie se le ha ocurrido que eso quiera, pero los más holgazanes lo hacen porque es más rápido de escribir.
―Pero eso... él... Ni siquiera puedo recordar cuantas cosas ha dicho... es caótico y...
―¿Tampoco tú lo entiendes? ―me interrumpió el joven telépata, un poco disgustado―. ¿Ni siquiera porque ya te lo expliqué? No quiere que le presentes lo que ha dicho, vecina. Quiere leer lo que tú aprendiste.
―Casi nada.
―Eso es lo de menos. Has una lista de lo que si recuerdes y ponlo en orden. No es indispensable para ti, porque tendrás la nota de cualquier modo. Pero, si quieres ayudar al hombre, sólo intenta ordenar lo que recuerdes o usa tus apuntes más comprensibles.
―¿Dices que eso le ayuda...?
―Sabes que no puede mantener el orden de lo que está enseñando. ¿Crees que él no se da cuenta? Necesita que ustedes se lo recuerden. Para eso es la tarea. Por eso lo plantea como si ustedes le estuvieran haciendo un favor: porque así es.
Sentí una punzada de lástima cuando escuché todo eso. Todavía me parecía mala idea que lo dejaran enseñar, pero ya no veía tan justo mi desprecio hacia él.
―Vecina, no quiero dejarte comer sola, pero me parece que quizá haga falta en otro sitio. ¿Está bien si me retiro ahora...?
No le hice mucho caso pero atiné a captar el mensaje.
―Sí, claro ―respondí―. Pero come algo.
―Sí, sí. Almorzaré allá.
Ni vi que rumbo tomó.
Me puse a hacer el informe para Hammer. Descubrí que una vez que la ponía en orden, había mucha más información de la que yo hubiera esperado. Mis estudios extras me habían permitido saber de que hablaba casi todo el tiempo. Y en mis anotaciones casi sólo había referencias a los casos y comentarios sobre las cosas que él planteaba diferente. Así que el informe tomo ese rumbo.
Me desvelé bastante, y August tuvo la gentileza de sacrificar su delicada rutina para llamarme a ver como iba mi trabajo un par de veces.
―¿Y quién es el tirano?
―Hammer. Pierde el hilo de lo que enseña y nos pide un resumen.
―Pobre hombre.
Su tono me hizo sentir culpable de nuevo, pero al menos estaba haciendo un informe, ¿cierto?
Lo terminé el domingo, y la fecha de entrega era el martes, así que no tendría que pensar en ello durante la fiesta de medianoche.
Como estaba mal de fondos y de tiempo, no fui a la ciudad a comprarme un vestido, sino que volví a usar el vestido gris, mi favorito. De pronto recordé que ese mismo había sido mi atuendo al iniciar la estación fría, y mi vida en este lugar. Se sentía como cerrar un ciclo; todo era diferente desde el día en que era una designada nivel cero y no sabía si tenía que hacer fila.
En dos meses me había adaptado al edificio Europa, a los maestros y a mi primer arma (que era sencilla y servía sólo como apoyo para aprender movimientos básicos que necesitaría para aprender algo útil más adelante). Tanto así que el domingo no me había hecho daño con ella.
Pero, cuando vi mi reflejo en un espejo del cuarto de baño, se me quitaron las ganas de ir a las fiestas. No llevaba un vestido nuevo como todos los años, ni un peinado raro de los experimentos de mi mamá. En mi casa debían estar cenando. Juntos. Este no era mi hogar y Thomas no era August.
Estaba llorando cuando escuché su voz en mi oido. Supe de inmediato que sólo era el timbre de mi comunicador y no traté de calmarme antes de presionar el botón para aceptar la llamada.
―Déjame adivinar ―saludó August―. Estás melancólica y sientes culpa por haberte preparado para ir de fiesta.
―Siempre lo sabes todo ―admití, todavía triste.
―Espero que entiendas que me alegra ir a dormir temprano.
―Lo sé.
―Y que tienes una abuela que agradece no haber preparado pastel para ti. Te ama pero ya está cansada la viejita.
―Lo sé.
―Preciosa, sólo es otra fiesta. Seguro que puedes divertirte sin mí. Sólo me necesitas para las cosas serias y yo seré feliz cuando entiendas eso y dejes de pedirme que te acompañe a fiestas.
―Lo sé ―me reí sin dejar de llorar: sólo faltaba el arcoiris.
―Ahora lárgate o tus amigos van a enojarse de que los plantes.
―Está bien ―respondí, aunque era sólo un amigo.
Sólo saldría con Thomas y un par de sus compañeros de algún club.
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